domingo, 10 de abril de 2011

Lujuria

Calor. Pasión. La sangre arde en mis venas. Siento que no puedo controlarme. Me muerdo el labio. La miro. Ella sonríe con picardía. Estamos solos. Sonríe. Yo también. Me acerco a ella. Abro la boca. Ella me recibe, sonriente. Beso. Ardor. La muerdo suavemente. Ella me imita. Nos comemos la boca. Mi mano se desliza suavemente por su cuerpo. Acaricio sus pechos. Ella suspira, y mi cuerpo se estremece con ese sonido. Mi mano recorre todo su cuerpo. La miro a los ojos. Ella me devuelve la mirada, y me mordisquea el cuello. Me estremezco a su contacto. Le quito la camiseta y le beso los pechos. Ella echa la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Sonrío y la mordisqueo. Me quita la camiseta. Me besa el pecho. Suspiro. Ella se pone encima de mí. La miro, y le acaricio el pelo. Se desnuda. La miro, admirando su cuerpo. Sonríe con picardía. Me desnudo con ella. Nos tumbamos, uno encima del otro. Abre las piernas. Se entrega a mí, y yo a ella. Le acaricio los muslos, con suavidad. Nos besamos con pasión. Acaricio su entrepierna. Echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos. Me coloco encima suyo y empiezo.
Comenzamos a volar sobre las nubes, sobre el mar, sobre el desierto. Movimientos acompasados, iguales. Nos acariciamos mientras lo hacemos, sus ojos brillan como dos perlas. Nos despeinamos. No nos importa. Dejamos de ser dos cuerpos para convertirnos en uno solo, nos fundimos en nuestros cuerpos formando uno solo. Gemimos, nos agarramos el uno al otro. Disfrutamos de la presencia del otro, con movimientos acompasados. Da igual, los minutos pasan. Nada existe que no sea el otro. Calor ardiente corre por nuestras venas, nos amamos. Somos un ser unido, juntos. Y no nos separaremos nunca. Entonces, sin avisar, sale. Una explosión. Jadeos. Abrazos. Sonrisas. Y fin.

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