viernes, 25 de enero de 2013

Capítulo XII


Todos dirigieron una mirada hacia el trono de oro que se erigía al final de la sala. En él, estaba sentado un Demonio de aspecto humanoide. Su cuerpo era de color plateado, que brillaba a la luz de las lámparas que colgaban del alto techo dorado. Sus pies tenían tres largos dedos, mientras que sus manos tenían cinco. Tenía los ojos blancos, sin pupilas, y rasgados. Dos pequeños cuernos del mismo color brotaban de su frente. Algunas zonas de su cuerpo eran de color blanquecino grisáceo. Sonreía con su boca llena de afilados dientes y vestía un manto de armiño blanco y un cetro dorado. Una larga cola plateada se mecía tranquilamente detrás de su trono. Era de estatura mediana, más bien pequeña para la media de los Demonios.
-Me dijeron que estábais muertos, pandilla de héroes. -dijo el Demonio de piel de plata.- Es evidente que os subestimaron.
-Norrin. Al fin nos encontramos. -dijo Raiden entre dientes.- Es curioso, te imaginaba más alto.
-¡No te atrevas a burlarte de nuestro señor, sucio bastardo! -gritó un hombre disfrazado de serpiente que se encontraba a un lado del trono. Llevaba la cara oculta tras una máscara con forma de cabeza de cobra, y su traje era verde con zonas rojas.
-Sherpe. -dijo Raiden sonriendo.- Cuánto tiempo. El Hexágono me mandó a matarte, pero has estado los últimos meses huyendo de mí hasta que has pedido protección a Norrin. Pero no te servirá de nada: estoy dispuesto a cumplir mi misión. Y, de paso, ajustaré cuentas con él. Sabía que os encontraría a los dos aquí, así que despedíos de la vida.
-¡Já! -rió Sherpe.- ¿Crees en serio que podrás matar al Rey Sombra? ¿Tú? Me sorprende tu arrogancia. Eres demasiado débil, Raiden. No tendrías ni la más mínima posibilidad contra su Excelencia. Olvídate.
-Soy consciente de ello, Sherpe. Es por eso que vengo tan bien acompañado. Te mataré a ti primero. -sonrió Raiden.- Y luego arreglaremos los asuntos pendientes con Norrin. 
-¡Nunca! -gritó Sherpe.
-No grites tanto, Sherpe. -dijo Norrin.- Tengo los oídos muy sensibles.
-Norrin… -fue Witt el que habló.- ¿Dónde guardas la Espada Sagrada de Paluthena? ¿Para qué la quieres?
-La Espada de la Diosa Madre… ¿qué te hace pensar que contestaré a tus preguntas, Ángel? Sólo te diré que no pienso devolverla: me es necesaria para los planes que pretendo llevar a cabo. Y ahora, Sherpe: son todo tuyos. -dijo Norrin haciendo un gesto con la mano.
El hombre disfrazado de serpiente lanzó un grito de triunfo y corrió contra Raiden. Éste entrecruzó los dedos y gritó:
-¡TRANSFORMACIÓN!

Una nube de humo morado brotó de golpe del cuerpo de Raiden, cubriéndolo por completo y ocultándolo a la vista de todos. Un olor a azufre invadió la estancia. El grupo de héroes contemplaba expectante la nube de humo donde se suponía que estaba Raiden. Sherpe se acercó disparado contra la nube de humo morado, gritando. Entonces, un puño blanco de tres dedos salió de la humareda y golpeó a Sherpe en la cara. El hombre disfrazado de serpiente cayó al suelo.
El humo se disipó y dejó a la vista a un Demonio con la piel de color azul oscuro. El pelo, negro, un poco largo y rizado. Tres dedos en las manos y dos en los largos pies. De la parte trasera de la cintura le salía una larga cola con punta de flecha, también del color de la piel. El traje constaba de guantes y botas, blancos y ajustados a la forma de los miembros del Demonio. El traje tenía dos largas hombreras de colores rojo y negro. Llevaba a Sumlars envainada a la espalda.
-Azazel.- susurró Norrin con un gesto de rabia.

