Un cambio radical del Antiguo al Nuevo Testamento. ¿Qué hace cambiar tan bruscamente a Dios? Porque el Dios del Antiguo Testamento es muy HUMANO. Oh, oh, peligro. ¿Un Dios humano? ¿Un Dios castigador? ¿Un Dios con virtudes y defectos? ¿Un Dios cercano al pueblo? ¿Un Dios vengativo? ¡NUNCA!
Todo cambia con el nacimiento de un niño: Jesús de Nazaret. Un hombre que derribó el orden moral establecido e instauró su propios valores. Eso le honra, y consiguió que un grupo de 12 hombres (¿o había también mujeres?) siguiesen sus nuevos valores, aún arriesgando su vida. Pero... abrazó la debilidad. Negó "esta" vida en favor de su "Reino de Dios". Instauró una nueva moral, aberrante y llena de términos repulsivos y catastróficos: culpa, pecado, infierno, cielo, vida eterna... Negó la vida, sumiendo a la Humanidad en la mayor mentira de la Historia: que más allá de la muerte espera el Cielo (felicidad eterna) o el Infierno (eterno sufrimiento), dependiendo de cómo te comportes. ¡FALSO! Después de la muerte... posiblemente no haya nada. Da igual que te portes bien o que te portes mal: todos iremos al mismo sitio. Pero Jesús no lo veía así: él creía que, si seguíamos su escala de valores, alcanzaríamos el Cielo. Pero intentó hacer algo que estaba más allá de su alcance. Y eso, como ya he dicho, le honra. Pero negó esta vida en detrimento de "otra". Por eso mereció la muerte. Sí, es duro, pero es cierto. Jesucristo mereció morir. Por mentiroso, por negador... por cristiano. Pero también creó unos valores que, desde otro enfoque, sí podrían ser útiles: la bondad, por ejemplo. La idea de hermandad de los seres humanos. Jesús creía en la bondad natural del hombre, en que, si se les daba la oportunidad de hacer el bien, lo harían. Que el mal sólo era acción de Satanás. Ajá. Claro, Jesús, échale la culpa al pobre hombrecillo rojo con patas de cabra. Sí, lo sé, me meto con las creencias básicas de la Iglesia, pero es que no siento ningún respeto por su campo. El único que habría tenido oportunidad de salvarse de los dardos fue Jesús. Pero cayó en el error de creer en la bondad humana. Bonito mundo sería éste si la Humanidad fuese buena por naturaleza. Ya. Cristo creía que los hombres lo eran, y esos mismos hombres a quienes él amaba le clavaron en una cruz. Y luego, para vendernos la Historia, dicen que "se sacrificó por nosotros". ¡Já! Me río del sacrificio. No se sacrificó, le asesinaron. Como a tantos otros en la época. Pero, ¿por qué a él? Era la "bondad personificada", ¿qué crimen podía haber cometido? El crimen de las ansias de libertad. En efecto. Jesús fue uno de los pocos en la Historia que quiso alcanzar la libertad eterna. Y acabó así. Después, sus seguidores dejaron de lado el código moral de Jesús para hacer un negocio. Para enriquecerse. Para ganar poder. Para dominar a las grandes naciones. Para dominar el mundo. La Iglesia no es ese pequeño edificio situado en la placita del pueblo a donde van los señores mayores los domingos a escuchar a duras penas el sermón de un hombrecillo ataviado con una sotana porque no tienen nada mejor que hacer. La Iglesia es algo más, algo mucho más poderoso y terrible. Es un engaño. Sí, un engaño. ¿Queréis saber por qué? Porque utilizó lo que quisieron llamar "palabra de Dios" para inculcar en la Humanidad el espíritu de pecadores. Todos somos pecadores. Todos vamos a ir al Infierno, a sufrir por toda la eternidad. Jodido, ¿eh? Se dice pronto, pero es que es muy chungo. Pero ¡ah!, si adoras a Dios... si adoras a Dios tú tranquilo que el reino de los Cielos será para ti y todo será perfecto. Ya. Pero, para conseguir esa perfección, tengo que portarme "bien" y morirme.
