-¿Vastion?
-preguntó Raiden.- Vaya, es uno de los Demonios menores más poderosos. La
mayoría tiembla al oír su nombre. Pero dime una cosa, Snail… ¿tu hermano y tú
venís de la Aldea de la Arena?
-Exacto.
¿Por qué lo preguntas?
El
rostro de Raiden se ensombreció.
-No… por
nada.
-Bueno...
El caso es que muchos Shinobis quisieron detenerlo, pero ninguno lo consiguió.
Todos los que lo intentaron fracasaron y murieron. Entonces llegó la joven
promesa Shinobi, el Kage de la Arena. No te rías, Sheik, -interrumpió el relato
Snail mirando al joven- por el nombre del jefe de nuestra Aldea. “Kage”
significa “sombra” en nuestro idioma.
-Perdón.
-se disculpó Sheik.
-Prosigue,
Snail. -le incitó Witt.
-El
mencionado Kage de la Arena -siguió contando Snail- realizó una técnica
secreta, encerrando a Vastion en el cuerpo de un niño recién nacido. Este chico
sobrevivió a la técnica de sellado y salió adelante, pero el Kage de la Arena
no. Murió al instante. Como recompensa por su coraje al haber salvado al país,
se le concedieron los honores fúnebres de un Masterkage.
-Nunca
oí hablar de los Masterkages. -dijo Raiden secamente.
-Es
lógico, no ha habido muchos. De hecho, sólo dos. El primero fue el Kage de la
Arena. El segundo fue el Kage del Agua, que murió hace pocos meses. Los
Masterkages pertenecen a una estirpe de Shinobis altamente cualificados.
Primero tenían que llegar a ser uno de los cuatro Kages y debían realizar una
gran hazaña para que el mundo les reconociese como Masterkages. Volviendo al
relato, el chico, ahora convertido en el recipiente de Vastion; vivió
despreocupadamente durante toda su larga
vida, pues el poder del Demonio prolongaba su vida natural. Vio morir a
su mujer, a sus hijos e incluso a un nieto. Pero nunca sospechó nada. Cuando
finalmente murió, el espíritu de Vastion se encerró en una roca. Cuando nacimos
nosotros, años más tarde, los Clanes de la Arena se habían dividido hacía
tiempo en Hermandades. Cada Hermandad tenía sus técnicas y sus secretos.
Nosotros nacimos en la Hermandad de la Cobra.
Diciendo
esto, Snail sacó un pequeño colgante de
forma esférica que llevaba al cuello y se lo mostró al grupo. Tenía grabada una
cobra plateada enroscada a dos kunais
cruzados. El reptil mostraba sus afilados colmillos y, encima de ella, se
encontraba un shuriken muy grande.
-Éste
es el emblema de la Hermandad. Cada Hermandad tiene el suyo. Bien, prosigo. Mi
hermano tenía un gran potencial y la Hermandad lo sabía. Rápidamente se
pusieron a atenderle en su entrenamiento. Y a mí me dejaron de lado. Estaba muy
enfadado con todos ellos, hasta que encontré a un viejo Shinobi sentado en el
suelo del desierto.
-¿Qué
hacía un anciano en el desierto? ¿Y qué hacías tú en el desierto? -le preguntó
Sheik.
-Nuestra
Aldea está ubicada en el desierto de Absalon. -respondió Snail con naturalidad.
-Absalon.
Un paisaje desolado. No hay ni una brizna de hierba en kilómetros a la redonda,
y las tormentas de arena son tan fuertes como frecuentes. -dijo Raiden.
-Veo
que controlas la geografía, Raiden. -murmuró Snail.
-Mi trabajo
en el Hexágono me ha llevado a muy diversos parajes, Psi-Lord. -contestó el
joven de negro.
-Podría
decir lo mismo. -dijo Ikari aún con los ojos cerrados.
-¿Cómo
vivís allí, si es tan terrible? -preguntó Witt.
-Ése es
nuestro secreto, no podemos revelarlo. -sonrió Ikari.
-¿Y qué
pasó luego, Snail? -preguntó Sheik, totalmente sumergido en la historia.
-Le
pregunté al anciano que qué hacía y me dijo que estaba meditando. -dijo Snail.
-¿Meditando?
¿En medio del desierto de Absalon? No es el mejor lugar para algo así. -dijo
Raiden.
-¡Raiden,
por favor, cállate ya! -le regañó Sheik.
