jueves, 25 de abril de 2013

DAFNE

No sé qué estoy esperando. El lunes estaba confuso, al principio me sentí decepcionado y dolido, pero luego vi en su rostro que sentía haberme hecho daño y (joder) la abracé y le di un beso en la frente. No debí hacerlo, porque eso la confundió y, lógicamente, la cabreó. El martes me tomé el día libre para evadirme, para volver a la universidad y pasar un rato agradable en el césped. Y ayer estaba cabreado e incómodo, aunque a última hora supongo que traté de ignorar esos sentimientos. Me fui a casa y pasé la tarde en el gimnasio, dando rienda suelta a la rabia que tenía. Pero esta noche…. esta noche he soñado con un temor que me atenaza últimamente: un beso entre ellos dos. Un beso apasionado, necesitado, viéndoles beber el uno del otro. Eso me ha dolido más de lo que me imaginé que lo haría. Estaba enfadado con ella, creía que todos mis sentimientos se habían esfumado de golpe…. pero ha sido soñar esto y despertar agitado. Y con esa imagen en mi cabeza, ya despierto, empezar a llorar desconsoladamente. Llorar como hacía tiempo que no lloraba. Por un sueño. Por esa imagen. Sé que no tengo ningún derecho a recriminarle qué hacer con su vida, porque se merece ser feliz con alguien que la haga feliz. Pero no puedo negar que me duele. Me he comportado como un hipócrita prepotente sin sentido alguno sólo para convencerme a mí mismo de que ya no sentía nada por ella y que me había decepcionado. Y a las primeras de cambio, lloro como un niño.
Porque la echo de menos. Echo de menos los buenos momentos que hemos pasado juntos, nuestros paseos, nuestras risas, las películas que veíamos mientras bebíamos vodka y comíamos pizza. Echo de menos el dormir juntos, y el por la mañana susurrarle al oído un “buenos días”. Echo de menos su sonrisa, con esa mirada que te embruja absolutamente y hace que el tiempo se detenga. Echo de menos su voz cantando cualquier canción de “Moulin Rouge” con verdadero sentimiento y de una forma tan mágica que podrías pasar horas escuchándola cantar sin percatarte del paso del tiempo. Escucharla hablar, escucharla reír, con esa risa tan refrescante que es un bálsamo en mitad del desierto. Y su sonrisa… esa sonrisa que te deslumbra, que te hace sonreír a ti también, esa sonrisa que tiene que dan ganas de abrazarla y decirle cosas preciosas mientras acaricias su suave y sedoso pelo. Echo de menos esa mirada, la mirada que demuestra cuánto te quiere y que consigue que te pierdas en la inmensidad de esos ojos castaños. Echo de menos estar tumbados en la cama y que apoye su cabeza en mi pecho, transmitiéndome calor y seguridad. Echo de menos el verla sentada a mi lado, que la mire, que ella me mire a mí, y sonreírnos. Echo de menos sus labios. La cercanía de nuestros rostros antes de fundirnos en un beso, bebiéndonos el uno al otro con simplemente mirarnos a los ojos. Echo de menos sus besos delicados, breves pero con un sentimiento profundo. Echo de menos sus manos al acariciarme el pelo, su boca mordiéndome el cuello… echo de menos también esa sonrisa pícara que mostraba sus intenciones perversas cuando me recostaba junto a ella. Echo de menos esa Nochevieja. Echo de menos esa primera noche, en Penélope, cuando tanto el uno como el otro esperábamos un momento mágico que sin embargo ninguno se atrevía a desencadenar. Y ahí estuviste tú. Echo de menos susurrarte al oído, besar tu mejilla, y bajar lentamente hasta tu boca. Echo de menos nuestros abrazos, donde me parecía fundirme contigo. Echo de menos tantas cosas…. y al final pueden resumirse sólo en una: te echo de menos.
Si me hubiesen preguntado hace unos meses por qué la quería tanto, qué era lo que me enamoraba de ella, no habría sabido qué contestar. Me encantaba su forma de ver la vida, la manera que tenía de seguir siempre hacia delante con una sonrisa, por muy mal que estuviesen las cosas. Habría dicho que admiraba su fortaleza, la admiraba a ella en todos los sentidos, quizá porque era algo que yo ansiaba ser. Fuerte, valiente y siempre con una sonrisa. Que no dejase que nada pudiese turbar su ánimo. Siempre estaba ahí cuando sus amigos la necesitaban. Cometió errores, sin duda, algunos terribles y que probablemente la torturen durante un tiempo. Pero todos somos humanos. Todos cometemos errores, de menor o mayor importancia. Pero eso no quita quiénes somos como personas.
Yo me he equivocado muchísimo con ella. He cometido una gran cantidad de errores, que siempre he intentado subsanar con mayor o menor éxito. Las cosas pueden ser perdonadas, pero no olvidadas. Ella y yo teníamos distinta concepción del mundo. Ella vive con los pies en el suelo, yo vivo en el Mundo de Yupi. Ésa era una de las cosas que me gustaba tanto de ella: su sensatez. Pero era evidente que lo nuestro no iba a funcionar. Aún así, intentamos que funcionase durante un tiempo. Un tiempo en el que yo fui realmente feliz. Espero que ella también. Lamento que no pudiésemos llegar más lejos, porque ¡diablos!, ¿cómo habría sido nuestra vida? No puedo culparla por lo que hizo, aunque el lunes bien que lo demostré. ¿Por qué? ¿Por qué me comporté así? ¿Por qué estuve tan frío y distante? ¿Por qué luego tan cercano y comprensivo? Porque mi primer sentimiento fue de decepción. Mi segundo sentimiento fue de cariño. Sí, eso he dicho: cariño. Cariño por todo lo que habíamos pasado juntos en cuatro meses, por las cosas que habíamos compartido y los momentos que habíamos vivido. Cariño porque no me gustaba la idea de que, después de haberte convertido en alguien tan importante en mi vida, acabásemos así. Porque te tengo cariño. Te tengo más que cariño, y me maldigo por ello. No me puede traer nada bueno, y me lo has dicho más de una vez. Y lo sé. Pero es lo que siento. Esta noche me he dado cuenta de lo importante que eres para mí, de lo mucho que te quiero todavía. Pero sé que es imposible. Sé cuánto le necesitabas, y me imagino cuánto querías tener ese último momento íntimo con él. No fue correcto por tu parte, pero aún así parece que mis sentimientos hacia ti no han cambiado. Pero sé que ya no puedo aspirar a ser el que era. Que sólo puedo ir a peor. Y ahora es ese sentimiento de dolor e impotencia lo que me mueve. 
No sé qué esperar. Pero, si mi sueño se cumple, sé que me va a doler. Me va a doler hasta el punto en que me broten las lágrimas. Pero es lo que tenía que pasar, tarde o temprano. Y tendré que aceptarlo.
Al final, después de todo, siempre me quedarán esos maravillosos recuerdos, y esos momentos mágicos que se han convertido en una parte muy importante de mi pasado.
Después de todo esto, sólo puedo decir que espero que me perdones por el daño que te he causado y que espero que puedas volver a pensar en mí con una sonrisa. Con una de tus maravillosas sonrisas.

1 comentario:

  1. Qué sería del ser humano si no pudiera dar forma a sus pensamientos en un papel o un monólogo, aunque sólo en contadas ocasiones se haga llegar a los demás y la mayor parte de las veces quede relegado a un papel arrugado o a palabras arrastradas por el viento. Supongo que al final todo lo perdemos, salvo esas reflexiones y los recuerdos que nos llevaron a ellas, que es lo que nos define como humanos.

    Ánimo ;)

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