Se
arrodilló y, con él, todo el grupo. La comitiva, de unos veinte miembros, iba
totalmente armada. Excepto su dirigente.
-Altair
Hoja de Arce. -dijo Tanthalas con voz benévola y grave.- Hacía mucho tiempo que
no te veíamos. La verdad, la última vez que nos encontramos tenías mejor
aspecto.
-Salve,
Orador. Me disculpo por mi aspecto, pero la situación así me lo ha impuesto. -Altair
se dirigió a sus amigos.- Él es el Orador de los Soles. Es el Líder del Antiguo
Pueblo, es decir, de los Elfos.
-Sabemos
lo que es el Antiguo Pueblo, Altair. No nos taches de ignorantes antes de
tiempo. -le espetó Raiden.
Tanthalas
miró a Ginthalas, que yacía en el suelo sujetándose el estómago y soltando
gemidos. Luego, al resto de la guardia, enrollados en cuerdas de chakra azul
brillante que intentaban liberarse sin éxito.
-Al
parecer, tu amigo Shinobi ha dejado fuera de combate a mi guardia.
-Lo
lamento, Orador. -se adelantó Ikari.- No era mi intención lastimarles… demasiado.
No he causado daños serios a ninguno de ellos. Sin embargo, si consideráis
oportuno penalizarme, lo aceptaré. Y esta vez, sin resistencia.
-Para
nada, joven. -rió el Orador.- Siempre digo que deben entrenar más sus fuerzas y
ellos creen que ya son los mejores guerreros de Babylon. Les habrá venido bien
la lección. Por cierto, lamento que los vigilantes os hayan atacado con todas
estas flechas. Lógicamente, no estaban al tanto de vuestra llegada. Pero parece
que os habéis defendido bastante bien.
-Orador,
¿qué hacéis aquí con toda vuestra comitiva? -preguntó Altair- ¿Os dirigíais a
algún sitio?
-Venimos
a recibiros, joven amigo. -sonrió Tanthalas.- Nada más aparecisteis aquí, noté
tu presencia como un chorro de agua fría. Así que ordené a mi comitiva que me
acompañase hasta vosotros.
-Ya
veo… Orador, desearía hablar contigo. -dijo Altair.
-¿Sí?
¿Sobre qué? -preguntó el Elfo mayor, curioso.
-Es
privado.
El
Orador le miró un momento. Luego dijo:
-Está
bien, ven a mi nuevo despacho. Mi hija te acompañará, puesto que no conoces el
camino. Tómate el tiempo que necesites, te esperaré tomando un té.
De
entre los árboles apareció una joven y hermosa elfa. Los largos cabellos
brillaban con toda la fuerza de su color. O mejor dicho, de sus colores: el
rubio, el castaño y el pelirrojo se conjuntaban en perfecta armonía en la larga
melena que le caía por la delicada espalda desnuda. Dos largos mechones de pelo
fluían suavemente por sus hombros. Los tonos dorados del pelo brillaban con
extraordinaria belleza al sol. Iba ataviada con un vestido blanco y azul
celeste con encajes que le dejaba la espalda al descubierto y le llegaba hasta
los pies descalzos. Los brazos desnudos parecían suaves y delicados. Las orejas
puntiagudas y los ojos rasgados y castaños no estropeaban el conjunto de la
belleza, sino más bien al contrario. Su paso ligero parecía ir acompañado de la
suave brisa que peinaba los valles llenos de hierba. Aunque todos los Elfos[1]
eran muy hermosos, la hija del Orador había salido especialmente agraciada. Todo
el grupo se quedó mirándola, maravillados. Altair bajó la cabeza, pero nadie lo
notó. Witt susurró al oído de Raiden:
-Ni
siquiera en el Cielo hay damas tan bellas…
La Elfa
avanzó hacia Altair, que alzó la cabeza y se quedó mirándola a los ojos. A esos
profundos ojos castaños. Ella le hizo un gesto con la cabeza para que le
siguiera, sonriente. Altair lo hizo y los dos se perdieron entre el follaje. La
comitiva del Orador recogió al destacamento de Ghintalas y se marchó del claro,
dejando al grupo solo.
-Supongo
que habrá que esperar. -dijo Snail.- Vaya, había oído hablar maravillas de la
hospitalidad de los Elfos. Menuda decepción.
