jueves, 10 de marzo de 2011
Raro
Hoy me encuentro raro. Extraño. Dejado, abandonado, como una marioneta sin dueño. Mis movimientos son lentos, torpes y pesados. Nada de lo que hago parece tener una finalidad clara. Mis brazos me pesan, las piernas me pesan. La cabeza incluso me pesa. Me acerco a ella, le sonrío. Me devuelve la sonrisa. Apoyo mi cabeza en su hombro. Ahí me siento feliz, a salvo, guardado de las amenazas del mundo exterior. Necesito su olor, su calor, su tacto. Cualquier cosa de ella me permite recuperar un poco mis fuerzas. Incluso ahora, su recuerdo me alegra la mente. Pero está a kilómetros de mí. No puedo tocarla. Sólo puedo dejar que mi imaginación y mi cariño fluyan por el aire, confiar en que el viento le haga llegar estas palabras. Sé que puedo resultar muy pesado. Pero me gusta moverme. Y una marioneta sin dueño no puede moverse. Me falta ella, su respiración... cada detalle de su cuerpo es un asombroso cáliz que me recupera por completo. Cualquier mirada, cualquier palabras... todo lo que ella dirija hacia mí me revitaliza. Hoy me siento raro. No te tengo a mi lado. Me siento peor. Necesito verte de nuevo. Reanímame. Puede suponerte dolor, cansancio... Tal vez quieras que te deje en paz. No puedo. Soy ese eterno insecto que, por mucho que te rasques, siempre vuelve para quedarse. Los paisajes se difuminan ante mi vista. Pierdo el Norte. No estás. Te necesito. Ven. No me dejes aquí. No dejes que muera.
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