sábado, 24 de noviembre de 2012

Capítulo VI


Se encontraban frente a una fuente grande y redonda de piedra. El agua cristalina caía de una especie de delgada torre, situada en el centro de la fuente, hasta la parte más baja. El fluir del agua resonaba en el viento. A Altair le extrañó que una fuente así se hallase en medio de tan extensa pradera, cerca del Gran Puente y tan lejos del pueblo. Sheikutensen se bajó del caballo. Se acercó a la fuente e hizo unos movimientos de manos, como purificándose, mientras Altair lo miraba extrañado: metió la mano en el agua y la sacó, se tocó la frente, los hombros, la tripa, juntó las manos, se tocó los labios y devolvió las manos al agua mientras murmuraba palabras en un idioma que el Elfo no reconoció. Hizo una reverencia hacia la fuente y se montó de nuevo en el caballo.
-Ehm… ¿A qué ha venido todo eso? ¿Qué acabas de hacer?- preguntó Altair.
-Ah, es cierto, no te lo he contado. Verás, en Elkin tenemos una tradición. Cada vez que se muere algún familiar, cada miembro de la familia se acorta el nombre. Todos los que pierden a alguien deben venir a esta fuente a hacer el ritual que acabo de llevar a cabo. Es algo muy importante para todos los elkinenses y encierra una gran simbología: te desprendes de una parte de ti, de una parte de tu nombre, que dejas que se vaya con la persona que ha muerto. Es una idea muy bonita.
-Vaya, es desde luego una tradición curiosa… ¿Cómo funciona eso de los nombres?
-Es fácil. Yo antes me llamaba Sheikutensen. Ahora debo llamarme Sheik, por la muerte de mi padre. Mi padre se llamaba Kratoshiane, pero cuando murió mi madre, se llamó Kratos. Mi hermano se llamaba Raidenko, cuando murió mi madre se quedó en Raiden. Todos los elkinenses ponen nombres largos a sus hijos para evitar que se queden sin nombre demasiado pronto.
-¿Qué pasa si te quedas sin nombre?
-Pasas a formar parte de Hokami.
-¿Qué es eso?
-Pues todos los que se han quedado sin nombre.
-Y, ¿qué hacen con su vida?
-Pues nadie está muy seguro. Se rumorea que no todos sus negocios son honestos.
-Vaya. Tienen negocios y todo… qué curioso. Me pregunto cómo se llamarán entre ellos.
-No lo sé, nadie que haya entrado en Hokami ha vuelto nunca a Elkin…. ¡Mira, una codorniz!


Volvieron a la tienda donde reposaba Witt después de semejante mordisco. La herida que Witt mostraba en el brazo habría matado a un hombre normal. Pero su calidad de Ángel y, por tanto, su procedencia divina, hacía de él un sujeto duro de roer. Se comieron la codorniz, un conejo y algunos pájaros. Sheik le contó toda la historia a Witt, pues a Altair le pareció oportuno. Sobre todo por el nuevo nombre del chico.
-Pues supongo que a Raiden no le hará demasiada gracia tener que quedarse con el nombre de Rai o Ra.- apuntó Sheik.
-La verdad es que nunca le gustó esa tradición. La consideraba una gilipollez. Pero vivía en Elkin, así que tuvo que hacerlo cuando le tocó. -contestó Sheik.- Pero como no se enterará de que papá ha muerto…
-Oye, Witt -dijo Altair cambiando de tema- ¿te encuentras mejor ya?
-No creo que esté recuperado del todo, Altair. No eres precisamente el mejor médico que he conocido.- rió Witt. -Pero tenemos una misión y la cumpliremos. Esta pomada y esta venda se encargarán de mi herida.
-Estupendo.- sonrió Altair.- Sé que aún no he alcanzado el grado de dominio de la medicina característico de mi pueblo, pero he hecho lo que he podido. Es una pena que no te puedas curar tú con tus poderes.
-¿Cómo? -exclamó Sheik.- ¿Tienes poderes curativos?
-Sólo utilizo el poder de Paluthena que hay en mí para sanar las heridas. Sin embargo, no puedo utilizarlo si estoy herido, pues esa habilidad de curación requiere todas mis energías. Así que, cuando estoy herido, dependo de los cuidados de Altair. Por suerte, nunca ha dejado que me muera, y con eso es más que suficiente.- sonrió el ángel.
-Aunque Witt sea inmortal por ser un Ángel, sólo lo es por su longevidad. Si recibe una herida demasiado severa podría morir. Pero, por suerte, no es el caso.
-Sheik, me gustaría hablar un momento con Altair. ¿Te importa?- preguntó Witt.
-¡Para nada! Tomaos el tiempo que necesitéis.
El joven espartano salió de la tienda. Y el Ángel cambió su sonrisa por una mirada reprobadora.
-¡Altair! ¿Es que te has vuelto loco?- preguntó Witt en voz baja.- Te dije que le dejaríamos en Elkin por la mañana y tú vas y le invitas a que venga con nosotros. ¿Has perdido la cabeza?
-No es algo que haya planeado, créeme. Pero dijo que había sentido una fuerza, Witt. ¡Una fuerza que le empujaba a unirse a nosotros! ¿Conoces esa sensación, Witt?
-No. No la conozco. Creo que el conejo estaba en mal estado, Altair. Estás desvariando.
-Ese sentimiento se conoce como “Impulso Vital”, amigo mío. Sucede pocas veces, pero cuando ocurre es inconfundible. Es una sensación que te empuja a hacer algo muy determinado, como si el Destino te hubiese colocado en ese momento y en ese lugar para hacer eso mismo. Las palabras de Sheik fueron: “como si hubiese nacido para estar con vosotros”. ¡El chico tuvo un Impulso Vital!
-Altair… mira, entiendo el misticismo del pueblo de los Elfos, pero lo que me estás diciendo es algo completamente distinto. Lo único que tiene el chico es ganas de viajar y de ver mundo. Seguro que nunca ha salido de su pueblo. Y se aprovecha de ti, amigo mío. Se aprovecha de tus creencias en ese “Impulso Vital” para conmoverte y que le dejes venir con nosotros.
-No insultes a mi pueblo, Witt, hazme el favor. No nos taches de primitivos antes de tiempo. Vivimos en una época de magia y misticismo, y tú deberías saber mejor que nadie lo que eso significa.- dijo Altair con gesto serio.- Y el “Impulso Vital” no tiene nada que ver con nuestras creencias. Todas las razas lo pueden experimentar. Incluso tú.
-De acuerdo, Altair, no voy a discutir contigo. Si el chico ha tenido, como tú dices, el “Impulso Vital” de acompañarnos, que así sea. Si el Destino quiere que muera en manos de los Demonios, que así sea.
-Creo que estás siendo muy pesimista.
-¿Crees que puedo estar de buen humor, Altair? Tengo una herida en el brazo, tengo que responsabilizarme de un niño que no conozco de nada y encima tal vez, sólo tal vez, no pueda llegar a Atalántica porque no soy digno. Y tal vez, sólo tal vez, todo se vaya a la mierda. ¿Crees que puedo estar de buen humor?
-Witt… escucha, sé que nuestra situación es complicada. Pero por favor, intenta no sembrar el caos. Eres un ser de luz, deberías aportar la calma y la tranquilidad al grupo.
-Yo nunca dije que esto sería un grupo.
-Pues cuantos más seamos, mejor.

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