Sherpe se levantó e intentó golpear con el puño a su nuevo rival. Azazel lo esquivó, agarró del brazo a Sherpe y lo arrojó lejos de él. Sherpe aterrizó sobre sus pies. Azazel se llevó la mano a la espalda.
-Te vas a enterar, Sherpe.
Desenvainó a Sumlars y la volteó sobre su cabeza. Al tiempo, Sherpe extrajo unos pinchos afilados de sus antebrazos.
-Los dientes de la serpiente contra el cuerno del unicornio.[1]- susurró Azazel.- Esto va a ser muy interesante.
Sumlars chocó contra ambos pinchos y los dos combatientes retrocedieron.
-Ríndete, Sherpe.- dijo Azazel.- Te he seguido hasta aquí y no voy a dejarte escapar. No más.
-Cállate, pedazo bastardo, nunca me atraparás. No eres rival para mí. Además, tu espada supuestamente forjada por los Dioses no tiene poder suficiente para romper mis colmillos de cobra. ¿Qué pasa, eres más débil de lo que creías?- se mofó Sherpe.
-Nada de eso. Lo que ocurre es que no quiero desarmarte tan rápido. Quiero hacer de este duelo algo interesante. De todas maneras, su poder mágico es absoluto. Déjame mostrártelo.- Azazel levantó la espada por encima de su cabeza y gritó: -¡DOMUVAT![2]

El fuego de la mitad de la hoja de Sumlars inundó por completo toda la hoja. Azazel dio un golpe en el suelo con la espada y una hilera de llamas fue derecha hacia Sherpe. Éste la esquivó por los pelos.
Los sizhs protegían a Norrin con sus lanzas mientras el grupo de héroes contemplaban absortos el combate. Norrin, sentado cómodamente en su trono, miraba con interés el combate. Azazel le lanzaba llamaradas a Sherpe moviendo la espada y éste las esquivaba por muy poco, gracias a su agilidad serpentina.
-Ya me he cansado de ti.- dijo Azazel.- No me estás suponiendo ningún desafío, Sherpe. Te creía un rival más digno, pero no eres más que un cobarde aburrido. Acabemos con esto.
Levantó nuevamente la espada y gritó:
-¡HAIHASS![3]
El hielo extinguió el fuego y cubrió la hoja por completo. Volteó la espada sobre su cabeza y empezó a disparar ráfagas de afilados témpanos contra Sherpe. Éste los esquivó todos y, en un cese del ataque del Demonio, se arrojó contra su enemigo.
Azazel hizo un rápido movimiento y, antes de que las armas de su rival le alcanzasen, le cogió con la cola por el cuello. Le inmovilizó y lo levantó en el aire.
-Se acabó, Sherpe.- dijo.- Nunca debiste llamar la atención del Hexágono, y mucho menos creer que podrías rivalizar contra mí. Adiós.
Levantó la espada y hundió el frío filo en el pecho de su enemigo. Un chorro de sangre salpicó el uniforme de Azazel. Sherpe se sacudió un poco, cada vez menos, hasta que quedó inmóvil. Su larga carrera criminal había acabado. Azazel sostuvo el cuerpo de Sherpe clavado en Sumlars como si fuese un pincho moruno.
-Vaya, Azazel, veo que no has perdido facultades. -sonrió Norrin.
-¿Qué pasa? ¿Acaso sientes pena por tu protegido,… hermano? -dijo éste devolviéndole la sonrisa.
Todos los presentes se quedaron de piedra. Sheik no daba crédito a lo que acababa de oír. No podía ser cierto. Norrin no podía ser... su hermano.
-¡No me llames así, maldito! -gritó Norrin- ¡Para mí no eres mi hermano! ¡Sólo eres un estúpido expulsado!
-Soy tu hermano te guste o no. -le dijo Azazel sacando el filo de Sumlars del cuerpo inerte de Sherpe y tirando el cadáver al suelo.- Al fin y al cabo, es culpa tuya. ¿Hace falta que te recuerde cómo ocurrió?
El silencio se apoderó de la sala. Todos se mantenían expectantes y cada uno de los presentes estaba sudando.
-Si no recuerdo mal, -comenzó Azazel.- mi alter ego, Raiden....
-¡Cállate! -ordenó Norrin, gritando.- ¡Cállate! ¡No quiero oírlo!
-......estaba en el Inframundo en busca de nuestro padre, Mefisto.