Snail
soltó una carcajada y le dijo a Raiden:
-Un
hombre instruido en las artes de la Meditación puede meditar en cualquier
sitio, Raiden. Incluso sobre una roca puntiaguda, pues consigue abstraerse
completamente del exterior.
-Insensibilizarse
respecto al entorno. -dijo Raiden afirmando con la cabeza. –Muy listo.
-Exacto.
Me senté a su lado, sobre la ardiente arena del desierto, y no dijimos nada. Al
cabo de un rato me preguntó: “¿Y tú?” .Yo le conté todo lo que me ocurría. Le
dije que estaba harto de todo: nadie me hacía caso, mi hermano era el ojito
derecho de toda la Hermandad, nuestra madre murió en el parto y nuestro padre
abandonó la aldea cuando éramos unos críos. Yo no tenía amigos porque era muy
reservado y también era… digamos… “especial”. El anciano se levantó y me dijo
que le siguiese. Lo hice y nos encaminamos de nuevo hacia la Aldea. Me llevó a
su casa y me entrenó en el plano psíquico y espiritual durante toda su vida. Me
dijo que el plano físico era a menudo injusto, y que había que aceptar lo que
la Fortuna te enviaba. Pero el plano psíquico es completamente tuyo. No hay
nada que pueda afectarlo. Una mente fuerte es una vida fuerte. Y la mente tiene
poder incluso sobre el cuerpo.
-Mens sana in corpore sano, ¿no es eso? -preguntó
Witt.
-No
exactamente. -dijo Snail.- Ese dicho predica el cuidado de la mente y el
cuerpo, pero como entidades separadas y distintas. Yo predico que el cuidado de
la mente es suficiente para el cuidado del cuerpo. Algo así como mens sana corpus sano est.
-Un momento…
¿Me estás diciendo que el sólo ejercicio de la mente permite mantener el cuerpo
a tono? -preguntó Witt.
-Eso es
exactamente lo que te estoy diciendo. -dijo Snail.- Ya los Antiguos Hombres,
anteriores al Cataclismo, se dieron cuenta de este hecho. Pero muy pocos lo
utilizaron. Descubrieron que, si la mente se ejercitaba en ello, podían
desarrollar los músculos del cuerpo.
-O sea,
que pensando en desarrollar los músculos, podían desarrollarlos.
-Esa es
la idea. Pero pocos de ellos la desarrollaban. Ellos solían utilizar unos
aparatos llamados “pesas” o “mancuernas”. Al parecer, pesaban desde medio hasta
quinientos kilos. -dijo Snail.
-¿Quinientos
kilos? No está mal para un Antiguo Hombre.- interrumpió Raiden.
-Pues
descubrieron que, si conseguías “engañar” a la mente haciendo que levantabas
pesas, al cabo del tiempo recibías los mismos efectos que si las hubieses
levantado de verdad.
-Eso es
interesante. ¿Así has conseguido tú ese físico, Snail? -se rió Sheik.
-Así
es.- respondió Snail serio.- Pero no necesito engañar a mi mente. Simplemente
utilizo mis poderes mentales para actuar en la zona de mi cuerpo que deseo
trabajar. Y yo, sin moverme del sitio, consigo el mismo efecto que mi hermano
en sus entrenamientos. Que no son precisamente suaves, por cierto. Y gracias a
ese anciano soy el que soy: el Psi-Lord. Nunca supe su nombre. Siempre me
dirigía a él como “Sensei”[1].
A Ikari, en cambio, le entrenaron los mejores maestros del ninjutsu, taijutsu y
genjutsu.
-¿De
qué? -preguntó Sheik.
-Ninjutsu,
taijutsu y genjutsu. -repitió Snail.
-Es el
nombre que recibe el conjunto de técnicas utilizadas por los Shinobis. -explicó
Raiden.- El ninjutsu abarca las técnicas que exteriorizan el chakra. Por
ejemplo, el “Kage-Bunshin” de Ikari.
-El
taijutsu, por su parte -dijo Ikari en la misma postura- abarca las técnicas de
carácter puramente físico. Por ejemplo, el “Juken-Li”.
-Y el
genjutsu -dijo Snail.- es el que abarca las técnicas ilusorias. Para eso es
necesario tener algo especial.
-¿El
qué? -preguntó Sheik.
-Un ojo
especial, por ejemplo. -apuntó Raiden.- De hecho, es la fuente de genjutsu más
frecuente. Es más, creo que hay un tipo de Sharingan que permite ejecutar el
genjutsu más poderoso de todos. ¿Me equivoco, Ikari?
-No,
Raiden. No te equivocas. Lo hay, pero no lo tengo. Aún. -dijo muy serio el
shinobi.
