martes, 13 de septiembre de 2011

Erorelato II

De camino a casa apenas nos hablamos, sólo nos miramos con lascivia durante los diez minutos que tardamos en llegar. Subimos en el ascensor y seguimos sin decir anda, sólo nos miramos. Al entrar en casa enciendo las luces y me voy corriendo al baño, estoy que no me aguanto.
-¡SI QUIERES IR AL BAÑO HAY UNO A TU IZQUIERDA! –le grito mientras descargo líquidos. El aseo que le he indicado es uno supletorio, donde tengo los artilugios de limpieza. Pero para hacerlo de pie está presentable.
Cuando termino, salgo y me quedo esperando en la esquina del pasillo que conduce al dormitorio; con la pierna derecha levantada y flexionada, apoyando el pie descalzo en la pared. Escucho como baja la tapa del inodoro y tira de la cadena.
-"Al menos es un chico bien educado" –pienso esbozando una sonrisa complaciente.
Sale y le invito a venir hacia mí, con los brazos extendidos. Él se acerca y volvemos a besarnos, manosearnos y finalmente comernos la cara.
-¡Vuelve a mojarme el coño de nuevo! Se me ha quedado reseco después de tanto tiempo. –le ordeno mimosa y viciosa al tiempo.
Él me levanta la falda de nuevo y comienza a estimularme el clítoris. Bajo la pierna derecha y pongo la izquierda en la posición que tenía su hermana gemela. De esta forma facilito que trabaje mejor con su mano derecha. Mientras lo hace no deja de besarme el cuello y morderme la oreja con suavidad y decisión. Pasados unos minutos estoy a punto de caramelo y le guío, cogidos de la mano, al dormitorio.
Al entrar le sugiero que se desnude y ponga cómodo. Mientras, yo conecto el Iphone en el equipo de música y selecciono la lista de reproducción del grupo “The Sounds”. Este grupo me encanta y me excita mucho, casi siempre que puedo lo reproduzco al tener sexo.
Cuando termino, él está sentado en el borde de la cama, algo cortado y desnudo por completo. Puedo ver con sorpresa el tamaño de su pene: no es demasiado grande, pero tiene un tamaño más que aceptable.
-¡Túmbate en la cama y no pierdas detalle! –le pido con sensualidad, a media voz. Él obedece y me mira expectante.
Comienzo a bailar al ritmo de la música, pasando las manos por las caderas, por el estómago, por los pechos. Me suelto la pinza que sujeta el pelo en una especie de cola de caballo. Cuando lo consigo, lo agito para que tome un volumen considerable: me encanta seducir moviéndolo de un lado a otro mientras bailo. Giro el torso por la cintura, y con ambas manos, voy bajando la cremallera de la falda. Cuando termino, comienzo a subir el delgado jersey: Primero descubro el estómago, mostrando el pequeño arete que tengo en el ombligo y después mi menuditas tetas que hace rato tienen los pezones erizados. Finalmente termino por sacarlo por la cabeza, arrastrando el pelo con él para que caiga de golpe al quedar libre.
-¿Te gusta? –le pregunto, pudiendo observar que ya tiene abrazada la polla con la mano derecha y la masajea delicadamente.
-¡Me encanta cómo lo haces! –responde sin duda complacido y ansioso.
Desabrocho el botón de la falda situado encima de la cremallera y responsable de que ésta no haya caído todavía. Sigo bailando y con el movimiento termina por caer a mis pies. Salto por encima de ella y la retiro con el pie. Continúo bailando de forma sensual: sin duda esta música ayuda mucho a sentirme sexy. Tanto es así que le dedico un par de minutos a mis calientes pechos y a sus botoncitos que luchan por salir disparados y estrellarse contra la pared de enfrente. Finalmente me acerco a la cama y pido a Raúl que me baje las braguitas. Me coloco de espaldas para que tenga el culo bien a la vista; deseo que al despojarme de la última prenda que cubre mi sexualidad, lo toque, acaricie, bese o haga lo que quiera. Las baja hasta las rodillas para que yo deje que caigan moviendo levemente las piernas.
