Somos lo que hacemos, responsables de todos y cada uno de nuestros insignificantes actos. No pidas perdón por ello, no sirve de nada disculparse por una acción que ya no tiene remedio. Debes cargar con las consecuencias de tus actos. Piensa, o no pienses. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. Ve siempre un paso por delante, salta al vacío sin pensar por dónde puede ser menos doloroso. La mayoría de las veces pueden salir bien tus acciones, pero en otras fracasas estrepitosamente. Así que sólo inténtalo, lucha por conseguir lo que quieres y acabarás obteniéndolo. Nunca te rindas. Porque si lo haces jamás podrás volver a alzar a los Cielos la cabeza. Y dime... ¿a quién vas a culpar?

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