martes, 19 de marzo de 2013

Capítulo XIX


-No me suena.- dijo Altair.
-Es lógico, eres muy joven. -sonrió el Orador.- Verás, al principio de los tiempos, los Dioses crearon unos extraños objetos con un poder increíble. Los Siete: Paluthena, Lanaryu, Elkin, Tarsis, Metallo, Karn y Zulia; los crearon para que el Multiverso mantuviese un equilibrio espacial y temporal. Y el Dios Karn vertió en ellos casi todo su poder del Tiempo, para que los Engranajes funcionasen con el pasado, el presente y el futuro.
-Algo oí sobre esa historia, ahora que recuerdo. -dijo Altair.- Me la contó mi madre más de una vez. Pero creí que era otra leyenda élfica.
-Todas las leyendas tienen un fondo de verdad, Altair. Todas. Para crear algo, necesitas una inspiración. Y obtener inspiración a partir de nada es algo que sólo pueden hacer los Dioses. Todas las leyendas de Babylon se basan en hechos reales. Y tu madre conocía muy bien esta historia y la importancia que tienen las leyendas.
-¿Qué ocurrió con los Engranajes? -preguntó Altair.
-Los Siete Dioses se los entregaron a siete Líderes de Babylon para que los custodiasen. Además les cedieron fieros guardianes cósmicos. Pero, desgraciadamente, nuestros enemigos también conocen esta leyenda. Me informaron ayer de que han conseguido hacerse con un Engranaje: el cedido a la Líder Kalai.
-No puede ser. -dijo Altair.- ¿Han arrebatado un Engranaje a los Koral? Imposible. Los fondos marinos donde habitan los Koral son inescrutables. Nadie puede descender a esos abismos, y mucho menos robar a los Koral. Son un extraordinario pueblo guerrero. Han traído en jaque a Atalántica durante mucho tiempo.
-Es cierto que los Koral son guerreros extraordinarios y un pueblo muy poderoso, por eso intentamos mantener nuestros lazos de amistad con ellos. Ellos en su mar y nosotros en nuestro bosque. Aunque no importa. Los Siete han decidido expandir los Engranajes por todo nuestro Universo. Los Demonios no pueden ir a por ellos, más que nada porque no tienen medios. Pero a nosotros se nos permitió conservar nuestro Engranaje, protegido por un kraballo. Es lógico, este es el lugar más seguro de toda Babylon. Ahora lo que podéis hacer es ir a recoger todos los Engranajes y traerlos aquí. No estoy de acuerdo con la decisión de los Dioses de repartirlos, mejor tenerlos todos juntos en el lugar más seguro posible. Tenemos un mapa del Universo con la localización exacta de cada uno de los Engranajes. Una mitad del plano lo tengo yo, la otra mitad lo tiene el rey Beltza. Tenéis que ir a por los Engranajes, Altair.
-¡¿Qué?! -dijo Altair.- Ni hablar. ¡No podemos perder tiempo! Tenemos que detener a nuestros enemigos. Tenemos que impedir una guerra. ¡He venido a pedir ayuda!
-No seas absurdo, Altair. ¿De verdad piensas que vais a detener a Norrin y a su ejército de Demonios? Sois siete. Buenos guerreros todos, no lo dudo. Conociéndote a ti… pero siete. Y el pueblo de los Elfos no está ahora como para afrontar una guerra. No puedo darte lo que pides, Altair. Estamos viviendo una época de crisis, la población está asustada. No puedo mandar a mi ejército lejos de aquí porque quedaríamos indefensos ante un ataque. Lo siento, Altair, pero la situación nos supera. Y Beltza está en la misma situación que yo. Vosotros tenéis dos caminos para escoger: si optáis por detener a los esbirros de Norrin, quizá salvéis Babylon y evitéis la inminente guerra. Pero lo más probable es que os maten. En cambio, si optáis por traer los Engranajes a Qualinesti, salvaréis el Multiverso e igualmente evitaréis la guerra. Porque Norrin no podrá conseguir los Engranajes, no podrá alcanzar el poder de Lanaryu y los ejércitos de los pueblos libres de Babylon que están formando la Resistencia le aplastarán. Tuya es la elección. -dijo el Orador de los Soles.
-¿Cómo ayudarían los Engranajes a Norrin para conseguir el poder de Lanaryu?
-Verás, el poseedor de los Engranajes tendría el poder del Dios Karn. Una vez con ese poder en sus manos, sólo tendría que usar la Espada Sagrada para acabar con Paluthena y Lanaryu y usurpar su puesto en el Universo. Y esclavizaría al resto de los Dioses, suponiendo que los dejase con vida.
-Vaya… es una imagen realmente terrible.
-Lo es. Y por eso debéis evitar que ocurra.
Altair quedó pensativo. Lo que había dicho el Orador era cierto, las tropas de Norrin eran miles y ellos sólo siete. No podrían acabar con todos los Demonios. Y el Orador no podía proporcionarle ejército, al igual que Fendor. Y ningún país cedería su ejército a siete desconocidos de distintas Razas. En cambio, para recoger los Engranajes, siete era el número perfecto. Aunque tampoco era fácil. Pero, ¿quién había dicho que alguna opción lo fuera?
Altair miró fijamente al Orador.
-Iremos a por los Engranajes y los traeremos aquí, a Qualinesti, para que los Elfos Silvanos los protejan e impidan a Norrin conseguir el poder que persigue. Sólo espero que sea la decisión correcta.


