viernes, 22 de abril de 2011
Despertar
Volver después de tanto tiempo. Después de haber explorado el subconsciente a fondo. De haberte encontrado a ti mismo. No sé quién eres. No sé quién está ahí, detrás de la pantalla del ordenador sin nada mejor que hacer que leer esto. ¿Lo lees porque quieres? ¿O porque no quieres hacer otra cosa? ¿O te da igual? ¿Te da igual todo? ¿Estás aquí porque quieres, o porque no sabes darte la vuelta? ¿Podrías, ahora mismo, dejar el ordenador a un lado y salir a la calle a respirar el aire? Supongo que no. Por pereza... por miedo... por cualquier motivo. Pero se está muy a gusto ahí sentado, ¿verdad? Sí, lo sé. Yo ahora te diría que te levantases, salieses a la calle y alzases la mirada al cielo. Que te fijases en cada fragmento azul que se alza sobre tu cabeza. Que admiraras el poder de la naturaleza. Que pensases que ninguno de tus problemas vale nada, porque tú no vales nada (en comparación, claro está, con el cosmos). A lo mejor le das a tu vida demasiadas preocupaciones y te alejas de lo verdaderamente importante. Sabes, el otro día hice un descubrimiento terrible. No se lo he contado a nadie, pero te lo voy a contar a ti. A ti, que ni siquiera sé si te conozco. Pero da igual. Alguien dijo una vez que los mejores amigos son los que están por conocer. Eso depende de qué amigos tengas ya, pero en fin... A lo que iba: el otro día iba paseando por la calle, pensando. Últimamente pienso mucho. De todas maneras, es lo que llevo haciendo casi toda mi vida. Mucho pensar y poco actuar. Pero el otro día descubrí algo espantoso: descubrí que éstos son los mejores días de nuestra vida. Es terrible darse cuenta de eso, pero así es. Vivimos lo mejor de nuestra vida, la mejor etapa, y la estamos dejando pasar sin darnos casi ni cuenta. ¿A dónde vamos? "Claro, pensaréis, somos jóvenes, aún nos queda mucha vida por delante." Es verdad. Es posible que tengáis momentos mejores pero, sinceramente, lo dudo. ¿Qué hago? Me he dado cuenta de que estoy viviendo mi máximo esplendor vital. ¿Y qué? Voy a aprovecharlo, ¿no? Son los mejores días de mi vida, de tu vida, de todas las vidas. Hoy puede ser un gran día, lucha por que efectivamente lo sea. Mira, hoy me he despertado a las 12 de la mañana. No es para tanto, lo sé, pero no estoy acostumbrado a sumirme durante tanto tiempo en el reino de Morfeo. Pues bien, me he despertado a esa hora. Primera impresión: extrañeza. Me he sentido extraño en mi propia cama. He soñado cosas rarísimas de las que apenas me acuerdo. He visto dos llamadas perdidas de mi novia al móvil a las 2 de la mañana, cumpliendo mi petición. Le he mandado un mensaje, aún un poco descolocado. De nuevo he cerrado los ojos, intentando aclararme. He pasado la mañana extraño. Y sigo un poco en ese estado. ¿Qué me ha llevado a escribir ésto, me preguntarás? O a lo mejor no me lo preguntas y estás leyendo esto como quien lee un cuento. Pues mira, hasta los cuentos hay que leerlos más allá de las letras. Todo tiene un sentido. Todo está marcado. Y no se puede escapar al camino que te ha sido designado. Hoy me he despertado y los rayos del sol se filtraban por mi ventana. Extraño. Raro. Pero he tenido que ajustarme otra vez a mi rutina. No sé si es lo que debo hacer. No. Sé que no lo es. Pero así tengo contentos a muchas personas, que se preocupan por una vida que aún no poseo. No estoy dispuesto a esperar. Quiero vivir. Quiero abandonar el ocaso en el que vive la mayoría de la gente, de manera que mi vida siempre sea un nuevo amanecer. Y, con él, despertar cada día. Despertar y ver un nuevo y espectacular escenario, en el que he de interpretar mi papel con la mayor maestría posible. Y te incito, amigo, a que hagas lo mismo.
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