ATENCIÓN: ESTE RELATO PUEDE HERIR TU SENSIBILIDAD
Llega el viernes por la tarde, y todas nos reunimos en casa de alguna para tomar alguna que otra copa y después salir de cachondeo. Sobre las diez salimos y empezamos a recorrer las tabernas y los bares del casco antiguo: de vino en vino, de cerveza en cerveza, de taberna en taberna. Cuando ya estamos bastante "contentas" decidimos ir a una disco-pub a bailar un poco, pues los viernes las discotecas están prácticamente vacías.
Al llegar a la entrada no puedo evitar fijarme en los típicos "ganaderos", que están pendientes del "ganado" que llega, a ver a cuál de las "reses" se quieren llevar a "pastar". O, lo que es lo mismo, ligones. Lejos de echarles una mirada de "res brava", me dan pena y les dedico una sugerente sonrisa. He venido a divertirme, y nada ni nadie me lo va a impedir.
Nada más entrar veo cómo el resto del rebaño sale en estampida hacia el cuarto de baño: se ve que los vinos y las cervezas comienzan a apretar la vejiga. Somos en total cinco chicas, pero ellas cuatro parecen un rebaño auténtico a juzgar por cómo van apartando a la gente. Como también tengo ganas las sigo, pensando que da igual lo que corra: cuando llegue habrá una cola de narices y tendré que esperar igual que ellas.
Pasan 10 minutos y seguimos en la cola del baño, ¡con la vergüenza que me da!
-Claudia, tengo una idea. No me aguanto más y estoy... que me voy, estoy que me voy.- digo a una de mis amigas.- Vamos a entrar en el servicio de los chicos, que estoy segura de que está vacío.-continúo diciendo y buscando una cómplice.
Abro la puerta un poco y miro. No parece haber nadie. Entro y miro en los tres compartimentos. Tampoco hay nadie. ¡Tenemos vía libre!
-Claudia ¡chist! ¡chist! Claudia.- intento llamar su atención.- No hay nadie.- le digo cuando me mira.
-¡¿QUE NO HAY NADIEEE?!- pregunta y exclama Sonia al tiempo que las cuatro emprenden una embestida contra mí y me meten en el baño a base de empujones.
Decidimos hacer guardia en la puerta dos de nosotras, para evitar que entren chicos y que las otras tres descarguen. Después hacen guardia las que hayan terminado. Al terminar nos vamos a la barra a padir algo más fuerte que vino o cerveza. Yo me pido un Martini blanco, que me encanta y me da mucha marcha, sin hielo para que me entone más. Servidas y pagado nos dirigimos a unas butacas que hay cerca de la pista de baile. Dejamos en las butacas los abrigos y los bolsos y comenzamos a charlar mientras contoneamos las caderas al son de la música. Este viernes está menos animado de lo normal pero al menos hay chicos monos.
Sin hacernos de rogar, comienzan a llegar los primeros valientes a probar suerte. Como pienso que hemos sido prácticamente las últimas en llegar, estos vienen porque las demás les han dado calabazas. Les digo a mis amigas que los despachen pronto, yo ni me molesto. Ellas al verlos no se hacen de rogar y bajan el dedo pulgar, nuestra señal secreta (al estilo del público en los circos romanos).
Tengo tantas ganas de ligar que me desespero al no encontrar a ningún chico de mi agrado. Hace algo más de una hora que llegamos y ya voy por mi tercer Martini, como esto siga así tendremos que emigar a otro lugar. Decido pedirme el cuarto copazo y me voy a la barra. Sonia e Irene me piden que les lleve algo y me dan el dinero justo para pagar. Cuando vamos juntas solemos poner una cantidad cada una, y una de nosotras lleva el total, un "bote común" que llamamos.
Cuando regreso con las consumiciones me fijo en que hay un chico bastante mono apoyado en una columna mirando a mis amigas. Me coloco tras él para averiguar a cuál de ellas mira, siguiendo su línea visual. Me parece que es a Irene a quien mira, pero no estoy segura. Voy con ellas, les entrego las consumiciones, cojo mi bolso y me excuso diciendo que voy al baño. ¡Por tercera vez!
Me acerco al chico poniéndome al otro lado de la columna.
-"Joder, qué bueno está".- pienso mordiéndome el labio inferior y poniendo ojos de loba: señal de que me gusta.
-¡OYEE!- le grito para que me escuche por encima de la música.
