Mientras hablabas, una parte de mí hubiese querido volar hacia tus brazos y refugiarse de las amenazas como un pollito helado bajo el ala de su madre. Una parte de mí añoraba la simple caricia cálida de tus manos, el roce de tu piel con la mía en un apretón...
Mientras reías, el pincel de mis ideas trazaba con rapidez en el lienzo de mi memoria tu figura, a fuego, para no olvidarla hasta que el milagro del encuentro vuelva a ocurrir. Y los tambores de mi corazón eran ahogados por los océanos de mis silencios, porque no era el momento de decir nada... porque era mejor simplemente observarte y disfrutar de tu escurridiza compañía.
De pronto, a mi vida ha llegado un batallón de personas que quisieran solo una mirada de mis ojos.. y no me importa. Porque aquí, sentado a tu lado, sin hacer otra cosa que conversar, siento mi mundo más lleno que si en él dejara entrar a todas esas personas al mismo tiempo para ocupar mi cama, que sinceramente es el único lugar en el que quieren estar.
Mientras hablabas mis manos (secretamente) soñaban solo con el roce de tus manos. Y en mi mente, suaves golpeaban las olas del mar rompiendo en las traviesas rocas...
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