viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo VII


Las miradas de los dos héroes se encontraron. Finalmente, Witt habló.
-Está bien, Altair. No sé cómo lo haces para convencerme siempre, pero te haré caso de nuevo. Siempre que te he hecho caso has acabado arreglando la situación. Confiaré en ti otra vez.
-Perfecto. Ahora, alegra esa cara. Sheik está muy ilusionado y no me gustaría que se deprimiese. Ya iremos improvisando sobre la marcha. Seguro que, al final, todo saldrá bien.
El Elfo salió de la tienda. Vio que Sheik estaba acariciando las crines de los caballos. Se acercó a él.
-Sheik, coge a tu caballo. El de Witt lo soltaremos, pues está ya muy viejo y no aguantaría el largo viaje hasta Atalántica. Lo dejaremos aquí, en Elkin. Vivirá como un rey. Yo llevaré a Witt en Sile.
-¿Sile?- se extrañó Sheik.
-Así se llama mi caballo.
-Curioso nombre. ¿De dónde viene?
-De Fendor, mi tierra. Significa " Viento".
-Vaya… un nombre muy bonito.

Levantaron el campamento y se encaminaron de nuevo hacia el Puente. Llegaron hasta él y se dispusieron a cruzarlo.
-Esperad.- dijo Altair deteniéndose.
Se bajó del caballo, ante las extrañas miradas de Witt y de Sheik. Altair se arrodilló y examinó el suelo con sus ojos de Elfo. Los sentidos de un Elfo estaban mucho más desarrollados, por lo que podía ver las huellas dactilares dejadas por alguien en cualquier superficie. La piedra rojiza del Puente tenía varias marcas: las más recientes eran las de Kratos y el monstruo. Otras más antiguas, de sus enemigos: Wolffus, A3, Kraw y el espadachín.
-¿Qué ocurre, Altair? -preguntó Witt.
-Aquí están las huellas de los que andamos buscando. Entonces han podido cruzar el Puente… deben de haberlo hecho durante la noche, cuando no había Guardián. Así que no me equivocaba: sin Guardián, cualquiera puede llegar a Atalántica. Si ya están de camino lo mejor será… ¡Un momento! -gritó Altair.
-¿Qué? ¿Qué pasa? -dijo Sheik.
-Hay más huellas. Son muy antiguas, por eso no las he visto al principio…
-¿De qué? -preguntó Witt.
-Parecen de un… Moroni.
-¿Un Moroni?
-Es la raza que habita el territorio de Margmand. Son gigantes de piedra, maestros de la artesanía y la metalurgia.
-Pero Margmand está a miles de kilómetros de aquí. Al otro lado del globo, para ser exactos.- dijo Witt.
-Ya lo sé. Por eso me extraña. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?
-¿Cómo son los Moroni? Nunca he visto ninguno.- preguntó Sheik.
-Es lógico, no suelen venir hasta aquí… son grandes criaturas de piel de roca, de forma musculosa, con cuatro dedos en las manos y pies. Pero estas huellas… son demasiado grandes para pertenecer a un Moroni común. Además son negras… es decir, que las patas que han dejado estas huellas estaban… ardiendo.
-¿Eh? ¿Ardiendo?
-Sí. Qué extraño… ¿Qué hacen aquí, en un Puente que comunica Elkin con Atalántica, las huellas de una criatura parecida a los Moroni? Los Moroni son un pueblo neutral, sólo viven para ellos, en sus montañas. Son artesanos, no guerreros. Ni siquiera una guerra movería a los Moroni de sus montañas. Ni siquiera una como la que está a punto de estallar. Otra interpretación posible es que un Moroni solitario y perdido, llegado hasta aquí, haya tenido un percance y se haya incendiado. Y, para intentar sobrevivir, se halla arrojado al océano… No, de ninguna manera. ¿Qué estoy diciendo? Eso es imposible.- divagaba Altair.
-¿Por qué es imposible esa teoría? Yo le veo sentido…
-En primer lugar- retomó el elfo- nunca encontrarás a un Moroni solo. Nunca. En segundo lugar, los Moronis son maestros artesanos, nunca tienen accidentes. Y, si los tuviesen, su piel no prendería. Porque son de piedra. Y por último, a los Moroni les espanta el mar y el agua en general. Ni siquiera un Moroni loco se arrojaría al agua. Esto me desconcierta…
-Bueno, vamos a los caballos y seguiremos las huellas. -dijo Witt- Quizás así salgamos de dudas. Pero no le des más vueltas. Has dicho que las huellas eran muy antiguas, así que déjalo correr. Vamos a Atalántica. Es más que probable que ese Moroni estuviese aquí hace años: ahora estará muerto.