Me mira y encoge los hombros como preguntando: "¿qué quieres?". Me lo quedo mirando y, por si es mudo, me acerco a él rodeando la columna. Una vez a su lado le repito el "¡Oyee!", esta vez más flojo por si le reviento los tímpanos. Ahora parece que sí he captado su atención del todo.
-¿Qué quieres?- me pregunta haciéndome una radiografía de cuerpo entero, de arriba a abajo.
-¿Te gusta mi amiga?- pregunto sin especificar una en concreto.
-¿Qué amiga? No entiendo.- responde haciéndose el loco.
-Sí, la morenita. La del pantalón rojo..- le doy más detalles.
-No miro a nadie en concreto, tampoco a la de rojo.- responde disimulando muy mal.
-Pues que sepas que tiene novio.- le digo para ver por dónde sale.- Es aquél de allí.- le vuelvo a informar gritando un poco y señalando con el dedo a un grupo de chicos que hay a unos pocos metros de mis amigas. No creo que se dé cuenta de que miento, pero por si acaso.
-¿En serio me lo dices? ¿Es el novio de la de rojo? ¿Cuál de ellos?- me lanza una batería de preguntas.
-¡PUES PARA NO FIJARTE EN ELLA TE INTERESA MUCHO!- le grito para que me oiga bien y le quede claro que le he descubierto.- Tiene un culo estupendo, pero no será para ti. Lo sientoo.- le digo para que lo tenga claro.
Parece que he tenido suerte, ese chico no es el novio de Irene, pero da igual, su novio es otro y tengo vía libre.
-¡Pues es una lástima! Pero bueno, yo también tengo un buen culo.- le digo un poco fuerte y me voy con mis amigas, caminando muy despacio y moviendo el trasero todo lo que la decencia y la ajustada falda me permiten. Cuando llego con ellas me da un arrebato y le toco bien el culo a Irene, para que él vea lo que no va a tener. Me pongo junto a María y le doy un beso en los labios, suave pero significativo. Miro hacia él y observo que no ha perdido detalle. Finalmente le doy una palmadita a mi amiga en el trasero, para rematarlo y que sufra.
Nos animamos y comenzamos a bailar en el centro de la pista de baile. Hay más gente, pero no demasiada, lo que nos permite desmadrarnos un poco y hacer el bobo. Entre María, Irene y yo hacemos una especie de trío de baile y nos dedicamos caricias, besos y miradas significativas. Yo no pierdo oportunidad de menear bien el culo y agacharme frente a mis amigas, en plan perra en celo, todo lo que puedo: la falda de cuero negro tan ajustada que llega casi hasta las rodillas apenas me deja hacer más.
En esto estoy cuando me giro al compás de la música y puedo ver que el chico está hablando con una chica morena muy animadamente, mirándome de reojo.
-¿Quién es esa zorra? ¿De dónde coño ha salido?- me pregunto en un ataque repentino de celos sin sentido para mí. Rezo para que no sea su novia.
Tras cinco minutos hablando y riendo veo que ella se separa de él con dos besos castos. Decido seguirla, pues parece que va al servicio. Al llegar, está esperando en la cola y me pongo tras ella.
-¡Hola, soy Luz!- me presento.
-¡Hola!- responde el saludo con cara de sorpresa. Se debe imaginar que quiero ligar con ella.
-¿Es tu novio el chico con el que hablabas ahora? El morenito que está apoyado en la columna...- pregunto directamente para que tenga claro que no voy a por ella.
-¡Jajajajajaja! ¿Raúl? No, no es mi novio. Es el hermano de una buena amiga.- responde aliviada al ver que mi interés no es por ella.
-¡Gracias! Perdona por abordarte de esa manera, era sólo curiosidad.- trato de no mostrar demasiado interés.
-Si te gusta te lo puedo presentar, es un chico muy guay. Está muy bueno, pero no es mi tipo.- me dice intentando vendérmelo discretamente.
Le explico que ya hemos hablado y que sí, que más que gustarme me produce morbo y curiosidad. Me cuenta que es un buen chico, y que tanto él como su hermana (a la que conoce mejor) son de una buena y respetable familia. Añade que no tiene novia desde hace más de cinco meses. Todo esto me tranquiliza bastante y me motiva más: saber que es un buen chico me da confianza por si terminamos en mi casa, no me gusta llevar a cualquiera. Tras un rato hablando de él nos despedimos y quedamos como amigas. ¡Me cae bien a pesar de no ser mi tipo!