-¡Tienes un culo precioso, Luz! ¡Me encanta! –me dice excitado de forma educada y nada guarrona.  Sin duda se ve que es un chico bien educado y correcto. Ya llegará el momento en que se tenga que poner más brusco.
-No me lo digas a mí, demuéstraselo a él. –le indico muy sugerente.
Coloca sus manos en mis caderas y comienza a deleitarme las nalgas con los labios. Lo hace muy despacito y con suavidad, como intentando recrearse. Esto me gusta y se lo demuestro con pequeños gemidos.
-¡Ummmmmm! Me gusta la delicadeza con que lo haces… No pares. –le pido muy acaramelada mientras intento seguir la música con las caderas, muy despacito.
Mientras recorre el culo con los labios desliza la mano derecha desde la cadera y busca el coño. Al hacerlo acaricia la estrecha cresta que decora el pubis y me arranca otro gemido de la boca. Cuando encuentra la cueva que ansia ser explorada por sus dedos, se abre camino entre los labios y consigue meter dos dedos hasta los nudillos. Se detiene y comienza a jugar con ellos dentro. Estoy tan lubricada que se manejan con soltura.
Pero quiero más y le pido que se tumbe en la cama, con la cabeza al borde de ésta. Cuando lo hace abro las piernas y me coloco sobre su cara, de espadas a él. Le muestro lo que tiene encima y desciendo hasta alcanzar su boca. Él sabe lo que quiero y no me defrauda: durante unos minutos me lo come como hace semanas que no me lo hacían, agarrándome de los muslos y arrebatando suspiros y gemidos a mis labios.
-Te estás portando, ahora vas a saber cómo es Luz cuando está agradecida. ¡Túmbate! –le digo resuelta a proporcionarle una buen mamada.
Sin que cambie de postura me coloco sobre él, con una rodilla a cada costado. Calculo la distancia para llegar con la boca a la verga y reculo para acomodarme. El coño queda encima de su cara, pero quiero que quede a cierta altura, que no llegue a él con la boca: Cuando hago una felación no me gusta que nada me distraiga y de esa forma entregarme al 100%.
Comienzo a besarla simplemente depositando los labios sobre la punta del glande. Con la mano derecha acaricio el tronco y la deslizo desde los testículos hasta que choca con mi boca, una y otra vez. Me deleito unos segundos justo hasta que lance el primer gemido, en ese momento estará plenamente receptivo y excitado para soportar lo que viene después.
-¡Ummmmm! –finalmente termina por lanzarlo y sé que es el momento.
Apoyo la polla contra el vientre y dejo el camino libre para acceder a las pelotas peludas y redondas. Me entrego durante un rato mientras acaricio el tronco y el glande con la mano. Los gemidos aumentan y eso es otra señal de que debo avanzar hacia zonas más placenteras. Hay chicos a los que no les gusta que jueguen con sus pelotas pero a Raúl parece encantarle.
Comienzo a besar el glande y noto cómo la primera gota de fluido de Cowper o preseminal emerge de la uretra.
-"¡Sin duda tiene que tener un calentón del quince!" –pienso agradecida por semejante piropo- pero tengo que conseguir que se excite a tope, de esa forma, cuando llegue mi momento, se entregara sin remisión y hará que vea las estrellas.- sigo pensando mientras la engullo todo lo que puedo.
Comienzo a acelerar las entradas y salidas deteniéndome en el glande al salir, durante un par de segundos, para de nuevo tragarla lo que puedo sin provocarme arcadas. Creo que es hora de que se muestre agradecido y me despido del caramelo con una par de buenas succiones en el glande.
