Todos
dirigieron una mirada hacia el trono de oro que se erigía al final de la sala.
En él, estaba sentado un Demonio de aspecto humanoide. Su cuerpo era de color plateado,
que brillaba a la luz de las lámparas que colgaban del alto techo dorado. Sus
pies tenían tres largos dedos, mientras que sus manos tenían cinco. Tenía los
ojos blancos, sin pupilas, y rasgados. Dos pequeños cuernos del mismo color
brotaban de su frente. Algunas zonas de su cuerpo eran de color blanquecino
grisáceo. Sonreía con su boca llena de afilados dientes y vestía un manto de
armiño blanco y un cetro dorado. Una larga cola plateada se mecía
tranquilamente detrás de su trono. Era de estatura mediana, más bien pequeña
para la media de los Demonios.
-Me
dijeron que estábais muertos, pandilla de héroes. -dijo el Demonio de piel de plata.-
Es evidente que os subestimaron.
-Norrin.
Al fin nos encontramos. -dijo Raiden entre dientes.- Es curioso, te imaginaba
más alto.
-¡No te
atrevas a burlarte de nuestro señor, sucio bastardo! -gritó un hombre
disfrazado de serpiente que se encontraba a un lado del trono. Llevaba la cara
oculta tras una máscara con forma de cabeza de cobra, y su traje era verde con
zonas rojas.
-Sherpe.
-dijo Raiden sonriendo.- Cuánto tiempo. El Hexágono me mandó a matarte, pero
has estado los últimos meses huyendo de mí hasta que has pedido protección a
Norrin. Pero no te servirá de nada: estoy dispuesto a cumplir mi misión. Y, de
paso, ajustaré cuentas con él. Sabía que os encontraría a los dos aquí, así que
despedíos de la vida.
-¡Já!
-rió Sherpe.- ¿Crees en serio que podrás matar al Rey Sombra? ¿Tú? Me sorprende
tu arrogancia. Eres demasiado débil, Raiden. No tendrías ni la más mínima
posibilidad contra su Excelencia. Olvídate.
-Soy
consciente de ello, Sherpe. Es por eso que vengo tan bien acompañado. Te mataré
a ti primero. -sonrió Raiden.- Y luego arreglaremos los asuntos pendientes con
Norrin.
-¡Nunca!
-gritó Sherpe.
-No
grites tanto, Sherpe. -dijo Norrin.- Tengo los oídos muy sensibles.
-Norrin…
-fue Witt el que habló.- ¿Dónde guardas la Espada Sagrada de Paluthena? ¿Para
qué la quieres?
-La
Espada de la Diosa Madre… ¿qué te hace pensar que contestaré a tus preguntas,
Ángel? Sólo te diré que no pienso devolverla: me es necesaria para los planes
que pretendo llevar a cabo. Y ahora, Sherpe: son todo tuyos. -dijo Norrin
haciendo un gesto con la mano.
El
hombre disfrazado de serpiente lanzó un grito de triunfo y corrió contra
Raiden. Éste entrecruzó los dedos y gritó:
-¡TRANSFORMACIÓN!
Una
nube de humo morado brotó de golpe del cuerpo de Raiden, cubriéndolo por
completo y ocultándolo a la vista de todos. Un olor a azufre invadió la
estancia. El grupo de héroes contemplaba expectante la nube de humo donde se
suponía que estaba Raiden. Sherpe se acercó disparado contra la nube de humo
morado, gritando. Entonces, un puño blanco de tres dedos salió de la humareda y
golpeó a Sherpe en la cara. El hombre disfrazado de serpiente cayó al suelo.
El humo
se disipó y dejó a la vista a un Demonio con la piel de color azul oscuro. El
pelo, negro, un poco largo y rizado. Tres dedos en las manos y dos en los largos
pies. De la parte trasera de la cintura le salía una larga cola con punta de
flecha, también del color de la piel. El traje constaba de guantes y botas,
blancos y ajustados a la forma de los miembros del Demonio. El traje tenía dos
largas hombreras de colores rojo y negro. Llevaba a Sumlars envainada a la
espalda.
-Azazel.-
susurró Norrin con un gesto de rabia.
Sherpe
se levantó e intentó golpear con el puño a su nuevo rival. Azazel lo esquivó,
agarró del brazo a Sherpe y lo arrojó lejos de él. Sherpe aterrizó sobre sus
pies. Azazel se llevó la mano a la espalda.
-Te vas
a enterar, Sherpe.
Desenvainó
a Sumlars y la volteó sobre su cabeza. Al tiempo, Sherpe extrajo unos pinchos
afilados de sus antebrazos.
-Los
dientes de la serpiente contra el cuerno del unicornio.[1]-
susurró Azazel.- Esto va a ser muy interesante.