-No les
culpes. -dijo Ikari.- Somos un grupo de extraños que han aparecido en uno de
sus bosques de la nada. Además, parece que Altair no es muy bien recibido por
aquí, aunque el motivo se me escapa. Aún así, el Orador parece conocer a Altair
tan bien como para dejarle en compañía de su hija. Buena moza, por cierto…
-Siendo
así, -le interrumpió Raiden.- parece lógico que nos hayan dejado aquí. Y
agradeced que nos hayan dejado solos. Los Elfos Silvanos no suelen fiarse de
los desconocidos, y siempre dejan unos vigilantes con ellos. Así que hay que
esperar a que Altair termine de hablar con el Orador sobre los Dioses saben qué
e ir a buscar a Norrin.
-¿Cómo
sabes que estamos entre Elfos Silvanos, Raiden? -preguntó Snail.
-Su
forma de tratarnos. -dijo el joven.- Su aspecto, ligeramente distinto al de los
Altos Elfos. Sus ropas, sus formas, su entorno… todo eso.
-Dime
una cosa, ¿por qué tanta prisa en ir a buscar a Norrin? No me parece que
tengamos muchas probabilidades de vencerle, ya visteis cómo intentó deshacerse
de nosotros…
-Aún no
hemos mostrado todo nuestro poder. -dijo Raiden.- Estoy seguro de que, juntos,
conseguiremos vencerle. Acompañado de Witt, Altair y Sheik; tenía mis dudas.
Pero ahora estoy convencido de que podremos con él.
-Bueno,
en todo caso parece que tendremos que esperar un poco para ir tras Norrin.
Además, -apuntó Witt.- tenemos la ventaja de que el Demonio cree que estamos
muertos. Contamos con la ventaja de la sorpresa.
-Así
es. -dijo Sheik.- Esperemos que los Elfos no hayan cogido a Silver.
-Creo
que sabe defenderse. -dijo Raiden.- Además, si se viese obligado a huir, lo
lograría sin lugar a dudas. No le pasará nada, le esperaremos aquí.
-¿Y
cómo sabes que no nos ha abandonado? -preguntó Snail.
-Confío
en él. No ganaría nada dejándonos, porque sabe que tenemos más probabilidades
de derrotar a Norrin juntos que separados. Y ése es también su cometido, como
el de todos los presentes y ausentes.
-Raiden…
¿por qué no dijiste que tenías dentro de ti al Príncipe del Inframundo?
–preguntó Witt.
-Bueno…
resulta irónico que haya dedicado media vida a matar Demonios llevando en mi
interior a uno de los más poderosos, ¿no? Pero pensé que no teníais necesidad
de saberlo. Bueno, ahora sólo nos queda esperar.
-Entonces,
parece que esto va para largo. Mejor. -dijo Ikari.
Se
sentó en el suelo con las piernas cruzadas y las manos en las rodillas. Un
enorme flujo de chakra salió de su cuerpo, rodeándolo. Primero fue azul, luego
azul oscuro, más tarde morado, después blanco y, finalmente, rojo.
-¿Qué
hace? -preguntó Witt a Snail.
-Está
renovando sus cinco energías vitales.
-¿Tiene
cinco energías en su interior? ¿Cómo es posible?
-Es una
larga historia. -dijo Snail- Y como parece que tenéis tiempo para escucharla… Todo
comenzó hace 50 años. La Aldea Oculta de la Arena se había dividido en Clanes y
los Clanes, en Hermandades. Años antes, un Demonio menor con forma de zorro
gigante blanco de nueve colas, llamado Vastion, había causado estragos por todo
el país.
[1] Los Elfos de Babylon se
pueden dividir en tres grupos: Altos Elfos, Elfos Silvanos y Elfos Oscuros. Los
Altos Elfos es la rama a la que pertenece Altair. Eran la antigua nobleza
guerrera de los Elfos, pero cayó en desgracia y fue sustituida en el poder por
los Elfos Silvanos, la rama a la que pertenecen el Orador de los Soles y su
hija. Son amantes de los bosques y la naturaleza. En la actualidad, los Altos
Elfos han abandonado la actividad bélica y mantienen vínculos de amistad muy
fuertes con los Elfos Silvanos. Por su parte, los Elfos Oscuros eran adoradores
de la guerra sucia y de las matanzas. Solían habitar en las Montañas Oscuras y
despreciaban las grandes extensiones de bosques y prados. Su rama fue
exterminada y desaparecieron del mundo.
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