lunes, 12 de septiembre de 2011

Diálogo

Sobre un inaccesible acantilado, muy por encima del Mar del Norte, se encontraba el esqueleto negro, sentado en el borde del abismo, contemplando el pálido rostro de su amiga, la Luna llena.
Sin utilizar voz alguna, el esqueleto comenzó a hablar:
-¡Hola, Luna! Preciosa noche, ¿verdad?
-Todas lo son, amigo esqueleto.
-Me gustaría preguntarte una cosa: ¿cómo soportas el estar siempre ahí arriba, sola, sin nadie que te acompañe?
-Nunca estoy sola, amigo esqueleto: millones de estrellas me acompañan siempre.
-¡Pero están demasiado lejos, casi no las puedes ver!
-Amigo esqueleto, sólo así es posible nuestra amistad. De otra forma, si estuviesen más cerca, su brillante luz me cegaría y su energía me abrasaría. Es mejor así. ¿Y tú? ¿No sientes nostalgia de la carne que acariciaba tus huesos? ¿No te sientes solo, amigo esqueleto?
-Estoy muerto, Luna, no puedo sentir nada. Sólo puedo recordar lo que era sentir cuando la fuerza de la vida recorría mi cuerpo y estremecía mi carne, carne de la que llegué a renegar por no saber soportar la alegrías y tristezas que ésta generaba. ¡Inmensa es la red de ignorancia que cubre a los vivos, siendo los que más luchan por zafarse de ella los que más atrapados, al final, se encuentran!
Ahora sólo puedo sentir lo que no existe, cuyo nombre carece de sentido, pues nada significa: vacío, el peor de los estados imaginables. Ningún vivo puede experimentarlo; si así pudiera ser, aunque fuese durante un solo segundo, toda vida sería, desde ese momento, sinónimo de felicidad hasta su extinción. ¡Qué ignota tragedia la suya!
-Comprendo todas tus palabras, amigo esqueleto, pero no siento por ellas ninguna emoción.
-Yo tampoco, Luna, pero mis huesos, a pesar de su antigüedad, siguen siendo humanos, y estas palabras así expiran por su propia voluntad.
-Qué curioso...
-Luna, las palabras que intercambiamos no contienen emociones.
-Así es, amigo esqueleto, sólo son reminiscencias de algo que desconocemos.
-Entonces... ¿qué podemos hacer, amiga Luna?
-(...)
-¿Esperar, tal vez?
-No lo sé, amigo esqueleto. No lo sé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario