Por una
puerta apareció un hombre. Era ya maduro, rondando los cuarenta, pero parecía
fuerte. Llevaba puesto un casco de extraña forma, con numerosas protuberancias
alargadas, y de colores rojo y morado. Una larga capa roja le caía por la
espalda, así como un traje púrpura le cubría el cuerpo.
-Éste
es para mí.- dijo Snail.
Avanzó
hacia él y se pusieron frente a frente, mirándose a los ojos. Los ojos verdes
de Snail se encontraron con los marrones de Magnetón.
-No
tendré piedad de ti, Snail.- dijo Magnetón.- Te arrebataré el título de
Psi-Lord, mío por derecho.
-Inténtalo.-
dijo Snail.- Aunque dudo que lo consigas, pues no lo lograste en la Academia.
-Las
cosas han cambiado desde entonces, Snail.- dijo Magnetón.
-Sí. Y
mucho.
-¿También
os conocéis?- preguntó Norrin.- Cuántas coincidencias…
-No se
preocupe, Rey Sombra.- dijo Magnetón.- A este microbio podría ganarle con los
ojos cerrados.
-No
hables tanto.- sonrió Snail.- Vamos a ver si es verdad eso que dices…
Fue un
duelo singular. Ninguno de los dos se movió lo más mínimo. Se mantuvieron el
uno frente al otro, mirándose a los ojos, sin mover un músculo. Pero Ikari
sonreía para sí. Sólo él sabía lo que estaba sucediendo. Esto no era un combate
físico, sino psíquico. A Snail le interesaba más el poder de la mente, igual
que a Magnetón. Lo que estaba ocurriendo allí era un duelo psíquico, ambos
querían ver quién tenía más poder mental. La fuerza física no les interesaba lo
más mínimo, pues con el tiempo, esa fuerza se pierde. En cambio, una mente
fuerte vive para siempre. Incluso cuando el cuerpo perece.
En el
plano físico era muy aburrido, pero en el plano espiritual era un espectáculo
impresionante: las luces de diversos colores recorrían el espacio oscuro de un
lado a otro. Había explosiones por todas partes. Las luces brillantes iban de
un lado a otro a una velocidad increíble, en forma de rayos o de simples
partículas. Algunas chocaban y entonces aparecían más luces de más colores.
Iban todas sin sentido aparente, esquivándose unas a otras o chocando entre
ellas. Aparecían estallidos verdes y rojos, seguidos de virutas finas y blancas.
De pronto, tras varios minutos de luces y sombras en el plano síquico, una
explosión dorada inundó todo el espacio, dando paso a una luz cegadora.
Después, sólo quedó oscuridad.
Magnetón
cayó al suelo, inerte, con la frente empapada de sudor y sangrando por la nariz
y los oídos. Snail se tambaleó, también sudoroso, y se desmayó. Su ataque
psíquico final, con el que había destrozado el cerebro de Magnetón, le había
costado un gran esfuerzo. Ikari lo recogió antes de que llegase al suelo y se
lo llevó a Witt, que le puso la mano en
la frente para sanarlo con el poder de Paluthena.
-Este
duelo me ha parecido un auténtico coñazo, como siempre que Magnetón utiliza su
poder. Pero parece que no ha estado a tu altura, muchacho. -dijo Norrin
observando a Snail mientras se recuperaba.- Y me estáis empezando a cansar. Yant,
¿serías tan amable de darles una lección a nuestros huéspedes?
-Por supuesto, Rey Sombra.
Una
figura apareció de detrás del trono donde estaba sentado Norrin. Llevaba una
extraña máscara con forma alargada, de piedra, que le cubría toda la cabeza; y
un traje muy raro. La máscara tenía dos grandes ojos esculpidos a ambos lados
de la cabeza, además de una gran boca abierta, mostrando los afilados dientes
de piedra. Parecía una cabeza de piraña alargada. Respecto al traje, parecía
una especie de túnica de color verde oscuro con zonas marrones. Las mangas, tan
largas y anchas que no mostraba las manos. Pero caían de ellas cuatro cintas
cuadrangulares y plateadas. La túnica se iba estrechando hasta llegar a los
pies. Calzaba una especie de babuchas de cuero, de color marrón claro. El traje
estaba recorrido por extraños símbolos. Hablaba con una voz fría y
sobrenatural. Ése era Yant.
Altair
miró a Raiden y éste asintió con la cabeza. Altair respiró hondo y avanzó. No
era la primera vez que se enfrentaba a un monstruo extraño. Pero era la primera
vez que luchaba con su nueva espada en un duelo a muerte. Aún no le había
cogido el truco, no sabía cómo utilizar el poder de su espada. Así que se
tendría que conformar con sus conocimientos de esgrima. Rezó para que bastasen.