Cuando regreso me sitúo a si izquierda, mirandoa mis amigas, sin decir nada, sólo mirando. Él nota mi presencia y me mira, también sin decir nada. A los pocos minutos...
-¡Así que te llamas Raúl!- le digo cuando ya no se lo espera.
-¿Cómo sabes mi nombre?- pregunta intrigado y sorprendido.
-Me lo ha dicho un pajarito.- respondo y me voy de nuevo con mis amigas, repitiendo el pase de modelos de antes.
Desde ese momento, el tío no deja de mirarme. María me informa de esa circunstancia.
-Luz, ese tío de la columna no deja de comerte con la mirada.
-Lo sé, he estado hablando con él hace un rato. Está tan bueno que creo que me lo quiero follar.- respondo viciosa y cada vez más caliente con la idea.- Sabes, además es el tipo de tío que me gusta: morenito, pelo cuidado, de mi estatura, con buen cuerpo pero sin rastros de músculo... y además es guapito.- termino de confirmar que realmente me gusta.
Tras estas palabras con María le miro y le hago una señal con el dedo, indicándole que venga a bailar con nosotras. Obedece y le presento a mis amigas. Cuando le presento a Irene no muestra demasiado interés, y eso me alegra por dentro y por fuera.
Comienza a bailar con nosotras y parece que se siente cómodo y alegre. Después de un tiempo bailando, no he dejado de contonearme delante de él e incluso de insinuarme rozando mi culo con el suyo. Noto cómo los pezones se me marcan en el fino jersey de algodón, pues con el tamaño de mis tetas no necesito llevar siempre sujetador.
-Antes, cuando miraba aIrene, no lo hacía por nada en especial. Simplemente me llamó la atención. De haber estado tú con ellas, me habría fijado en ti.- dice sin dejar de bailar y acercándose a mi oído tanto que puedo notar el calor que sale de su boca.
-¿En serio? ¡Pues siento no haber estado! Seguramente llegaste cuando fui al baño...- respondo sin creérmelo. Pero sepués de todo ahora sí muestra interés, y eso es lo importante.
A estas alturas, mis cuatro amigas son conscientes de que me gusta, y que no desansaré hasta tenerlo entre las piernas. A medida que me voy encendiendo me pongo más provocativa, y él responde a mis provocaciones y se muestra receptivo: realmente lo tengo donde yo quiero.
Decido ir a la barra a tomar algo, mis amigas no quieren nada más. Le tomo de la mano y le pido que me acompañe. Él me sigue y pide lo mismo que yo. Este gesto me gusta, pues para mí es una señal de que quiere complacerme mostrando los mismos gustos que yo. Mientras hablamos, apoyados en la barra, no dejo de alucinar con lo bien que se expresa y lo inteligente que parece: no en vano estudia dirección de empresas, según me ha dicho. Eso corresponde con la infomación que me proporcionó su amiga.
-¡Quiero comerte la boca!- le digo sin haber dado señales de indiferencia.- ¿Te apetece?- pregunto por preguntar. No me hace falta esperar su respuesta, pues me lanzo contra él y comienzo a devorarla sin pudor. Él me corresponde y me parece que tiene bastante práctica. ¡Realmente me está gustando mucho!
Tras unos instantes seguimos charlando con más naturalidad y confianza. Parece más relajado y yo más segura aún. De vez en cuando nos besamos o morreamos en función de las ganas del momento. Aun así, él parece algo tenso.
-¿Te gustaría follarme? –le pregunto sin pensarlo y sin que lo espere.
-¿Cómo dices? ¿Me estás tomando el pelo? ¡Ya sé, esto es una broma que me queréis gastar! –El pobre no se puede creer que la suerte le sonría. – No, no te conozco de nada.- añade y parece convencido de que es un engaño.
-¡OK, tú te lo pierdes! –le sentencio y me marcho con mi Martini, dejándolo con un par de narices.