Me levanto y saco del cajón de la mesita de noche una cajita de condones extrafinos, estos sin duda son ideales (los recomiendo). Le pido que se tumbe a lo largo de la cama, boca arriba. Él obedece sin dejar de mirarme a los ojos. Parece como hipnotizado y eso es bueno: ahora follará como quiero que lo haga. Me pongo de rodillas abarcando sus caderas y me siento sobre los muslos, mirándole a los ojos, esos ojos deseosos de verme cabalgar sobre él.
-Raúl... ¿cuántas eyaculaciones eres capaz de tener en un sesión de sexo? –le pregunto para hacer mis planes en función de su respuesta.
-Máximo tres, pero en muy contadas ocasiones. Contigo sería capaz de garantizarte dos. ¡Me has puesto que no veas! –responde sin esperar la pregunta.
-¡Perfecto! Con dos me harías muy feliz, no pido más. –respondo complacida- Entonces, puedes correrte ahora, lo antes que quieras y aguantes. Después, con calma, haremos que esto no baje y podamos seguir el tiempo que el cuerpo aguante. Me has gustado y quiero que disfrutemos al máximo.- añado tratando de motivarlo.
-Tú también me gustas un montón, Luz, sabes muy bien cómo llevar tu ritmo. Haremos lo que tú quieras, estoy seguro de que disfrutaré tanto como tú. – termina por decir sumiso y entregado.
Rompo el envoltorio del preservativo y lo saco. Lo deposito sobre su vientre y me sitúo sobre su miembro, necesito estimularme un poco más. Lo tomo con la mano derecha y lo apunto a la zona vaginal. Con lentitud voy frotando el glande por toda la zona, deslizándolo en la dirección que marca el coño. Acelero a medida que el placer me llega y el cuerpo vuelve a retomar el ritmo de la música. Esto sí que es placer, noto que mis entrañas lubrican de nuevo y por tanto estoy preparada para todo. Me vuelvo a sentar en sus muslos y con calma voy desenrollando el condón en la polla que está a punto de abrirse camino dentro de mí. Raúl mira expectante, no ve el momento de explorarme y conquistarme.
Cuando ya está perfectamente vestido el falo, me incorporo de nuevo y me lo voy introduciendo muy lentamente, notando como el ariete se va abriendo camino, apartando las paredes vaginales a su paso. Cuando siento los testículos pegados al culo entiendo que ya no entra más. Me inclino un poco hacía él y apoyo las manos en su pecho, tomo aire y comienzo a cabalgar cada vez más aprisa.
A los pocos segundos el ritmo es muy veloz y las menuditas tetas no dejan de balancearse sobre él. Le miro con los ojos entrecerrados y susurro que los acaricie.
-¡Siii, sii, cómo me gusta tu polla, Raúl! ¡No sabes cómo necesitaba algo así! ¡Córrete cuándo quierassss! –le digo suplicando entre jadeos y respirando con ansia.
No tarda demasiado en llegarme el primer orgasmo cuando siento que el coño se contrae, abrazando el falo con fuerza. El calor aumenta en esa zona y las hormigas recorren la zona comprendida entre las caderas. Me quedo como paralizada y me falta el aliento. Cuando termino de orgasmar vuelvo a recobrar el ritmo y me dedico a conseguir que él se corra también. No tardo demasiado y noto como, desde debajo de mi cuerpo, da enérgicos golpes de cadera contra mí, chocando cuando desciendo en el miembro.
-¡Qué gustoooooooo! ¡Me encantaaaa!-grita el pobre, desesperado por haberlo conseguido.
Durante unos instantes seguimos con un ritmo más lento para extraer hasta la última gota de semen. Cuando ha quedado calmado del todo cierra los ojos, como recreándose. Me levanto un poco para que la polla salga y con cuidado le quito el preservativo, procurando que no caiga una sola gota. Finalmente la limpio por completo con la mano.
