domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo XVI


Se arrodilló y, con él, todo el grupo. La comitiva, de unos veinte miembros, iba totalmente armada. Excepto su dirigente.
-Altair Hoja de Arce. -dijo Tanthalas con voz benévola y grave.- Hacía mucho tiempo que no te veíamos. La verdad, la última vez que nos encontramos tenías mejor aspecto.
-Salve, Orador. Me disculpo por mi aspecto, pero la situación así me lo ha impuesto. -Altair se dirigió a sus amigos.- Él es el Orador de los Soles. Es el Líder del Antiguo Pueblo, es decir, de los Elfos.
-Sabemos lo que es el Antiguo Pueblo, Altair. No nos taches de ignorantes antes de tiempo. -le espetó Raiden.


Tanthalas miró a Ginthalas, que yacía en el suelo sujetándose el estómago y soltando gemidos. Luego, al resto de la guardia, enrollados en cuerdas de chakra azul brillante que intentaban liberarse sin éxito.
-Al parecer, tu amigo Shinobi ha dejado fuera de combate a mi guardia.
-Lo lamento, Orador. -se adelantó Ikari.- No era mi intención lastimarles… demasiado. No he causado daños serios a ninguno de ellos. Sin embargo, si consideráis oportuno penalizarme, lo aceptaré. Y esta vez, sin resistencia.
-Para nada, joven. -rió el Orador.- Siempre digo que deben entrenar más sus fuerzas y ellos creen que ya son los mejores guerreros de Babylon. Les habrá venido bien la lección. Por cierto, lamento que los vigilantes os hayan atacado con todas estas flechas. Lógicamente, no estaban al tanto de vuestra llegada. Pero parece que os habéis defendido bastante bien.
-Orador, ¿qué hacéis aquí con toda vuestra comitiva? -preguntó Altair- ¿Os dirigíais a algún sitio?
-Venimos a recibiros, joven amigo. -sonrió Tanthalas.- Nada más aparecisteis aquí, noté tu presencia como un chorro de agua fría. Así que ordené a mi comitiva que me acompañase hasta vosotros.
-Ya veo… Orador, desearía hablar contigo. -dijo Altair.
-¿Sí? ¿Sobre qué? -preguntó el Elfo mayor, curioso.
-Es privado.
El Orador le miró un momento. Luego dijo:
-Está bien, ven a mi nuevo despacho. Mi hija te acompañará, puesto que no conoces el camino. Tómate el tiempo que necesites, te esperaré tomando un té.