Los dos
combatientes avanzaron hacia el centro de la habitación. Se detuvieron un
instante, examinándose. De repente, Yant voló hacia Altair y le propinó una
enorme patada en la mandíbula que lo lanzó hacia arriba y lejos. El Elfo no lo
vio venir y, por tanto, no le dio tiempo a defenderse. Sus compañeros dieron un
grito de asombro. Norrin soltó una carcajada e Ikari pensó preocupado:
-"Vaya,
es muy rápido. No sé si Altair podrá con él. Su velocidad de natural no basta
contra este tío. ¿Quién coño es para moverse tan rápido?"
En
esto, Yant se había desplazado hasta el lugar donde iba a caer Altair. Antes de
que tocase el suelo, Yant le lanzó una bola de energía roja que golpeó en la
espalda a su enemigo, elevándolo de nuevo en el aire. Yant dio un salto, sobrepasó
al Elfo y le asestó una patada en la tripa. Altair cayó al suelo con gran
estrépito y Yant aterrizó detrás de él.
-No puedes hacer nada contra mí, Elfo. -dijo
Yant- Podría aplastarte como al insecto
que eres. No supones ninguna amenaza par mí, y mucho menos para el Rey Sombra.
No sé qué haces aquí sabiéndote tan débil. ¿Acaso quieres suicidarte?
Mientras
decía esto se había acercado a Altair lentamente. Posó el pie en su cabeza y
Altair comenzó a gritar.
-¡Altair!-
gritó Sheik.
Y salió corriendo hacia él.
-¡Sheik,
espera!- le gritó su hermano.
-¡Quítale
la pezuña de encima, sucio bastardo!- gritó Sheik mientras corría hacia ellos.
Cuando estaba
a punto de alcanzarlos, Yant dirigió un brazo hacia él y unas ondas negras de
energía propulsaron a Sheik varios metros hacia atrás.
- Fíjate en este chaval, tan joven y con
tantas ganas de morir. Una pena. Creía que respetabais el turno de duelo, pero
al parecer me equivoqué. Rey Sombra,
puede hacerlo cuando guste. -dijo Yant dirigiéndose a Norrin.
-Me
alegra oír esas palabras, Yant. Siempre tan cumplidor. Muy bien, soldados, ¡¡¡a
ellos!!! -gritó el Demonio plateado.
-Bien, chicos, preparaos. -dijo Snail.- Esto
no será moco de pavo. Se nos acabó el recreo.
Witt
sacó su arco y lo dividió en dos espadas, Sheik extrajo sus agujas del cinto,
Raiden desenfundó a Sumlars, Silver se colocó en posición de ataque, Snail
desenfundó su daga e Ikari sacó un kunai.
Los sizhs
se lanzaron a por ellos con toda su determinación, dando gritos y siseos.
-Dejádmelos
a mí. -dijo Ikari.
Hizo
dos sellos con las manos y dijo:
-¡Katon-Gökakyo-nin-jutsu!
Expulsó
una gran bola de fuego por la boca, que incineró a los sizhs por completo.
Todos los demás guerreros de Norrin se prepararon para atacar al grupo.
-¡Quietos, soldados! No está mal, ninja. -dijo
Yant.- Pero a ver cómo te sienta...
¡Arghhhhhh!
Altair,
ahora convertido en un monstruoso lobo negro y gris, le había mordido el
tobillo. Sus ojos azules brillaron con malvada satisfacción.
-No te…
permito… que le llames…. “ninja”…no le…ofendas…
-Serás…-Yant se giró y le dio una patada
en el hocico. Altair cayó al suelo con un gemido.- No sé cómo has cambiado a esa forma, ni cómo puedes hablar, ni mucho
menos cómo eres capaz todavía de ofrecer resistencia. Pero tampoco me importa. Ahora
te mataré y no volverás a molestarnos.
Diciendo
esto, una pirámide dorada y translúcida con extraños símbolos arcanos apareció
alrededor de Yant y de Altair.
-Su Excelencia, ¿le importa que me encargue
de él? Me gustaría, si no es mucho pedir, que los soldados no me importunasen.
Si usted me lo permite, me encargaré de todos ellos.
-Adelante,
Yant. Te doy mi permiso de eliminarlos y mi palabra de que los guardias no te
molestarán. -dijo Norrin, sonriente.
-Se lo agradezco infinito, Rey Sombra.
Yant empezó a lanzarle rayos rojos y negros y
Altair, tendido en el suelo, comenzó a aullar de dolor. Norrin disfrutaba con
ello. Sheik se acercó asustado a Raiden y le preguntó:
-Hermano,
¿qué es eso que les rodea?
-¿La
pirámide? No tengo ni idea.
-Es un
campo de fuerza demoníaca pura. -dijo Witt.- Con sólo tocarlo nos convertiremos
en polvo. He visto varias veces este tipo de magia. Entonces Yant también es un
Demonio… tenía que haberlo imaginado.
