domingo, 22 de mayo de 2011

Anima

Quiero escribir esto. Tal vez no sea la forma correcta de decirlo, que lo mejor sería decirlo a la cara en persona. Pero aquí me siento más… no sé. Libre. Tal vez porque es algo que controlo yo, en su totalidad. Y eso me da un grado de cierta seguridad. Porque es eso lo que queremos todos, ¿no? Seguridad. ¿Por qué gustan tanto los personajes de ficción? Porque persiguen sus objetivos sin preocuparse por su propia seguridad, porque querríamos ser como ellos, porque tenemos ENVIDIA. Sé que hay mucha gente que arriesga su seguridad por los demás, y brindo por ellos. Pero me refiero a la mayoría de nosotros. Pero bueno, no he empezado a escribir esto para hablar de seguridad, sino para hablar de mi ánimo. Mi ánimo… que está confuso. Quiero rebelarme de verdad, quiero quitarme estas ataduras y volar libre, sin importarme lo demás. Pero hay algo… que me lo impide. Se han portado tan bien conmigo… estoy confuso. Me siento como una basura al desobedecerles. Pero lo hago. Y disfruto haciéndolo. ¿Qué me pasa? No quiero hacerles caso, pero me preocupa que lo pasen tan mal cuando no se lo hago. Supongo que es lo normal, son mis padres. Les quiero muchísimo, pero es cierto que ya he crecido y no quiero depender tanto de ellos y ser yo quien aferre mi propio destino. Pero, por otra parte… me dan lástima.
Porque creen que voy a estrellarme y se preocupan. Puede que tengan razón, puede que todo esto acabe, que sea una farsa y me estrelle. Pero, si lo hago, quiero encarar con entereza mi equivocación. No hundirme. No volver como un gato herido, pidiendo disculpas. Entiendo que se preocupen, pero quiero hacerlo solo. Sé que para un padre resulta difícil, pero quiero que lo entiendan. Seguramente se preguntarán (y vosotros también) si esto que acabo de escribir no se lo podía haber dicho a la cara cuando me han preguntado. No. No podía. Algo me impide hablar de cosas que considero demasiado incómodas. Pero sólo me pasa con vosotros. No sé por qué, pero es así. Y no me gusta. Me gustaría poder hablar con total libertad, sin tanto miedo. Pero no puedo. Y no sé por qué. Ahora, en el autobús, estoy hecho un asco por dentro. Me recrimino y me felicito al mismo tiempo. Es una contradicción. Y es una contradicción que no me gusta. Ya ni siquiera sé si de verdad necesitaba escribir esto o sólo era por hacer algo. Llevo toda mi vida guardándome los problemas dentro sin hablarlos. Bah.
¿Y a quién le importa?

No hay comentarios:

Publicar un comentario