Las
miradas de los dos héroes se encontraron. Finalmente, Witt habló.
-Está
bien, Altair. No sé cómo lo haces para convencerme siempre, pero te haré caso
de nuevo. Siempre que te he hecho caso has acabado arreglando la situación.
Confiaré en ti otra vez.
-Perfecto.
Ahora, alegra esa cara. Sheik está muy ilusionado y no me gustaría que se
deprimiese. Ya iremos improvisando sobre la marcha. Seguro que, al final, todo
saldrá bien.
El Elfo
salió de la tienda. Vio que Sheik estaba acariciando las crines de los
caballos. Se acercó a él.
-Sheik,
coge a tu caballo. El de Witt lo soltaremos, pues está ya muy viejo y no
aguantaría el largo viaje hasta Atalántica. Lo dejaremos aquí, en Elkin. Vivirá
como un rey. Yo llevaré a Witt en Sile.
-¿Sile?-
se extrañó Sheik.
-Así se
llama mi caballo.
-Curioso
nombre. ¿De dónde viene?
-De
Fendor, mi tierra. Significa " Viento".
-Vaya… un
nombre muy bonito.
Levantaron
el campamento y se encaminaron de nuevo hacia el Puente. Llegaron hasta él y se
dispusieron a cruzarlo.
-Esperad.-
dijo Altair deteniéndose.
Se bajó
del caballo, ante las extrañas miradas de Witt y de Sheik. Altair se arrodilló
y examinó el suelo con sus ojos de Elfo. Los sentidos de un Elfo estaban mucho
más desarrollados, por lo que podía ver las huellas dactilares dejadas por
alguien en cualquier superficie. La piedra rojiza del Puente tenía varias
marcas: las más recientes eran las de Kratos y el monstruo. Otras más antiguas,
de sus enemigos: Wolffus, A3, Kraw y el espadachín.
-¿Qué
ocurre, Altair? -preguntó Witt.
-Aquí están
las huellas de los que andamos buscando. Entonces han podido cruzar el Puente…
deben de haberlo hecho durante la noche, cuando no había Guardián. Así que no
me equivocaba: sin Guardián, cualquiera puede llegar a Atalántica. Si ya están
de camino lo mejor será… ¡Un momento! -gritó Altair.
-¿Qué? ¿Qué
pasa? -dijo Sheik.
-Hay
más huellas. Son muy antiguas, por eso no las he visto al principio…
-¿De
qué? -preguntó Witt.
-Parecen
de un… Moroni.
-¿Un Moroni?
-Es la
raza que habita el territorio de Margmand. Son gigantes de piedra, maestros de
la artesanía y la metalurgia.
-Pero
Margmand está a miles de kilómetros de aquí. Al otro lado del globo, para ser
exactos.- dijo Witt.
-Ya lo
sé. Por eso me extraña. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?
-¿Cómo
son los Moroni? Nunca he visto ninguno.- preguntó Sheik.
-Es
lógico, no suelen venir hasta aquí… son grandes criaturas de piel de roca, de
forma musculosa, con cuatro dedos en las manos y pies. Pero estas huellas… son
demasiado grandes para pertenecer a un Moroni común. Además son negras… es
decir, que las patas que han dejado estas huellas estaban… ardiendo.
-¿Eh?
¿Ardiendo?
-Sí.
Qué extraño… ¿Qué hacen aquí, en un Puente que comunica Elkin con Atalántica,
las huellas de una criatura parecida a los Moroni? Los Moroni son un pueblo
neutral, sólo viven para ellos, en sus montañas. Son artesanos, no guerreros.
Ni siquiera una guerra movería a los Moroni de sus montañas. Ni siquiera una
como la que está a punto de estallar. Otra interpretación posible es que un
Moroni solitario y perdido, llegado hasta aquí, haya tenido un percance y se
haya incendiado. Y, para intentar sobrevivir, se halla arrojado al océano… No,
de ninguna manera. ¿Qué estoy diciendo? Eso es imposible.- divagaba Altair.
-¿Por
qué es imposible esa teoría? Yo le veo sentido…
-En
primer lugar- retomó el elfo- nunca encontrarás a un Moroni solo. Nunca. En
segundo lugar, los Moronis son maestros artesanos, nunca tienen accidentes. Y,
si los tuviesen, su piel no prendería. Porque son de piedra. Y por último, a
los Moroni les espanta el mar y el agua en general. Ni siquiera un Moroni loco
se arrojaría al agua. Esto me desconcierta…
-Bueno,
vamos a los caballos y seguiremos las huellas. -dijo Witt- Quizás así salgamos
de dudas. Pero no le des más vueltas. Has dicho que las huellas eran muy
antiguas, así que déjalo correr. Vamos a Atalántica. Es más que probable que
ese Moroni estuviese aquí hace años: ahora estará muerto.