-¿Te apetece un yogurt? -Le pregunto para romper un poco el hielo. –después seguimos, a ver si cumples tu palabra de aguantar un segundo asalto. – prosigo recordándole su promesa.
Me responde que sí y voy a la cocina. Hago un nudo en el preservativo y lo tiro al cubo de la basura. Me lavo las manos en la apila de fregar, cojo cuatro yogures de la nevera, dos cucharillas de café y vuelvo al dormitorio, después de pasar por el baño.
Cuando regreso él está semi sentado, con la espalda recostada contra el cabecero. Me siento a su lado y comenzamos a tomar los yogures.
-Dime una cosa… ¿alguna vez has tenido sexo anal con una chica? –puntualizo lo de la chica para que no piense cosas raras.
-Dos veces con la misma chica. Una argentina con la que salí un par de semanas. La cosa no funcionó y lo dejamos. –me explica dando más detalles de los que necesito. Pero es bueno que se abra, eso es señal de que se siente cómodo.
-Y dime ¿cómo lo hicisteis? ¿Te gustó? –le pregunto con la intención de mantener una charla erótica que lo mantenga concentrado en el sexo. He mirado su plátano y está algo decaído.
-Pues sí, me gustó mucho, era mi primera vez y cuando ella me lo propuso me puse tan caliente que me corrí al poco de encularla. Respecto a cómo lo hicimos es algo complicado de explicar. –contesta dejándome a medias.
-Venga, más o menos, tampoco hace falta que me hagas un dibujo. –intento que se abra y me dé más información: me intriga saber cuál es esa postura tan compleja.
-Pues la primera vez ella se tumbó boca arriba, levantando las piernas y el culo todo lo que pudo, y en la posición del misionero, más o menos, se la metí. Para mí resultó muy cansado, pero aguanté. –me explica con todo lujo de detalles-. La segunda vez ella se puso en el…
-¡Calla, calla! No me lo digas, mejor me lo demuestras luego… ¿Quieres? –le interrumpo para tener más morbo no sabiendo con qué me sorprenderá
Seguimos charlando de sexo un rato, mientras fumo un cigarrillo. Mientras lo hacemos intento que eso suba con la mano derecha, ya creo que hemos descansado demasiado. Para conseguirlo del todo y que recobre todo su esplendor le propongo algo. Coloco las dos pequeñas almohadas, una encima de la otra, me tumbo y apoyo la coronilla en ellas, dejando la cabeza inclinada hacia delante. Después le pido que se siente sobre mi pecho y la aproxime a mi boca. En esa posición está casi tiesa y dura, le falta un empujoncito.
-Ahora fóllame la boca, como si fuera el coño. –le ordeno mientras la abro.
Así lo hace y la va metiendo hasta que le ordeno parar apretándole la nalga. En esa posición tan sugerente, comienza a salir y entrar al ritmo que él cree conveniente. En algunas envestidas siento que me asfixio pero resisto, no quiero distraerlo y que pierda concentración. Cuando ha recobrado todo su esplendor le indico que se retire y al hacerlo le ordeno que se ponga entre las piernas. Tomo otro condón y se lo doy para que se lo ponga. Lo hace y espera la siguiente instrucción.
-Ahora quiero que me folles el culo como lo hiciste con la argentina, el tiempo que aguantes, sin cansarte. –le pido mientras saco del cajón de la mesita un tubo de crema lubricante super deslizante y se lo doy. – Ahora quiero que pongas bastante en la entrada y metas un poco con el dedo, apenas la falange. Después untas en el condón, hasta la mitad sería suficiente.
Levanto las piernas lo que puedo y con ellas el trasero, agarrándome con las manos detrás de las rodillas. Tras cumplir mis indicaciones coloca el glande en el ano y se va abriendo camino con calma, haciendo que sienta cada centímetro. No es demasiado gruesa y por tanto no me duele nada, a pesar de que hace algunas semanas que no tengo una dentro. Cuando ha entrado del todo comienza a salir y entrar acelerando el ritmo y arrancándome los primeros síntomas de placer. Ahora sí que esta dura y lista para otro asalto.
