Quiero abrazarte y no estás aquí. Quiero besarte y estás lejos. Me aferro a tu recuerdo tan fuerte como mi mente me lo permite. No quiero dejarte marchar. Ahora, mientras hablo contigo, miles de imágenes tuyas me rodean. Me hablan, me abrazan, me besan... yo siento tu calor y quiero correr a tu lado. Pero no puedo: estás lejos, estoy lejos. No sé quién está lejos de quién. Lo único que me importa es que no estás conmigo. Aquí. Ahora. Y eso me duele. Un terrible dolor rasga mi corazón como si fuese una vulgar tela de araña. Nada de lo que me digo me tranquiliza, porque no te tengo entre mis brazos. ¿Por qué, cruel y vengativo Destino, persistes en acercarme y alejarme de ella todos y cada uno de mis incontables días? ¿No comprendes, incomprensible payaso, que lo único que me mueve es el deseo de verla, de estar con ella? ¿No comprendes que cuando la apartas de mi lado me quitas mi única fuente de vida y motor de mi existencia? ¿Por qué este juego, Destino? ¿Qué esperas obtener de él? ¿Quieres ponerme a prueba? ¿Saber si soy digno para ella? La quiero, y separarme de ella me duele más de lo que mi corazón puede soportar. Maldigo a todos esos locos que piensan en gobernar su vida sin las palabras del poeta o sin las manos del artista.
Ella es mi poetisa, a la vez que mi musa.
Ella es mi artista, a la vez que mi más bella obra.
¿Por qué ahora, Destino, a las 17:30, no está ella a mi lado? ¿Por qué no puede estar a mi lado? Sucio jugador de la vida, experto tramposo, sorpresa desagradable de la existencia, ¡RESPONDE! ¿POR QUÉ?
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