Altair
subió al caballo, pensativo, y se dispusieron a cruzar el Gran Puente.
-He
estado pensando… y creo que lo mejor sería ir primero a Wesfair. -dijo de
repente Altair.
-¿Qué?
No podemos perder ni un minuto, Altair. Si esos vándalos han llegado a
Atalántica con su ejército, debemos estar allí lo más pronto posible. -le
reprendió Witt- ¿Para qué ir hasta Wesfair?
-Witt, no
podemos presentarnos en Atalántica ahora. ¿No lo ves? Sólo somos tres…. Bueno,
dos. -dijo Altair tras lanzar una mirada a Sheik, que estaba pensando en sus
cosas y no se enteró.- Si en efecto nuestros enemigos han avanzado hacia
Atalántica, debemos llevar el mayor número de refuerzos posible. Si ahora nos
presentamos allí nosotros tres, se reirían de nosotros y lo más probable es que
nuestros enemigos nos aplastasen. El Líder de Atalántica no es precisamente un
viejo senil. Sabe defender su ciudad, y Atalántica ha contrarrestado otros
ataques con éxito. En cuanto consigamos más refuerzos, iremos a Atalántica.
Nuestros enemigos estarán de camino, si no han llegado ya. Necesitaremos toda
la ayuda posible - Altair miró a Sheik- y creo que tu hermano nos la prestará.
Hasta entonces, Atalántica tendrá que resistir sola.
-¿Pedir
ayuda a Raiden? ¿Estás de broma? No nos acompañaría ni aunque se lo
suplicásemos. Es un tozudo. Y además, no quiero ver a mi hermano…
-No sabremos
si nos ayudará si no lo intentamos. -dijo Altair decidido.
-Espera
un momento, Altair. Nuestros enemigos atacaron el Reino del Cielo. Sin éxito,
cierto, pero nos hicieron pasar un mal rato. Y estábamos en el Santuario de una
Diosa. ¿Qué no harán con Atalántica, ciudad de hombres? Debemos acudir a prestar nuestra ayuda
inmediatamente. -dijo Witt.- Los planes han cambiado, ya no tenemos que
ponerles sobre aviso: debemos ayudarles a rechazar al invasor.
Altair
le lanzó una mirada sombría.
-Cuida
tus palabras, Witt. Es cierto que ahora Atalántica se ha convertido en un reino
mortal, pero no olvides que antaño fue la ciudad elegida de los Dioses y, a día
de hoy, es una de las regiones más poderosas del mundo. No obstante, haz lo que
consideres. Pero, si ahora vas allí, lo máximo que podrás conseguir es otro
duelo con Metal Knight que acabará en tablas. Eso si no te mata. Debemos pedir
ayuda a todo aquél que nos la quiera brindar. -dijo Altair.- Sheik es el mejor
de los ejemplos.
El
joven espartano escuchaba silencioso a los dos amigos, mirándolos
alternativamente.
-Es
posible que, en el remoto caso de que consigamos ayuda externa, lleguemos tarde
a Atalántica y ya la hayan conquistado. A pesar de lo fuertes que dices que
son. En ese caso, nos meteremos en la boca del lobo y habremos perdido un
enclave importante de la libertad en el mundo. ¿Has pensado en ello? -le
preguntó Witt.- Nos han enviado a cumplir esta misión a nosotros dos, Altair.
¡Confían en nosotros!
-No te
hagas el tonto: sabes tan bien como yo que nos han enviado como mensajeros, no
como guerreros. No podemos hacer nada contra el ejército de Demonios. Vamos a
contrarreloj, es cierto.- reconoció Altair.- Pero es necesario. Ahora mismo no
tenemos ninguna posibilidad de éxito.
-Sí la
tenemos si acudimos junto al Líder de Atalántica. -señaló Witt.
-No te
engañes, Witt. No podemos ayudar en nada ahora. -dijo Altair.- Somos sólo dos,
aunque nos hayan enviado como si fuésemos un ejército capaz de salvar la
situación por arte de magia.
-¿Qué
te ha hecho cambiar de opinión, Altair? Ayer estabas tan decidido como yo a ir
a Atalántica.
-Las
circunstancias han cambiado, amigo mío. No es lo mismo dos mensajeros que dos
soldados. Somos buenos, pero no nos sobrevaloremos en demasía. Además, siento
algo… algo que me dice que debemos ir a Wesfair, a por el hermano de Sheik.
