No sabes a dónde ir. No sabes qué camino tomar. No sabes hacia dónde encaminar tus pasos. Estás sola en un desierto, no hay nadie para acompañarte. No hay nadie para guiarte, para ayudarte, para apoyarte. Crees que no tienes más salida que seguir adelante y esperar algún milagro. Te sientes abandonada, fatigada, las piernas ya no te responden, todo tu cuerpo es una marioneta sin sentido que camina por la pura inercia. No hay nadie a tu alrededor que te comprenda, te sientes abandonada y la Noche se cierne sobre ti. No te importa. Sigues andando, pensando que tal vez alguien llegue pronto a apoyarte. A reanimarte. A ayudarte. A hacerte feliz. Crees que está ahí fuera, esperando con los brazos abiertos a que salgas de ese mar de dudas en el que te encuentras. Pero no puedes salir. No sola. Necesitas que esa persona entre en tu mar agitado, lo calme, y te saque de allí en brazos; susurrándote palabras de consuelo y de comprensión al oído. Sueñas con que llegue ese momento, lo deseas con todo tu alma. Pero no llega. Las dudas, los remordimientos, el anhelo de mejorar, de sobresalir en todo, el perfeccionismo.... te comen la cabeza. Y hacen que tú misma, sin quererlo, entres en la vorágine de sentimientos que destrozan tus sentidos y tu corazón. ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por esa persona que no llega? ¿Llegará algún día, sacándote de ese desierto lleno de dudas? Puede que sea demasiado pronto para saberlo...


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