Sumlars
chocó contra ambos pinchos y los dos combatientes retrocedieron.
-Ríndete,
Sherpe.- dijo Azazel.- Te he seguido hasta aquí y no voy a dejarte escapar. No
más.
-Cállate,
pedazo bastardo, nunca me atraparás. No eres rival para mí. Además, tu espada
supuestamente forjada por los Dioses no tiene poder suficiente para romper mis
colmillos de cobra. ¿Qué pasa, eres más débil de lo que creías?- se mofó
Sherpe.
-Nada
de eso. Lo que ocurre es que no quiero desarmarte tan rápido. Quiero hacer de
este duelo algo interesante. De todas maneras, su poder mágico es absoluto.
Déjame mostrártelo.- Azazel levantó la espada por encima de su cabeza y gritó:
-¡DOMUVAT![2]
El
fuego de la mitad de la hoja de Sumlars inundó por completo toda la hoja.
Azazel dio un golpe en el suelo con la espada y una hilera de llamas fue
derecha hacia Sherpe. Éste la esquivó por los pelos.
Los
sizhs protegían a Norrin con sus lanzas mientras el grupo de héroes
contemplaban absortos el combate. Norrin, sentado cómodamente en su trono,
miraba con interés el combate. Azazel le lanzaba llamaradas a Sherpe moviendo
la espada y éste las esquivaba por muy poco, gracias a su agilidad serpentina.
-Ya me
he cansado de ti.- dijo Azazel.- No me estás suponiendo ningún desafío, Sherpe.
Te creía un rival más digno, pero no eres más que un cobarde aburrido. Acabemos
con esto.
Levantó
nuevamente la espada y gritó:
-¡HAIHASS![3]
El hielo
extinguió el fuego y cubrió la hoja por completo. Volteó la espada sobre su
cabeza y empezó a disparar ráfagas de afilados témpanos contra Sherpe. Éste los
esquivó todos y, en un cese del ataque del Demonio, se arrojó contra su enemigo.
Azazel
hizo un rápido movimiento y, antes de que las armas de su rival le alcanzasen,
le cogió con la cola por el cuello. Le inmovilizó y lo levantó en el aire.
-Se
acabó, Sherpe.- dijo.- Nunca debiste llamar la atención del Hexágono, y mucho
menos creer que podrías rivalizar contra mí. Adiós.
Levantó la espada y hundió el frío
filo en el pecho de su enemigo. Un chorro de sangre salpicó el uniforme de
Azazel. Sherpe se sacudió un poco, cada vez menos, hasta que quedó inmóvil. Su
larga carrera criminal había acabado. Azazel sostuvo el cuerpo de Sherpe
clavado en Sumlars como si fuese un pincho moruno.
-Vaya, Azazel, veo que no has
perdido facultades. -sonrió Norrin.
-¿Qué pasa? ¿Acaso sientes pena
por tu protegido,… hermano? -dijo éste devolviéndole la sonrisa.
Todos los presentes se quedaron de
piedra. Sheik no daba crédito a lo que acababa de oír. No podía ser cierto.
Norrin no podía ser... su hermano.
-¡No me llames así, maldito! -gritó
Norrin- ¡Para mí no eres mi hermano! ¡Sólo eres un estúpido expulsado!
-Soy tu hermano te guste o no. -le
dijo Azazel sacando el filo de Sumlars del cuerpo inerte de Sherpe y tirando el
cadáver al suelo.- Al fin y al cabo, es culpa tuya. ¿Hace falta que te recuerde
cómo ocurrió?
El silencio se apoderó de la sala.
Todos se mantenían expectantes y cada uno de los presentes estaba sudando.
-Si no recuerdo mal, -comenzó
Azazel.- mi alter ego, Raiden....
-¡Cállate! -ordenó Norrin,
gritando.- ¡Cállate! ¡No quiero oírlo!
-......estaba en el Inframundo en
busca de nuestro padre, Mefisto.
Todos soltaron una exclamación de
asombro: Mefisto era el Demonio Rey, el Satán bíblico, el responsable del mal
en el mundo. Eso significaba que Azazel y Norrin eran los Príncipes del
Inframundo.
