martes, 5 de abril de 2011

Día 2

Estaba equivocado. Creía que nunca llegaría a nada con ella, pero me he llevado una grata sorpresa. Conversaciones furtivas con ella. Encuentros. Sonrisas. Nada parecía significar nada y, sin embargo, mi corazón se ilusionaba cada vez más. Y me dije: "Cuidado. Ya te han hecho daño antes. Ten cuidado." Pero su sonrisa es un bálsamo de agua fresca en la asfixiante rutina, y sus luminosos y soñadores ojos me alegran la vida. Cuando me separo y no la tengo cerca, pienso en ella. La veo todos los días, la pienso todas las tardes y la sueño todas las tardes. Como dice Vegas, "ella se convierte en una obsesión". 


Un día por la tarde, llena de niebla... ella me habla. Mi corazón se acelera. Mantenemos una conversación que no me esperaba. Algo que me hace irme a la cama como el hombre más afortunado del mundo. Feliz pero nervioso a la vez. ¿Qué pasará al día siguiente?


Un beso. Un beso que significa todo y nada. Un beso que me embarga, con el que me dejo llevar, con el que desaparecen todas mis dudas y temores. Un beso como no he experimentado nunca. Un beso especial, único, maravilloso. Un beso que me hace estremecer y me mantiene en vilo. Todo a mi alrededor desaparece, sólo existe ella. Sus labios... sus ojos... todas las partes de su cuerpo, que antaño añoraba. Voy descubriendo, poco a poco, cada fragmento de su cuerpo. Y cada nuevo descubrimiento me maravilla. A partir de este momento compartiré todos los días de mi vida con ella. Porque me hace sentir que estoy en un sueño. Un sueño del que no quiero ni pienso despertar.





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