-¡Oh,
venga ya! -exclamó Witt.- No me digas que estás teniendo un “Impulso Vital”.
-Sí,
creo que sí. Y, como ya te he dicho, hay que hacerle caso. Tú decides, Witt.
Pero yo no voy a ir a Atalántica contigo. No ahora.
El
Ángel quedó callado, pensativo, con la vista fija en el suelo. Altair miró a
Sheik y volvió a mirar a su compañero. Finalmente, Witt levantó la cabeza y
dijo:
-Aunque
no estoy de acuerdo y no quiero ir, si esa tierra es tan horrorosa necesitarás
a alguien que vaya contigo. Te acompaño.-señaló Witt.- Sólo espero que estés
tomando la decisión correcta y no sea demasiado tarde para Atalántica.
-Perfecto.
Gracias, y no te preocupes por ellos. Poseen uno de los mejores ejércitos del
mundo, si no el mejor. Estarán bien. -sonrió Altair.- ¿Imma? Te necesitamos.
Sheik
se quedó helado. De la sombra de Altair surgió un ser muy extraño. Tenía la
cabeza grande y cuadrada, con un casco que le tapaba los ojos. Una larga coleta
naranja le caía por la pequeña espalda y no tenía ni manos ni pies. Era de
cuerpo pequeño y de color negro, con ligeros toques de color azul celeste. Sus
formas y las curvas de su figura indicaban que era de género femenino.
-¿Qué
es eso?- preguntó Sheik.
-¿Cómo
que "eso"? -Imma le contestó furiosa- ¡Joder con el niño! Soy un
Demonio y tengo una burrada de años más que tú, así que un poco de respeto a
tus mayores.
-Perdón.-
se disculpó Sheik, avergonzado.- No quiero parecer irrespetuoso pero, ¿Altair,
por qué hay un Demonio oculto en tu sombra?
-Tranquilo,
Sheik, es una amiga. Encontré a Imma hace mucho tiempo, en uno de mis numerosos
viajes por Babylon. Estaba tirada en el suelo y parecía muy mal herida.
Normalmente los Elfos no nos fiamos de los Demonios, pero no me pareció peligrosa.
Así que la curé.
-Y, una
vez que Altair estaba en peligro yo le salvé, pagando así mi deuda.- dijo Imma.
-Me
contó que la habían expulsado del Inframundo y que no podía volver. Que moriría
si se quedaba en la superficie mucho tiempo sin nutrirse.
-¿De qué
se alimentan los Demonios?- preguntó el joven espartano.
-De la
energía vital de los seres vivos.- respondió Imma.
A Sheik
le recorrió un escalofrío.
-Me
había caído tan bien que dejé que se quedase conmigo, viviendo en mi sombra y
alimentándose de mi energía.- dijo Altair sonriente.
-Y yo,
a cambio, le ayudo con su problema… -en ese momento, Altair le dio un pequeño
codazo al Demonio, que rectificó.- con sus problemas… cotidianos.
-Bien, Imma,
te he llamado porque queremos ir a Wesfair. ¿Hay algún portal por allí o vamos
a tener que ir a pie?- preguntó Altair.
-¿Cómo
que un portal? ¿Qué es eso?- preguntó Sheik.
-Por
toda Babylon existen portales que fueron instalados en los primeros tiempos de
nuestro mundo y que conectan unos lugares con otros. Algunos seres tienen la
habilidad de utilizarlos para teletransportarse a grandes distancias. Imma es
uno de esos seres.- dijo Witt.
-Hay un
portal, Altair. Pero Wesfair pertenece al Rey Sombra. Y no gusta de compañías
como la vuestra.
-¿El
Rey Sombra?- preguntó Witt.
-Su
nombre real es Norrin. Es un Demonio con un fuerte egocentrismo. Y por lo que
dicen es muy, muy poderoso.- dijo Imma.
-Bueno,
pero tenemos que ir. -dijo Altair decidido- Imma, inicia el teletransporte, por
favor.
-Sabes
lo que te ocurrirá en cuanto pises Wesfair, ¿verdad, Altair? - le preguntó
Imma.- Además, vuestra presencia allí significará un desafío al Rey Sombra.
-Somos
consciente. ¿Vienes, Sheik?
-Bueno…
pero no me hace demasiada gracia eso de desafiar a Demonios…. ya he
escarmentado, lo juro.
-Venga,
vamos. Vamos a ganarnos otro enemigo. Como si no tuviésemos suficiente.-
suspiró Witt.
Los
tres héroes se cogieron de la mano y los envolvió un haz de luz que se los
llevó del lugar.
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