-Raiden, -prosiguió Azazel
limpiando la hoja de su espada con su guante.- por entonces Asesino a sueldo,
se hallaba ante una cámara dorada, posiblemente la habitación de Mefisto. Tenía
el encargo de matar al Líder de los Demonios. Pero antes de que pudiese abrir
la puerta, un agujero negro salido del suelo se lo tragó. Raiden cayó y se
golpeó la cabeza contra el suelo, quedando inconsciente ante los endiablados
científicos de nuestro padre. Éstos lo ataron a una plancha metálica y lo
dejaron allí hasta el día siguiente. Para matarle, siguiendo las órdenes de
Mefisto. Pero tú, hermano, envidioso de mí y de mi buena relación con nuestro
padre, me diste un somnífero mientras dormía y me llevaste a la sala donde
yacía Raiden. Me ataste a una plancha idéntica e hiciste el proceso adecuado:
metiste mi alma en el cuerpo de Raiden, con la esperanza de que, al matar a
Raiden, me matarían a mí también. Pero fallaste. Cuando me desperté, estaba
oscuro y no veía nada. Con un increíble esfuerzo, logré imponerme en ese cuerpo
extraño y utilizar mis poderes para teletransportarme fuera de allí. Dormí
durante días. Cuando por fin desperté, me di cuenta de que estaba andando. Era
yo, pero no era yo. Intenté hacerme con el control y caí al suelo. El cuerpo se
quedó quieto y una presencia que no había sentido hasta entonces apareció. La
conciencia de Raiden. Ése fue nuestro primer “encuentro”. Hablamos largo y
tendido, poniendo en común nuestros conocimientos. Y, puesto que no quedaba más
remedio, decidimos formar sociedad. Aprendimos uno del otro, incluso a desarrollar
las técnicas de combate del otro y a manifestar nuestras formas, como acabas de
ver. Más tarde, Raiden entró en el Hexágono y yo me enteré de que gobernabas aquí.
Raiden me prometió que, ya que le había salvado la vida teletransportándole
fuera del Inframundo, él me ayudaría a vengarme de Norrin por lo que me hizo.
En ese momento le encargaron una misión en el Hexágono, la de eliminar a
Sherpe. Que, curiosamente, estaba bajo tu protección. Qué grata coincidencia,
¿no?
Todos
se quedaron boquiabiertos ante semejante revelación. La tensión se podía palpar
en el aire. Todos miraban a Azazel y a Norrin alternativamente. Hermanos… y
príncipes del Inframundo. Demasiado increíble como para creerlo.
-¡Eso
es agua pasada! -gritó Norrin.- Maldita sea, ¡deberías estar muerto! ¡Ambos
deberíais estar muertos!
-Pero
los dos estamos vivos. Y unidos para siempre, gracias a ti. Además, no contento
con deshacerte de mí, sé que expulsaste a nuestra hermana del Inframundo
transformándola en una criatura menor. Te has quitado del medio a todos los que
podían entorpecer tu ascenso al trono, ¿eh, canalla? -dijo Azazel.- Pero eso
ahora da igual. Ahora te hemos encontrado. Yo ya no puedo asumir el trono del
Inframundo porque no soy un Demonio completo. Pero nuestra hermana regresará un
día al Infierno y ella será quien gobierne. Y tú morirás aquí. Todo tu plan no
habrá servido de nada. Porque no escaparás de mí, al igual que Sherpe no pudo
escapar de Raiden.
-Sherpe
tampoco intentó huir. -dijo Norrin.- Cuando vino a mí pidiendo protección quise
darle una oportunidad, ver qué servicios podía prestarme. Pero no me dijo que
venía huyendo de Raiden. De todas maneras, Azazel, a Sherpe le has matado tú, no
Raiden. El Hexágono no estará muy contento, suponiendo que conozca vuestra…
“relación”.
-Ahora
somos el mismo ser, Norrin. Matar yo a Sherpe es matarle Raiden. Igual que, si
te mata Raiden, te mataré yo.
-Claro…
Has luchado muy bien contra Sherpe, Azazel. No obstante eras un Príncipe
Demonio. Pero veamos qué tal te desenvuelves ahora. No te va a resultar fácil
batirte conmigo, pero no creas que tienes alguna posibilidad.
Hizo un
movimiento con la mano y una sombra surcó el aire. Azazel dio un salto hacia
atrás y una fina espada negra se clavó en el suelo, donde segundos antes había
estado Azazel. El joven Demonio juntó los dedos y volvió a transformarse en Raiden.
Tenía ante él a un chico joven con un atuendo negro, como el suyo, pero con
muchas más prendas. Llevaba la boca tapada con un manto negro y tenía el pelo
negro y corto, muy corto.
-A ver
qué tal se te da contra un ninja de élite, un Jounin.- dijo Norrin.
-Deja,
Raiden.- dijo Ikari.- Yo me encargo de éste.
[1] Esta expresión proviene
del hecho de que las armas de Sherpe son dos largos colmillos de cobra
incorporados a su esqueleto. La hoja de Sumlars, por su parte, fue
originalmente un cuerno de unicornio.
[2] Significa “fuego” en la
desconocida y extraña lengua arcaica que Raiden conoce y que muy pocos
recuerdan.
[3] Significa “hielo” en la
misma lengua.
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