Sheik
miró a Yant, que seguía expulsando rayos, y a Altair, que había recuperado su
aspecto de Elfo y gritaba de dolor. Los ojos de Sheik se llenaron de lágrimas. Yant
dejó de lanzar rayos a Altair. Miró al grupo de reojo y le dijo a su enemigo:
-Te voy a matar, Elfo, y tus amigos no podrán
hacer nada para impedirlo. Nunca debiste
hacerme frente. Tu nombre, Altair… significa “el que vuela”, ¿no es cierto?
Bien, ya no volverás a volar. Me aseguraré de ello.
Dicho
esto, extrajo una hoz dorada de su ancha manga y la levantó sobre la cabeza.
-¡Muere, Altair!
Altair
cerró los ojos, no podía moverse. No tenía fuerzas para ello. Sheik cogió de la
camiseta a su hermano y se tapó la cara, con lágrimas en los ojos. Witt se
sentía impotente y apretaba los dientes con furia. Raiden le cogió la cabeza a
Sheik y bajó la suya. Silver no podía mirar. Snail intentaba derrumbar la
pirámide con rayos mentales, sin conseguirlo.
La hoz
de Yant bajó, el tiempo pareció detenerse para todos. Y de hecho se detuvo,
pero sólo para una persona.
-¿Qué? Mi cuerpo…. ¡No puedo moverme!
-Kage-mane-nin-jutsu
completado. ¿Quieres saber qué te ha pasado?- dijo Ikari, girando la cabeza la derecha.
Yant
volvió la cabeza en la misma dirección y al mismo tiempo y se dio cuenta de que
la sombra de Ikari se había estirado hasta llegar a sus pies, atravesando la
pirámide por la base.
-¿Cómo.....?.
-Es una
técnica Shinobi muy útil.- explicó Ikari.- Ahora todo tu cuerpo está bajo mi
control. Lo que yo haga lo harás tú. En resumidas cuentas, eres mi sombra. Todo
el tiempo has estado atento a nuestros movimientos, pero cuando ibas a matar a
Altair te has sumergido en la emoción del momento y he podido utilizar mi
sombra. Por no decir que es una pena que la pirámide no llegase a tocar el
suelo. Cualquier resquicio, por diminuto que sea, es suficiente para que pase
una sombra.
-Y…… ¿ahora qué?- dijo Yant con voz
asustadiza por primera vez.
-Ahora…
esto.- murmuró Altair, herido.
Dürandal,
la Espada Maestra, atravesó el cuerpo de Yant de parte a parte. La hoja le
asomó por la espalda. Pero no hubo sangre. Aunque nadie se fijó en ese detalle.
Yant se convulsionó durante un momento y luego dijo con voz divertida:
-Qué interesante. Lo recordaré cuando volvamos a vernos.
Dicho
esto, desapareció en una nube de humo. Altair estaba jadeando y sostenía la
espada en el aire. La boca le sangraba y tenía heridas por todas partes. Su
traje tenía varios rotos. La pirámide que le rodeaba desapareció.
-Buen
trabajo, Yant. La verdad, no esperaba este desenlace, pero el objetivo que te
impuse lo has cumplido: le has dado una buena lección al Elfo. -dijo Norrin.-
Bien, creo que yo también os he subestimado, grupo. Pero tranquilos, enseguida
enmendaré mi error.
Diciendo
esto, levantó un brazo hacia la pared y empezó a cargar un rayo de energía blanco
y rojo en su mano.
-Me
parece increíble que hayáis derrotado con tanta facilidad a los seres que
contraté cuando llegué aquí. Sois considerablemente fuertes. -dijo con una
sonrisa.- Pero no importa, ya que tengo muchos más sicarios a mi servicio, y bastante
más efectivos. Vosotros no podéis hacer nada contra mi ejército, que os quede
claro. Ni siquiera habéis sido capaces de acabar con Yant. Os habéis atrevido a
venir hasta esta base esperando encontraros a un simple Demonio menor y habéis
descubierto que la situación os supera. He estado hablando con mis capitanes,
sé cuál es vuestro cometido. Sólo Azazel y Raiden sabían de verdad a lo que se
enfrentaban, y aun así tuvieron la osadía de venir hasta aquí. Pero eso da
igual: vuestras posibilidades son ínfimas contra todo el despliegue de mi
poder. Ahora me iré a otro lugar para establecer mi nueva base y seguir
conquistando el mundo. Vosotros moriréis aquí, y no podréis hacer nada por
detenerme. Y tú, Elfo… parece que eres el portador de la Espada Maestra.
Ninguno de mis hombres pudo empuñar esa espada. Bien, pues tú también morirás
aquí. Ninguno conseguiréis cumplir con la misión que os ha traído hasta aquí. Tú
pierdes, Raiden.
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