martes, 29 de enero de 2013

Inflexión

Cielo santificado, ¿cuánto hace que no me paro a pensar por aquí? Demasiado tiempo, me parece. Últimamente sólo me dedico a publicar cosas que tengo que rescatar del baúl de los recuerdos. Hace ya mucho tiempo que no me siento frente a la hoja en blanco. No os abruméis, no tengo intención de entreteneros mucho tiempo. Sólo quería volver a deleitarme con el dulce placer de escribir... y de leer. 

He retomado un libro. Un libro que leí hace dos años, e incluso que regalé a alguien. Tokio Blues, de Haruki Murakami. Probablemente muchos lo hayáis leído, algunos habréis oído hablar de él y a otros ni os sonará. No importa. El libro... creo que se necesita un momento clave de tu vida para leerlo. Yo, ahora mismo, por ejemplo. A cada página que paso me da la sensación de que ese libro está relatando una alegoría de mi vida.  En todos los sentidos, cada uno de los personajes, me recuerda que "éste podría ser yo" o "ésto me está pasando a mí." Es como si yo y mi entorno estuviésemos encerrados en el libro, con otros nombres, y mi vida alegórica pasase ante mis ojos.
No tiene importancia. Pero gracias a este hecho, he podido comprobar de nuevo que, al leer una buena historia, quedas atrapado en su trama. Eres el espectador que observa todo lo que ocurre entre sus páginas como si fueses un pajarillo omnipresente. Esa sensación permite que tu vida real quede desvanecida por un momento, que te pierdas en las vidas de los personajes de ese libro y que tú formes parte también de esas vidas. Es una sensación fantástica. La gente intenta evadirse de los malos momentos de su vida de mil maneras posibles, a cada cual más pintoresca. Pero ésta es, por lo menos, la más saludable. Y viene acompañado de un manantial de emociones indescriptibles.
Sólo aquellos que leen saben de lo que estoy hablando.



No hay comentarios:

Publicar un comentario