Altair subió al caballo, pensativo, y se dispusieron a cruzar el Gran Puente.
-He estado pensando… y creo que lo mejor sería ir primero a Wesfair. -dijo de repente Altair.
-¿Qué? No podemos perder ni un minuto, Altair. Si esos vándalos han llegado a Atalántica con su ejército, debemos estar allí lo más pronto posible. -le reprendió Witt- ¿Para qué ir hasta Wesfair?
-Witt, no podemos presentarnos en Atalántica ahora. ¿No lo ves? Sólo somos tres…. Bueno, dos. -dijo Altair tras lanzar una mirada a Sheik, que estaba pensando en sus cosas y no se enteró.- Si en efecto nuestros enemigos han avanzado hacia Atalántica, debemos llevar el mayor número de refuerzos posible. Si ahora nos presentamos allí nosotros tres, se reirían de nosotros y lo más probable es que nuestros enemigos nos aplastasen. El Líder de Atalántica no es precisamente un viejo senil. Sabe defender su ciudad, y Atalántica ha contrarrestado otros ataques con éxito. En cuanto consigamos más refuerzos, iremos a Atalántica. Nuestros enemigos estarán de camino, si no han llegado ya. Necesitaremos toda la ayuda posible - Altair miró a Sheik- y creo que tu hermano nos la prestará. Hasta entonces, Atalántica tendrá que resistir sola.
-¿Pedir ayuda a Raiden? ¿Estás de broma? No nos acompañaría ni aunque se lo suplicásemos. Es un tozudo. Y además, no quiero ver a mi hermano…
-No sabremos si nos ayudará si no lo intentamos. -dijo Altair decidido.
-Espera un momento, Altair. Nuestros enemigos atacaron el Reino del Cielo. Sin éxito, cierto, pero nos hicieron pasar un mal rato. Y estábamos en el Santuario de una Diosa. ¿Qué no harán con Atalántica, ciudad de hombres?  Debemos acudir a prestar nuestra ayuda inmediatamente. -dijo Witt.- Los planes han cambiado, ya no tenemos que ponerles sobre aviso: debemos ayudarles a rechazar al invasor.
Altair le lanzó una mirada sombría.
-Cuida tus palabras, Witt. Es cierto que ahora Atalántica se ha convertido en un reino mortal, pero no olvides que antaño fue la ciudad elegida de los Dioses y, a día de hoy, es una de las regiones más poderosas del mundo. No obstante, haz lo que consideres. Pero, si ahora vas allí, lo máximo que podrás conseguir es otro duelo con Metal Knight que acabará en tablas. Eso si no te mata. Debemos pedir ayuda a todo aquél que nos la quiera brindar. -dijo Altair.- Sheik es el mejor de los ejemplos.
El joven espartano escuchaba silencioso a los dos amigos, mirándolos alternativamente.
-Es posible que, en el remoto caso de que consigamos ayuda externa, lleguemos tarde a Atalántica y ya la hayan conquistado. A pesar de lo fuertes que dices que son. En ese caso, nos meteremos en la boca del lobo y habremos perdido un enclave importante de la libertad en el mundo. ¿Has pensado en ello? -le preguntó Witt.- Nos han enviado a cumplir esta misión a nosotros dos, Altair. ¡Confían en nosotros!
-No te hagas el tonto: sabes tan bien como yo que nos han enviado como mensajeros, no como guerreros. No podemos hacer nada contra el ejército de Demonios. Vamos a contrarreloj, es cierto.- reconoció Altair.- Pero es necesario. Ahora mismo no tenemos ninguna posibilidad de éxito.
-Sí la tenemos si acudimos junto al Líder de Atalántica. -señaló Witt.
-No te engañes, Witt. No podemos ayudar en nada ahora. -dijo Altair.- Somos sólo dos, aunque nos hayan enviado como si fuésemos un ejército capaz de salvar la situación por arte de magia.
-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión, Altair? Ayer estabas tan decidido como yo a ir a Atalántica.
-Las circunstancias han cambiado, amigo mío. No es lo mismo dos mensajeros que dos soldados. Somos buenos, pero no nos sobrevaloremos en demasía. Además, siento algo… algo que me dice que debemos ir a Wesfair, a por el hermano de Sheik.