Cuando llego junto a mis amigas veo que ha vuelto al punto de partida, a la solitaria y aburrida columna. Sigue mirándome fijamente, posiblemente buscando un gesto o algo que confirme sus sospechas y quedar tranquilo. Después de unos quince minutos nada cambia y el pobre sigue pensativo. Le cuento a María lo sucedido y ella comienza a reír como si de un chiste se tratara. Me llama loca, pervertida y todo tipo de calificativos de forma amistosa.Recojo el bolso y me voy de nuevo al baño (no sé ni cuantas veces van ya). De camino le pido al camarero que me dé un vaso de tubo limpio y sigo hacia es aseo. De regreso paso a su lado y me detengo, le digo hola de nuevo y le entrego el vaso. -¡Toma, es un regalo! –le digo con cierto aire de intriga- Eso negro que hay dentro del vaso, son mis bragas. Yo ya he recorrido la mitad del camino, de ti depende recorrer la otra mitad- le vuelvo a decir y me marcho a la pista para seguir bailando.
El pobre Raúl no deja de mirar las bragas dentro del vaso. Posiblemente no las quiere sacar y llamar la atención: ¿Qué pensaría cualquiera que lo viera en mitad del bar con unas braguitas de encaje negro en las manos? Seguramente lo tomarían por lo que no es.
Tras no demasiado tiempo se acerca de nuevo, me toma del antebrazo con suavidad, hace que me gire hacia él y me dice:
-¿Vas en serio? ¡Mira que no me gusta que se rían de mí! –su voz es firme y segura, parece serio pero tiene un brillo especial en los ojos. Parece estar ansioso porque le diga lo que él quiere oír.
-Yo nunca bromeo con estas cosas –Respondo con seguridad y lo vuelvo a morrear delante de mis amigas y de todo el mundo. Comenzamos a bailar muy apretados y veo que mis amigas me indican conformidad levantando el dedo pulgar.
Me aprieta contra él, bastante más seguro, y me oprime los pechos contra el suyo, sin dejar de comernos la boca. Finalmente seguimos bailando y de vez en cuando me acerco y le como los morros todo lo que quiero, hasta que me falta el aire. Aprovechando la cercanía de unos de estos prolongados besos, bajo la mano derecha desde su cintura y la pongo en el paquete. Noto que está muy duro y excitado. Lo tengo donde quiero.
-¿Estas decido ya a follarme o aun lo tienes que pensar? –vuelvo a insistir en su oído y después le como el lóbulo de la oreja.
-¡Siiiiii! ¡Me muero por estar contigo! ¿En serio no llevas bragas? –me pregunta y noto que ya no las tiene en las manos. Las debe de haber guardado en el bolsillo del pantalón.
-Pues vamos al servicio de las chicas, estará menos concurrido. –le ordeno y nos vamos después de informar a las chicas de mis intenciones. Ellas me sonríen felices por el cambio que he experimentado en los últimos meses. Las miro y parecen felices. Eso me hace feliz a mí, pues pienso en todo lo que han pasado por mi ¿culpa?
Cuando llegamos al servicio de caballeros hay tres meones frente a la pared y sin prestar atención nos metemos en uno de los compartimientos para aguas mayores. Cerramos el cerrojo y tenemos suerte, pues está totalmente cerrado, sin espacio entre la puerta y el suelo. Los meones deben pensar que vamos a esnifar cocaína o a fumar un porro. No me importa, ¡por fin le tengo donde quiero!
Nos besamos frenéticamente, sin preliminares. No dejo de recorrer su cuerpo con las manos y él me corresponde de igual modo. Me está devorando la boca y eso me enciende muchísimo. Vuelvo a palpar su paquete y noto que sigue sin bajar la erección. Lo tiene tan duro que necesita un poco de relajación. Le abro los botones de la camisa y devoro su pecho con los labios, sin dejar de manosearlo. Noto que tiembla un poco por el corte o por la excitación, no estoy segura. Me levanto y lo beso de nuevo, con más deseo. El busca mis pechos y los aprieta con frenesí: sin duda está muy excitado.
-¿Quieres comprobar que no te mentía con lo de las braguitas? –le invito a asegurarse de que no mentía.
Me sube la falda lo suficiente para meter la mano por debajo y se asegura del todo. Ahora parece convencido y se entrega a darme placer en la entrepierna. No parece muy hábil, pero lo es lo suficiente como para arrancarme gemidos complacientes de satisfacción. Mientras, yo le bajo la cremallera y le saco la polla. No la puedo ver pues tengo los ojos cerrados y la cabeza apoyada contra la pared, ligeramente echada hacia atrás. Pero puedo percibir que está muy bien de tamaño y la comienzo a pajear con ganas.
