jueves, 31 de marzo de 2011

Recuerdo

Resulta curioso encontrarle sentido a la vida. Y, más que curioso, difícil. Hay días en los que pierdes toda ilusión de vivir, toda esperanza se hunde en el fango. No tienes ganas de hacer absolutamente nada, mas que llorar, con suerte, en el hombro de un ser querido. Una presencia se ha marchado, y no va a volver. Hay días que, aunque haga una sol espléndido, todo parece gris y triste. Días en los que las personas a las que quieres cobran renovada importancia. Días en los que te preguntas si la vida tiene sentido, si tiene sentido seguir este drama. Hoy es uno de esos días.


Ayer por la noche me enteré de la muerte de mi amigo Nacho. Es cierto, no me relacionaba con él desde hacía unos cuantos años. Pero hubo un momento en mi vida, cuando estaba en 3º y 4º de la ESO, que Nacho fue un gran amigo para mí. Junto con Diego, formaba parte de mi núcleo de vida. Esa etapa vital en la que tener un grupo de amigos es lo más importante. Cuánto recuerdo esos dos veranos... nos reuníamos los tres en casa de Diego y allí pasábamos las tardes enteras. Riendo y disfrutando de la mutua compañía. Recuerdo muy bien a Nacho. Era un chico muy cerrado, de estatura media y con el pelo un poco largo, con el flequillo por los ojos. Era un poco tímido, pero cuando cobrabas confianza con él era una persona genial. Siempre tenía un chiste o una broma a punto, y sabía darle el tono humorístico a cualquier comentario que hiciese. Me reía mucho con él. Diego y yo le teníamos en muy alta estima. Al cabo de unos años, las cosas se torcieron un poco. Diego y él dejaron de hablarse, y yo no tenía contacto directo con Nacho. Porque él era sobre todo amigo de Diego, yo venía en el lote. Pero siempre me cayó muy bien. Aunque no volví a saber de él. Sé que repitió 1º de Bachillerato para sacar más nota y poder entrar en Medicina. Probablemente su fracaso en esta empresa fue una de las causas...


Ayer estaba hablando con mi novia por el chat. De repente, un amigo del instituto, que también conocía a Nacho, me preguntó si seguía manteniendo el contacto con él. Lo negué. Me dijo que podía haber pasado algo muy gordo. Preocupado, le pregunté qué era lo que pasaba. Me dijo que Nacho se había suicidado. No puedo describir la sensación que tuve entonces, porque ni yo mismo la recuerdo. Sé que no me lo creía, que no me lo quería creer, que no me lo podía creer... Los sentimientos que experimenté anoche espero no se vuelvan a repetir mientras viva, aunque sé que la muerte llegará a mis seres queridos, tarde o temprano. Mi amigo me pidió que no lo fuese divulgando por ahí, porque aún no era del todo seguro. Que me avisaría cuando tuviese más datos. Recé a Dios porque no fuese cierto y todo fuese una falsa alarma. Dios, si de verdad está ahí, no escuchó mis plegarias. Al cabo de unos minutos, mi amigo me lo confirmó: Nacho se había ahorcado.


No pude cenar anoche, y tampoco conseguí pegar ojo. Seguía sin creérmelo del todo. Me he levantado con el ánimo por los suelos, como un fantasma. He ido a la universidad, supongo que para tener la cabeza en otra parte. Era muy difícil. Cuando estaba en el autobús, camino de la universidad, me ha llamado Luis. Es el bajista de mi grupo de música, y teníamos pensado meter a Nacho como saxofonista. Me ha dado la mala noticia, inconsciente de que ya la sabía. Hemos estado un buen rato hablando sobre ello. Y, sobre todo, si debíamos darle la noticia a Diego. La idea era que debía saberlo lo antes posible, porque él y Nacho habían sido uña y carne. Finalmente, le dije a Luis que llamara a Diego y que se lo dijese. Cuando colgué me sentía todavía peor. El estómago me daba vueltas, no podía pensar con claridad. Llegué a Chamartín y cogí el tren, a punto de llorar. Una vez en la universidad, mientras andaba por el pasillo camino a mi clase, me ha llamado Vero, una compañera a la que tengo en alta estima. Me ha preguntado cómo me encontraba y si iba a ir al Tanatorio. Le he dicho que sí, pero que no sabía la hora ni el lugar. Le he dicho que cuando supiese algo, me avisase. Lo ha hecho. He salido de la universidad corriendo para llegar a tiempo al Tanatorio. He quedado con Luis y con Diego para ir hasta allí, para llorar a nuestro amigo Nacho...


Ahorcado. Suicidio. Estas palabras no pueden abandonar mi mente, incluso ahora que escribo ésto... repasando el día, todo me parece tan lejano.... quiero convencerme a mí mismo de que esto no ha pasado, de que no es cierto. Pero sé que lo es. He vertido muchas lágrimas por él, por una persona con la que perdí el contacto hace años. ¿Qué clase de circunstancias pueden llevar a una persona de 19 años a ahorcarse? No quiero imaginarlo. 19 años... la flor de la vida. Le quedaba todo por vivir. Y sin embargo... acabar así.... ¿por qué? Tuvo que ser terrible, porque la vida te da palos, algunos incluso de este calibre. Y, ¿qué haces? Nacho siempre fue muy cerrado y siempre tendió al pesimismo, aunque nunca lo exteriorizase. Supongo que un conjunto de causas harían que su débil mente no pudiese soportarlo. Hoy nos hemos reunido todos ante las puertas del Tanatorio: no sólo sus amigos y familiares, sino todo el instituto. Algunos no sabían ni quién era Nacho, puede que ni siquiera le conociesen. Pues valía la pena conocerle. Para aquellos que tuvimos esa suerte, Nacho siempre estará vivo en nuestro recuerdo.


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