-Yo
tampoco lo tengo. -dijo Snail.- Aunque no lo necesito: si deseo fabricar una
ilusión, mi poder mental lo consigue. Y es más efectivo.
-Me he
perdido en el relato con vuestras charlas técnicas. ¿Qué ocurrió después? -preguntó
Sheik.
-Ikari
-prosiguió Snail- recibía clase del entonces Kage de la Arena dos veces en
semana. Pronto se convirtió en el mejor Shinobi de la Aldea y quiso dominar
todas las técnicas del Multiverso. Y lo está consiguiendo.
-Me
halagas, hermano. Pero también me empiezas a aburrir. Contesta a Witt a la
pregunta sobre mis chakras, que es lo que te ha pedido. -le dijo Ikari.
-Claro,
lo siento. El chakra azul es el chakra habitual que todos los seres vivos
tienen. Pero sólo los Shinobis saben utilizarlo. El chakra azul oscuro es el
Aura, que Ikari maneja desde que era un niño. Todos tenemos Aura, pero no
sabemos manejarla. E Ikari no quiere decir cómo puede controlarla e incluso
usarla en combate. El chakra morado es el chakra de la Hermandad, que llevamos
en nuestro interior todos sus miembros. El chakra blanco es su propio chakra,
único e intransferible. Y el chakra rojo
es el de Vastion, ya que mi hermano lo liberó de la roca y lo encerró en su
cuerpo para aprovechar el poder que ofrece.
Snail
calló y se hizo un silencio sepulcral.
-¿Controlas
completamente el poder del tal Vastion, Ikari? -preguntó Witt preocupado.
-Completamente.
En realidad, Vastion no es malo. Si sabes tratar con él, claro. -dijo Ikari.- Nos
llevamos muy bien los dos.
-¿Cuántas
energías posees tú, Snail? -preguntó Raiden.- ¿Tantas como tu hermano?
-Casi.
-contestó el Psi-Lord.- Pero no las uso, porque me basta con el poder psíquico.
-Es
cierto, no utiliza nunca su chakra. -asintió Ikari.
-No. No
me hace falta.
-Es una
ventaja, en el fondo. -dijo Ikari.- El chakra no es infinito. Hay algunos, como
yo, que tenemos una cantidad enorme de chakra. Pero puede agotarse. Tu poder
mental, no.
-Exacto.
Tengo más resistencia en el combate que muchos, pues mi cansancio físico lo
reparo con mi poder mental. Simplemente anulo el cansancio de los miembros y
renuevo la energía en mis músculos.- se jactó Snail.
-¿Cómo
habéis acabado aquí viniendo desde tan lejos? -preguntó Raiden.
-Cuando
alcanzamos la mayoría de edad abandonamos la Aldea. -dijo Ikari- ¿Por qué?
Queríamos ver mundo, estábamos hartos de las arenas de Absalon. Recorrimos
mucho camino. Encontramos una cueva en las Montañas Nubladas, donde nos
asentamos temporalmente. La llamamos El Refugio. Más tarde nos enteramos que un
Demonio había intentado conquistar la Aldea de la Arena. Otra vez. Tras mucho
investigar, nos enteramos de quién era el tal Demonio: Norrin. Seguimos
investigando y Snail descubrió su base. Se fue a Wesfair a acabar con él para
vengar la destrucción de nuestra Aldea. Y yo, como me aburría, le seguí. Y
menos mal. Entonces nos encontramos con vosotros…
-Así
que Norrin también intentó conquistar la Aldea de la Arena… Y con ella, el
desierto de Absalon. -dijo Raiden sumido en sus pensamientos.- Y, al no
lograrlo, intentó destruirla. Pero, ¿por qué no consiguió conquistarla?
-Porque
los Shinobis de la Arena lucharon contra su ejército de Demonios. Y ganaron. -sonrió
Ikari.
-¿En
serio? -dijo Witt.- Vaya, debéis ser unos luchadores extraordinarios, todos.
-Hay
una duda que me corroe, Raiden. -dijo Snail pensativo.- ¿Cómo es que sabes
tanto sobre los Shinobis?
Antes
de que el joven de negro pudiese decir nada, Silver llegó volando a toda
velocidad, dejando una estela de colores en el aire. Aterrizó al lado del
grupo.
-¡Silver!
-dijo Sheik.- ¿Por qué has tardado tanto? Te has perdido el relato de…
-Venid.
-le interrumpió el héroe supersónico.- Tenéis que ver esto.
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