Apenas llevamos cinco minutos de preliminares y ya tengo ganas de sentirla dentro de mí. Pero antes debo lubricarla un poco con saliva. Retiro su mano del coño y me agacho para tenerla frente a la cara. En esa posición le doy unos besitos previos y me la trago hasta dónde puedo. Comienzo a acariciarla y a proporcionarle una felación a conciencia. Él me agarra del pelo y comienza a gemir y suspirar. Noto como su instrumento se dilata y contrae casi de forma imperceptible. Pienso que es el momento y me levanto.
-¡Vamos, Raúl, ponte un condón y fóllame! –suplico al tiempo que me subo la falda y pongo el pie derecho sobre la taza del WC. Me abro todo lo que puedo para dejar el coño bien abierto y que entre con facilidad.
Noto que se queda pensativo y duda, esto me hace pensar pero…
-Lo siento, pero no llevo un condón permanentemente en el bolsillo. Pero estoy sano, no tengo cosas raras. Si tu tomas la píldora no hay problemas… ¿No? –me dice bajándome del cielo a los infiernos. No puedo creer que haya topado con el único chico joven del mundo que no tiene un condón en la cartera o el bolsillo. Me siento mal, muy mal, pero por otro lado su excusa me hace pensar bien de él; no es uno de tantos que salen con intención de follar a la mínima ocasión.
-¡No pasa nada, otra vez será! –le digo con cara seria y algo jodida. No lo estoy del todo pues en el bolso tengo una cajita de seis. Pero decido jugar un poco con él y ver hasta dónde es capaz de llegar por mí. –Si eres capaz de conseguir uno volvemos y terminamos lo que hemos empezado- le digo para intentar alegrar la carita que se le ha quedado.
Responde afirmativamente y salimos; no me apetece quedarme allí sola, esperando sin saber si lo conseguirá. Me quedo fuera de la puerta del servicio esperando. A los cinco minutos viene con rostro feliz y con algo en la mano, agitándolo como si fuera una bandera. Me lo entrega y lo miro bien. Me dice que se lo ha dado un amigo.
-¡Joderrrrrrrrrr! Está claro que ésta no es mi noche –le digo con gesto contrariado.
-¿Qué pasa? ¿Qué tiene de raro? –pregunta desdibujando su amplia sonrisa.
-¡Mira, es estriado! –le respondo mostrando donde lo pone en el envoltorio. Le explico que los estriados suelen perder con facilidad la capa lubricante y que a muchas chicas les produce irritación en la entrada de la vagina: entre ellas a mí.
El intenta insistir en que será rápido y que no habrá problema de que eso ocurra.
-Hagamos una cosa… como me has demostrado que eres un chico formal y que has mostrado interés por mí, propongo que vayamos a mi casa, allí estaremos más cómodos y lo más importante, tengo condones extrafinos que hacen que no se note que lo tienes puesto. Para los dos será como follar a pelo. –le digo para consolarlo y satisfecha por su forma de actuar en todo momento.
-Pero si tampoco es para tanto, si los venden no pueden ser tan malos. –intenta insistir, desesperado por bajar el calentón que le quiere explotar la polla.
-No insistas, por favor, si te he dicho esto es porque estoy segura y no pienso discutirlo. ¡Si quieres follar lo haremos cuándo y cómo yo quiera! ¡Es lo que hay! –le replico con voz firme y segura.
Acepta después de pedirme disculpas y yo las acepto dándole un beso. Vamos junto a mis amigas y me dirijo a Irene.
-Nena, me voy con Raúl a casa. Te dejo las llaves del coche y nos vamos en un taxi. Tú llevas a María, Sonia y Rebeca en mi coche. Si tomáis cada una un taxi os saldrá por un ojo de la cara.
-De acuerdo, amiga, ¡pasádlo bien! –me responde con una amplía sonrisa y un beso.
Me despido de todas con besos, abrazos y sonrisas de complicidad. Todas me desean suerte y que disfrute lo que pueda. Sin duda se sienten felices por mí y seguras del todo de que mi vida anterior ha quedado en el más absoluto olvido.
Al salir, él se despide de sus amigos. Pienso que se los podríamos presentar a mis amigas y lo mismo alguna triunfaba como yo. Pero no quiero perder tiempo y no me entretengo en que me los presente. Ellos se miran de forma diferente a mis amigas; para los chicos es todo un triunfo que uno de ellos vaya a “mojar”, como suelen decir.
ATENCIÓN: ESTE RELATO CONTINÚA EN "ERORELATO II"
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