Silver llevó a Raiden, Witt, Sheik, Snail e Ikari a otro claro del bosque. Del centro del claro, entre la hierba, brotaban dos finos árboles cuyos troncos se entrelazaban el uno con el otro formando una especie de espiral. Y en los extremos de ambos había un objeto extraño flotando en el aire: un Engranaje del Tiempo, de color gris oscuro. Tenía cinco dientes y una piedra preciosa, roja, ocupaba el centro y brillaba con intensidad.
De repente, un ser se alzó a las espaldas de los héroes. Tenía el torso desnudo de un hombre, el cuerpo de un león,  una serpiente en lugar de cola y la cabeza negra, con larga melena dorada y dos brillantes ojos rojos. El monstruo rugió y el grupo se giró, alarmado. Retrocedieron y se prepararon para luchar. Entonces, Witt dio un paso adelante y frenó a sus compañeros:
-No os preocupéis. Es sólo un kraballo. Es una especie pacífica.
Se acercó al kraballo. Éste le echó una mirada de furia con sus ojos rojos. Witt hizo una reverencia al kraballo, pero éste resopló y apretó sus fuertes puños. Arañó el suelo con sus zarpas de león.
Witt dio marcha atrás y se dirigió al grupo:
-Este kraballo no es salvaje. A los salvajes se les tranquiliza haciendo una reverencia, que el animal toma como una muestra de respeto hacia él. Éste está domesticado salvajemente. Seguro que está protegiendo algo.
Ikari dirigió la mirada al Engranaje del Tiempo y vio un destello azul entre los árboles. Acto seguido, el Engranaje desapareció.
-¡Ey! -exclamó Ikari. Se dio la vuelta y, con él, todos los demás. El kraballo se enfureció. Comenzó a correr alrededor de los dos árboles, inspeccionando el terreno. Justo en ese momento llegó Altair acompañado del Orador.
-He sentido una mala vibración por estos alrededores. ¿Qué ha ocurrido?- preguntó el anciano elfo.
-El objeto que había entre esos árboles ha desaparecido, Alteza.- dijo Witt.
-¿Qué?- gritó Altair- ¿Cómo? ¿Para qué está el kraballo aquí?
-Me temo que hemos distraído al animal, permitiendo al ladrón hacerse con el botín. Pero no te preocupes demasiado, Elfo.- dijo Ikari.- Lo encontraré.
Dicho esto, juntó los dedos formando una cruz y gritó:
-¡Tajuu-Kage-Bunshin-nin-jutsu!
Aparecieron cientos de miles de Ikaris y se marcharon cada uno hacia un sector del bosque.
-Una modificación del “Kage-Bunshin”, ¿no es cierto? -señaló Witt.
-Exacto. “Tajuu” significa “masivo”. Es por eso que Ikari ha podido realizar tantas copias de sí mismo. -dijo Raiden.
Snail se acercó al Orador:
-¿Qué era ese objeto? -preguntó.
-Que te lo explique tu amigo. -dijo el Orador señalando a Altair.
El Elfo se adelantó y contó al grupo toda la historia.

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