La Biblia no es la palabra de Dios. O, aunque lo fuera, ya no sería de utilidad. ¿Quién escribió la Biblia? Sabemos por la misma Biblia (citado en el Antiguo Testamento, o sea, con el Dios cabrón) que él escribió diez mandatos en dos tablas de piedra que entregó a Moisés. Pero... ¿y la Biblia? ¿Quién escribió aquello? ¿Quién escribió que Dios primero era un sádico, un asesino, y que luego se volvió tierno e inofensivo? ¿Quién? Busco al culpable, señores. Busco al copista que, por mandato de las altas esferas eclesiásticas, escribió toda esa mentira. Maldita sea, el libro más leído del mundo es una mentira. No sería un problema si no fuese porque prácticamente nos OBLIGAN a CREER en esa mentira. Ojo a las dos palabras: OBLIGAR. CREER. Dios castiga a los que no creen mandándolos al Infierno. Por tanto, si no quieres ir al Infierno, cree en Dios. Entrégate a Dios, sigue las reglas de Dios, obedece a Dios. Jesús no decía eso. Jesús no obligaba a nadie a ir a sus charlas, a creer en Dios. Eso es muy importante, un principio que el mismo Pablo de Tarso no cumplió: no hay que obligar a creer a la gente. La gente debe decidir. Brindo por aquellos que no creen. Porque les invito a vivir su vida al máximo, ya que nada dura para siempre y todo se acaba. Moriremos todos de una manera o de otra. Hace poco murió un amigo mío. Tenía 19 años. ¿Creéis que vivió su vida de acuerdo con los mandatos de Dios? ¿Que Dios lo acogió en su seno? Permitidme dudarlo. Vivió como él creyó que debía vivir. Y os invito a todos a hacer lo mismo: vivid como consideréis oportuno. Si a vosotros os funciona... Pero olvidad a Dios. Olvidad a la Iglesia. Olvidad a Jesús. Y, sobre todo, olvida los deberes de la Iglesia. Porque aquí hay otro concepto que me hierve la sangre: confesión. Vamos a ver, ¿se supone que el hecho de que yo le cuente una acción "mala" y de la que (desgraciadamente) me arrepiento a un tío que se mete en una cabina de madera me absuelve de mi "pecado" y me concede el perdón de Dios porque me ama? Si me ama tanto como me cuentan, no tendría por qué "confesarme" ante un supuesto representante suyo. Que ésa es otra. El clero lo forman los representantes de Dios en la tierra. Bien. ¿Alguien ha decidido que así sea? Porque el único que puede elegir eso es Dios. ¿Dios ha elegido como sus representantes al cura de tu pueblo, al obispo de tu ciudad o al Papa? Permite que lo dude.
Y otra cosa que me eriza las papilas gustativas: se supone que un mandato de Dios es ser generoso, ayudar a los demás y ser pobre. Ya sabéis, los votos de pobreza, obediencia y castidad. Obediencia, poca. Poca tirando a nada. Y castidad... prefiero no hablar de la castidad del clero. Ya saben ellos lo que llevan bajo la falda. Pero la pobreza.... ay, la pobreza. Se supone que hay que ser pobre. Que el buen creyente debe ser pobre. Y nos pasan la bandejita en misa para ayudarnos a ser pobres y para que seamos generosos dejándonos el dinero ganado ahí. ¿A dónde va todo ese dinero? Pues, evidentemente, al Tesoro Vaticano. ¡Por supuesto! Entre donaciones y mentiras, la Iglesia se enriquece cada vez más. Tanto es así, que ha llegado a ser la potencia económica más antigua y poderosa del mundo. Si habéis tenido la suerte de estar en los museos vaticanos, sabréis de qué hablo.
Y hablando de pobreza, Jesús iba a dar la buenaventura descalzo o en sandalias. El Papa, su representante (está por debajo de él, ojo) va en un BMV blindado. ¿Sí, por qué no? No hay nada que demuestre más tu fe en Dios. ¿Por qué el blindaje? Por si le meten un tiro, como a Juan Pablo II. ¡Coño, pues te reúnes con el Señor que, según vuestra patraña, es lo mejor que puedes hacer! Además, si te estás portando como Dios te ha dictado, vas a ir al Cielo. ¿Por qué no morirte ya? Te harías un favor a ti y a todos.
Vale, sé lo que estáis pensando: "joder, tío, qué duro eres." "Está mal desear la muerte a alguien". Bla, bla, bla... si puede alcanzar el Cielo, eso tan deseado, muriendo... ¿por qué no?
Ahora que me viene a la cabeza, antes de irme: sí, hay algunos que me critican porque, a pesar de mi profundo desprecio hacia Dios, soy protocristiano. Me gustaría aclarar una cosa: ya no creo en Dios. Sí, antes creía en él, como una conciencia creadora. Creía en Dios, en la Virgen y en Jesucristo. Antes yo creía. Pero ya no creo. Y, sin embargo, me denomino protocristiano. ¿Que por qué? Porque intento vivir de acuerdo con unos determinados valores de Jesús que me parecen muy acertados. Intento ayudar al prójimo, ser amable, amar a todos los que me permita mi corazón... pero no niego la vida. Porque eso sería negarme a mí mismo. Y no hay nada más vergonzoso. Por eso soy protocristiano: intento regirme por una parte de los valores de Jesús, que fue el primero que se atrevió a hacer algo así y fue castigado por ello. Pero también intento regirme por otros valores, creados por mí y que intento seguir a rajatabla. Por eso mis padres no lo entienden. Porque no me comporto como lo haría alguien "normal". Lo "normal" es lo que hace el rebaño. Y yo no quiero ser otra oveja más. Jesús tampoco quería ser una oveja, sino el pastor. Yo no voy a intentar conducir a nadie hacia mi propio "Reino de Dios", pero os animo a que os salgáis un poco de las normas establecidas y seáis vuestros propios pastores. Porque no existe un pastor superior. No existe Dios. Dios ha muerto. No hay pastor que te condene. No hay nadie que nos juzgue ni a mí, ni a ti, ni a nadie. Yo no soy otra oveja más. ¿Y tú?

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