-¡Oh, venga ya! -exclamó Witt.- No me digas que estás teniendo un “Impulso Vital”.
-Sí, creo que sí. Y, como ya te he dicho, hay que hacerle caso. Tú decides, Witt. Pero yo no voy a ir a Atalántica contigo. No ahora.
El Ángel quedó callado, pensativo, con la vista fija en el suelo. Altair miró a Sheik y volvió a mirar a su compañero. Finalmente, Witt levantó la cabeza y dijo:
-Aunque no estoy de acuerdo y no quiero ir, si esa tierra es tan horrorosa necesitarás a alguien que vaya contigo. Te acompaño.-señaló Witt.- Sólo espero que estés tomando la decisión correcta y no sea demasiado tarde para Atalántica.
-Perfecto. Gracias, y no te preocupes por ellos. Poseen uno de los mejores ejércitos del mundo, si no el mejor. Estarán bien. -sonrió Altair.- ¿Imma? Te necesitamos.
Sheik se quedó helado. De la sombra de Altair surgió un ser muy extraño. Tenía la cabeza grande y cuadrada, con un casco que le tapaba los ojos. Una larga coleta naranja le caía por la pequeña espalda y no tenía ni manos ni pies. Era de cuerpo pequeño y de color negro, con ligeros toques de color azul celeste. Sus formas y las curvas de su figura indicaban que era de género femenino.
-¿Qué es eso?- preguntó Sheik.
-¿Cómo que "eso"? -Imma le contestó furiosa- ¡Joder con el niño! Soy un Demonio y tengo una burrada de años más que tú, así que un poco de respeto a tus mayores.
-Perdón.- se disculpó Sheik, avergonzado.- No quiero parecer irrespetuoso pero, ¿Altair, por qué hay un Demonio oculto en tu sombra?
-Tranquilo, Sheik, es una amiga. Encontré a Imma hace mucho tiempo, en uno de mis numerosos viajes por Babylon. Estaba tirada en el suelo y parecía muy mal herida. Normalmente los Elfos no nos fiamos de los Demonios, pero no me pareció peligrosa. Así que la curé.
-Y, una vez que Altair estaba en peligro yo le salvé, pagando así mi deuda.- dijo Imma.
-Me contó que la habían expulsado del Inframundo y que no podía volver. Que moriría si se quedaba en la superficie mucho tiempo sin nutrirse.
-¿De qué se alimentan los Demonios?- preguntó el joven espartano.
-De la energía vital de los seres vivos.- respondió Imma.
A Sheik le recorrió un escalofrío.
-Me había caído tan bien que dejé que se quedase conmigo, viviendo en mi sombra y alimentándose de mi energía.- dijo Altair sonriente.
-Y yo, a cambio, le ayudo con su problema… -en ese momento, Altair le dio un pequeño codazo al Demonio, que rectificó.- con sus problemas… cotidianos.
-Bien, Imma, te he llamado porque queremos ir a Wesfair. ¿Hay algún portal por allí o vamos a tener que ir a pie?- preguntó Altair.
-¿Cómo que un portal? ¿Qué es eso?- preguntó Sheik.
-Por toda Babylon existen portales que fueron instalados en los primeros tiempos de nuestro mundo y que conectan unos lugares con otros. Algunos seres tienen la habilidad de utilizarlos para teletransportarse a grandes distancias. Imma es uno de esos seres.- dijo Witt.
-Hay un portal, Altair. Pero Wesfair pertenece al Rey Sombra. Y no gusta de compañías como la vuestra.
-¿El Rey Sombra?- preguntó Witt.
-Su nombre real es Norrin. Es un Demonio con un fuerte egocentrismo. Y por lo que dicen es muy, muy poderoso.- dijo Imma.
-Bueno, pero tenemos que ir. -dijo Altair decidido- Imma, inicia el teletransporte, por favor.
-Sabes lo que te ocurrirá en cuanto pises Wesfair, ¿verdad, Altair? - le preguntó Imma.- Además, vuestra presencia allí significará un desafío al Rey Sombra.
-Somos consciente. ¿Vienes, Sheik?
-Bueno… pero no me hace demasiada gracia eso de desafiar a Demonios…. ya he escarmentado, lo juro.
-Venga, vamos. Vamos a ganarnos otro enemigo. Como si no tuviésemos suficiente.- suspiró Witt.
Los tres héroes se cogieron de la mano y los envolvió un haz de luz que se los llevó del lugar.

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