Todos soltaron una exclamación de asombro: Mefisto era el Demonio Rey, el Satán bíblico, el responsable del mal en el mundo. Eso significaba que Azazel y Norrin eran los Príncipes del Inframundo.
-Raiden, -prosiguió Azazel limpiando la hoja de su espada con su guante.- por entonces Asesino a sueldo, se hallaba ante una cámara dorada, posiblemente la habitación de Mefisto. Tenía el encargo de matar al Líder de los Demonios. Pero antes de que pudiese abrir la puerta, un agujero negro salido del suelo se lo tragó. Raiden cayó y se golpeó la cabeza contra el suelo, quedando inconsciente ante los endiablados científicos de nuestro padre. Éstos lo ataron a una plancha metálica y lo dejaron allí hasta el día siguiente. Para matarle, siguiendo las órdenes de Mefisto. Pero tú, hermano, envidioso de mí y de mi buena relación con nuestro padre, me diste un somnífero mientras dormía y me llevaste a la sala donde yacía Raiden. Me ataste a una plancha idéntica e hiciste el proceso adecuado: metiste mi alma en el cuerpo de Raiden, con la esperanza de que, al matar a Raiden, me matarían a mí también. Pero fallaste. Cuando me desperté, estaba oscuro y no veía nada. Con un increíble esfuerzo, logré imponerme en ese cuerpo extraño y utilizar mis poderes para teletransportarme fuera de allí. Dormí durante días. Cuando por fin desperté, me di cuenta de que estaba andando. Era yo, pero no era yo. Intenté hacerme con el control y caí al suelo. El cuerpo se quedó quieto y una presencia que no había sentido hasta entonces apareció. La conciencia de Raiden. Ése fue nuestro primer “encuentro”. Hablamos largo y tendido, poniendo en común nuestros conocimientos. Y, puesto que no quedaba más remedio, decidimos formar sociedad. Aprendimos uno del otro, incluso a desarrollar las técnicas de combate del otro y a manifestar nuestras formas, como acabas de ver. Más tarde, Raiden entró en el Hexágono y yo me enteré de que gobernabas aquí. Raiden me prometió que, ya que le había salvado la vida teletransportándole fuera del Inframundo, él me ayudaría a vengarme de Norrin por lo que me hizo. En ese momento le encargaron una misión en el Hexágono, la de eliminar a Sherpe. Que, curiosamente, estaba bajo tu protección. Qué grata coincidencia, ¿no?

Todos se quedaron boquiabiertos ante semejante revelación. La tensión se podía palpar en el aire. Todos miraban a Azazel y a Norrin alternativamente. Hermanos… y príncipes del Inframundo. Demasiado increíble como para creerlo.
-¡Eso es agua pasada! -gritó Norrin.- Maldita sea, ¡deberías estar muerto! ¡Ambos deberíais estar muertos!
-Pero los dos estamos vivos. Y unidos para siempre, gracias a ti. Además, no contento con deshacerte de mí, sé que expulsaste a nuestra hermana del Inframundo transformándola en una criatura menor. Te has quitado del medio a todos los que podían entorpecer tu ascenso al trono, ¿eh, canalla? -dijo Azazel.- Pero eso ahora da igual. Ahora te hemos encontrado. Yo ya no puedo asumir el trono del Inframundo porque no soy un Demonio completo. Pero nuestra hermana regresará un día al Infierno y ella será quien gobierne. Y tú morirás aquí. Todo tu plan no habrá servido de nada. Porque no escaparás de mí, al igual que Sherpe no pudo escapar de Raiden.
-Sherpe tampoco intentó huir. -dijo Norrin.- Cuando vino a mí pidiendo protección quise darle una oportunidad, ver qué servicios podía prestarme. Pero no me dijo que venía huyendo de Raiden. De todas maneras, Azazel, a Sherpe le has matado tú, no Raiden. El Hexágono no estará muy contento, suponiendo que conozca vuestra… “relación”.
-Ahora somos el mismo ser, Norrin. Matar yo a Sherpe es matarle Raiden. Igual que, si te mata Raiden, te mataré yo.
-Claro… Has luchado muy bien contra Sherpe, Azazel. No obstante eras un Príncipe Demonio. Pero veamos qué tal te desenvuelves ahora. No te va a resultar fácil batirte conmigo, pero no creas que tienes alguna posibilidad.
Hizo un movimiento con la mano y una sombra surcó el aire. Azazel dio un salto hacia atrás y una fina espada negra se clavó en el suelo, donde segundos antes había estado Azazel. El joven Demonio juntó los dedos y volvió a transformarse en Raiden. Tenía ante él a un chico joven con un atuendo negro, como el suyo, pero con muchas más prendas. Llevaba la boca tapada con un manto negro y tenía el pelo negro y corto, muy corto.
-A ver qué tal se te da contra un ninja de élite, un Jounin.- dijo Norrin.
-Deja, Raiden.- dijo Ikari.- Yo me encargo de éste.


[1] Esta expresión proviene del hecho de que las armas de Sherpe son dos largos colmillos de cobra incorporados a su esqueleto. La hoja de Sumlars, por su parte, fue originalmente un cuerno de unicornio.

[2] Significa “fuego” en la desconocida y extraña lengua arcaica que Raiden conoce y que muy pocos recuerdan.

[3] Significa “hielo” en la misma lengua.

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