Durante unos cinco minutos me ha castigado por detrás y comienza a mostrar síntomas de fatiga. Le pido que pare y se retire.
-Ahora, veamos cual es esa postura que tanto te gustó. –le pido excitada e impaciente.
-¡Vale! Colócate en la posición que antes te dije, en el borde de la cama. –según me va indicando le obedezco- tienes que quedar haciendo un ángulo recto. –lo hago- Bien, cuando la tenga dentro tienes que darme las manos, echando los brazos hacia atrás y con las palmas hacia arriba.
Vuelve a embadurnar el ano y su miembro, a pesar de quedar restos de crema. Me sorprende que lo haya hecho sin decírselo. Apunta y va entrando con más facilidad que antes, esta vez igual de despacio pero sin pausas. Una vez dentro del todo me recuerda que le tengo que dar las manos y así lo hago. En esta posición tan sugerente y algo incomoda para mí, comienza a follar con más violencia, al tiempo que tira de mí. Siento que me va a arrancar los brazos. Tras un par de minutos la posición no me resulta tan incómoda y comienzo a disfrutar de lo lindo. No deja de tirar de mí al tiempo que la clava en mis entrañas para volver a salir.
En esta posición estoy francamente cómoda y él parece que también: está con las piernas abiertas y flexionadas para colocarse a la altura deseada.
-Me encanta esta postura, mira la sorpresa que tenías guardada. Dame caña que estoy gozando de lo lindo –le aliento totalmente fuera de mí por la excitación, entre jadeos -¡SIIIIIIII! ¡DAME BIEN FUERTE! – comienzo a lanzar gritos de placer extremo.
Se anima y prosigue con las embestidas, llevamos como diez minutos y tiene aún aguante; sin duda está cumpliendo con las expectativas. Finalmente consigo el segundo orgasmo y no paro de gritar de gusto y dicha. "¡Qué buena es esta postura!" –pienso convencida de su eficacia y nivel de excitación-. A pesar de que el cuerpo me exige relajación tras el orgasmo no puedo hacerlo, pues en este momento él es el que manda y dirige: me gusta sentirme dominada de esta forma tan salvaje.
Puedo sentir como las gotas de sudor que manan de su piel saltan sobre mi culo y se mezclan con el mío en cada embestida. Es agotador pero me encanta, ¡definitivamente me fascina! Prosigue un poco más hasta que dice basta. Exhausto se detiene, el pobre no aguanta más y sale de mí. Se pone en pie y yo también, me acerco a su boca y lo beso con mucho agradecimiento. Él me corresponde casi sin poder respirar y jadeando.
-¡Ha sido una de las mejores folladas de mi vida! -le digo confirmando mi agradecimiento y satisfacción.
-¡Gracias, Luz! Tienes un culo espectacular y verlo desde arriba, en esa posición, es una pasada. –responde con palabras que me hacen sentir muy bien. Desde luego es un chico estupendo.
-Ahora túmbate en la cama y deja que yo haga el trabajo, aun me debes otro chorrito de leche. –le digo muy cariñosa. Se quita el condón y lo ata. Abro la pequeña papelera que tengo tras la mesita, pisando el pulsador con el pie y le pido que lo deposite dentro. Después se tumba en la cama y yo me siento sobre él. Esta vez no pierdo tiempo en limpiar los restos de semen y rápidamente le pongo otro preservativo, me siento sobre él y la vuelvo a tragar en la “boca vaginal”.
-Cuando te vayas a correr me lo dices ¿OK? –le pido sin saber si me atiende pues parece perdido.
