Aquél que lleva siempre una sonrisa pintada en el rostro sólo puede ser dos cosas: o el más desgraciado o el más feliz de los hombres. ¿Por qué desgraciado? Si esa sonrisa es simplemente una máscara, una fachada; el individuo se engaña así mismo y a los demás. Y se convierte así en el más desgraciado, viviendo siempre engañado y engañando. ¿Por qué feliz? Porque hasta en las cosas más insignificantes encuentra algo que le arranca una sonrisa. Y no hay nada mejor que una sonrisa de verdad.


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