De entre los árboles apareció una joven y hermosa elfa. Los largos cabellos brillaban con toda la fuerza de su color. O mejor dicho, de sus colores: el rubio, el castaño y el pelirrojo se conjuntaban en perfecta armonía en la larga melena que le caía por la delicada espalda desnuda. Dos largos mechones de pelo fluían suavemente por sus hombros. Los tonos dorados del pelo brillaban con extraordinaria belleza al sol. Iba ataviada con un vestido blanco y azul celeste con encajes que le dejaba la espalda al descubierto y le llegaba hasta los pies descalzos. Los brazos desnudos parecían suaves y delicados. Las orejas puntiagudas y los ojos rasgados y castaños no estropeaban el conjunto de la belleza, sino más bien al contrario. Su paso ligero parecía ir acompañado de la suave brisa que peinaba los valles llenos de hierba. Aunque todos los Elfos[1] eran muy hermosos, la hija del Orador había salido especialmente agraciada. Todo el grupo se quedó mirándola, maravillados. Altair bajó la cabeza, pero nadie lo notó. Witt susurró al oído de Raiden:
-Ni siquiera en el Cielo hay damas tan bellas…
La Elfa avanzó hacia Altair, que alzó la cabeza y se quedó mirándola a los ojos. A esos profundos ojos castaños. Ella le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera, sonriente. Altair lo hizo y los dos se perdieron entre el follaje. La comitiva del Orador recogió al destacamento de Ghintalas y se marchó del claro, dejando al grupo solo.
-Supongo que habrá que esperar. -dijo Snail.- Vaya, había oído hablar maravillas de la hospitalidad de los Elfos. Menuda decepción.
-No les culpes. -dijo Ikari.- Somos un grupo de extraños que han aparecido en uno de sus bosques de la nada. Además, parece que Altair no es muy bien recibido por aquí, aunque el motivo se me escapa. Aún así, el Orador parece conocer a Altair tan bien como para dejarle en compañía de su hija. Buena moza, por cierto…
-Siendo así, -le interrumpió Raiden.- parece lógico que nos hayan dejado aquí. Y agradeced que nos hayan dejado solos. Los Elfos Silvanos no suelen fiarse de los desconocidos, y siempre dejan unos vigilantes con ellos. Así que hay que esperar a que Altair termine de hablar con el Orador sobre los Dioses saben qué e ir a buscar a Norrin.
-¿Cómo sabes que estamos entre Elfos Silvanos, Raiden? -preguntó Snail.
-Su forma de tratarnos. -dijo el joven.- Su aspecto, ligeramente distinto al de los Altos Elfos. Sus ropas, sus formas, su entorno… todo eso.
-Dime una cosa, ¿por qué tanta prisa en ir a buscar a Norrin? No me parece que tengamos muchas probabilidades de vencerle, ya visteis cómo intentó deshacerse de nosotros…
-Aún no hemos mostrado todo nuestro poder. -dijo Raiden.- Estoy seguro de que, juntos, conseguiremos vencerle. Acompañado de Witt, Altair y Sheik; tenía mis dudas. Pero ahora estoy convencido de que podremos con él.
-Bueno, en todo caso parece que tendremos que esperar un poco para ir tras Norrin. Además, -apuntó Witt.- tenemos la ventaja de que el Demonio cree que estamos muertos. Contamos con la ventaja de la sorpresa.
-Así es. -dijo Sheik.- Esperemos que los Elfos no hayan cogido a Silver.
-Creo que sabe defenderse. -dijo Raiden.- Además, si se viese obligado a huir, lo lograría sin lugar a dudas. No le pasará nada, le esperaremos aquí.
-¿Y cómo sabes que no nos ha abandonado? -preguntó Snail.
-Confío en él. No ganaría nada dejándonos, porque sabe que tenemos más probabilidades de derrotar a Norrin juntos que separados. Y ése es también su cometido, como el de todos los presentes y ausentes.
-Raiden… ¿por qué no dijiste que tenías dentro de ti al Príncipe del Inframundo? –preguntó Witt.
-Bueno… resulta irónico que haya dedicado media vida a matar Demonios llevando en mi interior a uno de los más poderosos, ¿no? Pero pensé que no teníais necesidad de saberlo. Bueno, ahora sólo nos queda esperar.
-Entonces, parece que esto va para largo. Mejor. -dijo Ikari.
Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y las manos en las rodillas. Un enorme flujo de chakra salió de su cuerpo, rodeándolo. Primero fue azul, luego azul oscuro, más tarde morado, después blanco y, finalmente, rojo.
-¿Qué hace? -preguntó Witt a Snail.
-Está renovando sus cinco energías vitales.
-¿Tiene cinco energías en su interior? ¿Cómo es posible?
-Es una larga historia. -dijo Snail- Y como parece que tenéis tiempo para escucharla… Todo comenzó hace 50 años. La Aldea Oculta de la Arena se había dividido en Clanes y los Clanes, en Hermandades. Años antes, un Demonio menor con forma de zorro gigante blanco de nueve colas, llamado Vastion, había causado estragos por todo el país.


[1] Los Elfos de Babylon se pueden dividir en tres grupos: Altos Elfos, Elfos Silvanos y Elfos Oscuros. Los Altos Elfos es la rama a la que pertenece Altair. Eran la antigua nobleza guerrera de los Elfos, pero cayó en desgracia y fue sustituida en el poder por los Elfos Silvanos, la rama a la que pertenecen el Orador de los Soles y su hija. Son amantes de los bosques y la naturaleza. En la actualidad, los Altos Elfos han abandonado la actividad bélica y mantienen vínculos de amistad muy fuertes con los Elfos Silvanos. Por su parte, los Elfos Oscuros eran adoradores de la guerra sucia y de las matanzas. Solían habitar en las Montañas Oscuras y despreciaban las grandes extensiones de bosques y prados. Su rama fue exterminada y desaparecieron del mundo.

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