Asiente con la cabeza y comienzo a cabalgar con ganas y sin detenerme hasta que lo consiga. Mientras subo y bajo contraigo la vagina para simular, un poco, la presión del agujerito donde estuvo hace escasos minutos. Tras cinco minutos me viene el tercer y último orgasmo de la noche. Menos intenso, pero casi tan placentero como los anteriores. Tras terminar, recobro el ritmo para lograr el objetivo que me he marcado: conseguir que se corra de nuevo.
A los pocos minutos noto que comienza a dar señales de vida y que respira más aprisa ,me hace gestos con la boca y por fin pronuncia las palabras que he estado esperando.
-¡ME CORRROOOOOOOOOO! ¡SIIII! ¡AAAHHHH!
Sin perder tiempo me salgo de él, le retiro la capucha y le tomo el pene con las manos y pajeo con ganas, esperando el chorro que me hará feliz. Veo que tarda en venir y pienso que se le puede haber cortado. La meto en la boca sin dejar de masturbarle cuando, a escasos diez segundos, siento que me la inunda con una primera descarga, la saco, dejo que salga el semen entre mis labios y sigo pajeando con calma, llegando a deslizar la piel hasta envolver el glande por completo, una y otra vez, con la cara pegada a él y disfruto al ver cómo va saliendo. De vez en cuando dirijo los ojos hacía su cara y me siento feliz al verle mover la cabeza de un lado a otro, con los ojos cerrados y jadeando complacido.
Cuando ha salido el último espermatozoide trago la verga y le dedico unas mamadas. Termino succionando el glande y con un par de besos. No me ha importado hacerlo pues... total, ya me ha manchado la boca con el primer chorro y por tanto no hay problema. Cuando termino me tumbo junto a él y espero a que este más calmado.
Me levanto y voy al baño tras pedirle que no se mueva.  Me enjuago la boca, me lavo la zona íntima y regreso con un rollo de papel higiénico y un frasquito de jabón liquido para limpiar el charco de esperma. Cuando creo que está aseado enciendo un cigarrillo y me quedo junto a él, sin decir nada. Él no fuma pero me dijo en el bar que no le importa que los demás lo hagan. No suelo fumar en el cuarto, pero después de follar es lo único que me relaja rápidamente. A pesar de estar en mi casa no me gusta incomodar a los invitados. Menos si son tan fogosos como Raúl.
-Raúl, ¿cuántos años tienes? –le pregunto al caer en la cuenta de que no me lo ha dicho ni yo a él… al menos que recuerde.
-23 cumplí hace tres meses. ¿Y tú? –me responde prácticamente repuesto del cansancio.
-Yo cumplo 21 en algo menos de tres meses. –contesto pensando que apenas me saca dos años. No puedo evitar esbozar una sonrisa.
Permanecemos charlando hasta cerca de las cinco de la madrugada, conociéndonos un poco más. Tras unos diez minutos desde que nos dimos las buenas noches me dice…
-Luz, ¿no vas a apagar la luz?
-No, Raúl, tengo la costumbre de dormir con una suave luz siempre. –le contesto con seguridad.
-Pero así gastas luz tontamente y no podrás dormir bien. –me responde con excusas. Lo que realmente le molesta es que, a él, le costará dormir.
-Desde hace un tiempo tengo por costumbre practicar sexo y dormir con la luz encendida. No me preguntes el por qué. Es una manía que cogí y no es discutible. –le respondo con autoridad y resuelta a no ceder, ni siquiera por él.
Así nos quedamos dormidos. Por la mañana me despierto antes que él, sobre las doce. Me pego una ducha, me cepillo el pelo y me pongo ropa de estar por casa. Voy a la cocina a empezar a ser persona tomando un café y un poco de fruta: el sexo da un hambre feroz. Lavo los platos y vasos de la merienda del día anterior con las chicas y me pongo a leer como 10 o 12 mensajes que tengo en el teléfono. Todos son de ellas… del tipo: "¿Qué tal anoche?", "¿La tiene grande?", "¿Te ha hecho ver las estrellas?", "¿Para cuándo la boda?". Otros del tipo: "Está muy feo dejar colgadas a las amigas", "Cuando te canses de él me lo pasas"… ésto consigue arrancarme una sonrisa y me siento feliz hasta…
-LUUUZ, HUELO A CAFÉEE… ¡TRAEME UNOOOOOOOO! –son los gritos de Raúl desde el dormitorio.
-"¡Sin duda le ha tenido que escuchar hasta su PUTA MADRE!" –pienso al tiempo que echo humo por la orejas. Me dirijo hacia el dormitorio.
-¿Dónde han quedado los buenos modales de ayer? ¿Los has perdido al darte cuenta de que anoche follaste? Si quieres café, te levantas y te lo sirves y tomas en la cocina o en el salón, donde prefieras. Pero bajo ningún concepto te pienses que soy tu criada. –le digo con mucha firmeza para que sepa que no está en su casa ni yo a sus órdenes.
-¡Joder, que humor tienes por las mañanas! –me responde sarcásticamente.
-Mira, bonito de cara, estaba ¡de puta madre!, sonriendo y feliz, hasta que el burro del barrio se ha despertado rebuznado. Si al menos lo hubieras pedido por favor… puede que te lo hubiera traído y respondido de mejor manera, pero ni eso te enseñaron en casa. –le respondo con cara de pocos amigos y regreso a la cocina por no darle una patada donde yo sé.
Al rato viene a la cocina, se prepara una taza de café y se sienta a la mesa, frente a mí. No dice nada, espera a verme calmada. Cuando ha terminado se levanta y pone la taza sucia en la pila de lavar. Pienso que ha tenido en cuenta mis palabras y se muestra educado y con respeto, se acerca a mí y me besa en la mejilla.
-Venga, perdóname, he sido un idiota. Vamos a la cama y hacemos las paces con un polvo. –Me dice, y entonces me hace saltar.
-Creo que no has escuchado lo que te he dicho antes. Pero grábate esto bien en el cerebro y en la punta del nabo… ¡FOLLARÁS CUANDO YO QUIERA! ¿Lo has entendido? ¡Ahora ve al baño y te pegas una ducha, que hueles a tigre!
-De acuerdo, perdóname, soy un patán y lo siento. Te prometo que no volverá a suceder. –me responde intentando ser más educado.
-Mira, Raúl, no suelo tener mal genio si no me buscan y se comportan conmigo con el mismo respeto que yo lo hago. Menos en mi casa. Ahora pégate una ducha y te calmas. Yo intentaré calmarme también. –Respondo intentando sofocar el incendio dialéctico. No lo conozco, ni él a mí, y es lógico chocar al principio.- Si eres capaz de no mostrarte impertinente ni chulo hasta después de comer… igual me pienso lo de tomarnos un buen postre como el de anoche. –termino de hablar y se va a duchar, sin decir nada.
Yo mientras preparo algo de comer y arreglo un poco la casa: no me gusta que nadie la vea desordenada ni sucia. Después de comer veo que se ha portado bien y nos reconciliamos. A la noche quedo con mi pandilla y se la presento a Raúl. Tras una larga noche de fiesta, todos me hablan maravillas de él y eso me indica que les ha caído bien y que lo de la mañana sólo ha sido un lamentable incidente. Esa noche volvemos a dormir juntos y el domingo lo dedicamos a conocernos mejor.
A la semana de conocernos siento realmente que la mala impresión que me dio la primera mañana, fue un simple espejismo. Después de hablar una tarde entera, acordamos salir juntos y ver qué tal nos va. Eso sí, cada uno en su casa: él con sus padres y yo solita, que de momento estoy muy bien. Eso no quita que terminemos en casa todos los días follando como animales, pero después cada oveja a su redil. De momento no quiero que se quede a dormir, salvo los fines de semana, no quiero que esto empiece a parecer una pareja (de momento).

No hay comentarios:

Publicar un comentario