-¡Ikari!
-gritó Snail- ¿Qué haces aquí?
-Hola,
Snail -dijo el recién llegado. En altura, era más o menos como el hombre
psíquico. Llevaba un traje negro completo, con un pequeño escote puntiagudo. Llevaba
un par de sandalias de color marrón oscuro. Tenía el brazo izquierdo vendado y
el pelo blanco y de punta. El dibujo de una esfera roja con una espiral negra
en su interior adornaba su hombro derecho.
-¿Qué
narices estás haciendo aquí, Ikari? -gritó Snail- ¡Se supone que tenías que
quedarte en El Refugio! ¡Esta misión la tenía que realizar yo!
-Ya lo
sé, pero en El Refugio me aburría, y si no llego a estar aquí, no lo contáis. Vas
a tener que trabajar más en tu escudo psíquico… Por cierto, ¿quiénes son los
que forman este grupo tan variopinto?
-Empezaré
a presentarnos. -se adelantó Raiden, antes de que Snail empezase a replicar.- Yo
soy Raiden, semi-Elfo y semi-Yan, domino la energía oscura y trabajo para el
Hexágono. Éste es mi hermano pequeño, Sheik, especializado en la lucha con afiladas
agujas.
Sheik
saludó con la cabeza.
-El Ángel
es Witt, capitán del Ejército de Paluthena, domina la energía celestial y
acompaña a Altair, el Elfo, el Tercer Elegido por La Fuerza Enigma y poseedor
de la Fuerza Fénix. Y éste....
-Es
Snail, -le interrumpió Ikari- mi hermano, hijo de Tabbú Hayubasa, Psi-Lord, Segundo
Elegido en La Fuerza Enigma y poseedor de la Fuerza Dragón. Domina la energía
Psíquica. Y yo soy Ikari Hayubasa, el Shinobi[1]
Legendario de la Hermandad de la Cobra, poseedor del Aura o Fuerza Aural y también
trabajo en el Hexágono. Soy el último componente de La Fuerza Enigma, poseedor
de la Fuerza Unicornio.
Raiden
e Ikari cruzaron una mirada.
-¿Eres
acaso el agente Zero? -le preguntó Raiden.
-Lo soy,
agente 13. -le contestó Ikari.
-Vaya,
todos te dábamos por muerto. -le dijo.- Desapareciste en una misión sin dejar
rastro.
-En esa
misión sí que me dieron por muerto. -le respondió Ikari- Pero sobreviví y aquí
estoy. Dejé el Hexágono porque… no era lo que yo buscaba.
-Ya
veo…
-Bueno,
finalizadas las presentaciones y la conversación sobre el trabajo, creo que nos
podemos ir de aquí antes de que....
Altair
no llegó a terminar la frase, porque un disparo láser impactó contra la pared
que había a su derecha, provocando que los circuitos que recorrían esa pared
reventasen, con la consecuente lluvia de chispas y humo.
-¡Eres
un inútil!- gritó alguien- ¡Trae acá la pistola!
Un
nuevo disparo se dirigió hacia ellos, pero ya estaban sobre aviso.
-¡PSIQUE-SHIELD!-
gritó Snail.
-¡Protego-nin-jutsu!-
gritó a su vez Ikari.
-¡KAISHE-KAI!-
gritó Raiden.
La
combinación de los tres escudos de energía fue demasiado para el rayo láser,
que se extinguió. El humo se disipó y pudieron apreciar el contorno de dos
figuras: una era la de lobo humanoide les apuntaba con una pistola metálica.
Llevaba un traje de color gris con tonos azulados. En las rodilleras y en las
hombreras mostraba varios, pequeños y afilados pinchos. Su pelaje, blanco y
gris. Su expresión de furia permitía ver sus afilados dientes. El segundo era una
rata de pelaje gris del tamaño de un árbol que les miraba con cara de rabia.
-Wolffus
y Kraw.- dijo Altair- ¿Dónde habéis dejado al espadachín y a Metal Knight? Ardo
en deseos de batirme contra ellos.
-¿Y
dónde está el androide?- preguntó Witt.
Un
ruido mecánico a sus espaldas les hizo volverse rápidamente, para ver cómo un
pequeño misil se dirigía hacia ellos a toda velocidad. El grupo de héroes se
apartó rápidamente de su trayectoria y el misil fue directo hacia Wolffus. Este
sacó un aparato de su cinturón y proyectó un rombo azul delante de él. El misil
rebotó contra éste y se dirigió de nuevo hacia el grupo, pero perdió potencia y
explotó en el aire.
-¡Maldito
robot!- gritó Wolffus- ¡Si no llega a ser por el Reflector, nos fríes a
nosotros!
-Lo
siento.- se disculpó el droide, saliendo de entre las sombras. Su cuerpo robótico
era completamente verde. Un casco rojo con visor amarillo y un cañón en lugar
de mano derecha completaban el cuerpo del tercer capitán.
-Lamento
que hayamos cruzado accidentalmente nuestros caminos, pero debemos llegar hasta
Norrin. Y, por consiguiente, hasta Sherpe- dijo Raiden.- Vosotros no nos
interesáis una mierda. Así que apartaos.
-¡Cómo
te atreves a llamar al Líder por su nombre de pila, escoria inmunda!- explotó
Wolffus- ¡Llámale Excelentísimo Rey Sombra! ¡Muestra respeto!
-¿Respeto?
¿Respeto hacia ese gran capullo? Nunca.- Raiden lanzó una mirada intimidatoria
a Wolffus con sus ojos azules, que brillaron amenazadoramente.
-Así
que estáis aquí, en Wesfair.- dijo Witt.- Y cuando pienso que nosotros creíamos
que ya estábais en Atalántica… Pero estáis aquí, con Norrin. Con vuestro líder.
¿Cómo es posible, si vimos vuestras huellas en el Puente?
-Fantástico,
Ángel.- le felicitó Wolffus.- Cuando te vi por vez primera, no me pareció que
tuvieras muchas luces. Pero las apariencias engañan. En efecto, estamos aquí
para recibir órdenes de Norrin y saber hacia dónde dirigirnos ahora. Las
huellas en el Puente eran un simple engaño para que perdieseis el tiempo yendo
a Atalántica y, con suerte, murieseis por el camino mientras nosotros
continuábamos conquistando territorios. Nunca se nos ocurrió que pudieses
llegar hasta nuestra base. Pero ahora que os tenemos aquí, os mataremos. Os han
contratado para detenernos. Y, por supuesto, no lo vamos a permitir.
Wolffus
dio un silbido y por todas partes aparecieron de la nada centenares de Demonios
menores. Eran pequeños y de todos los colores, con ojos rojos y ninguna
expresión en el rostro.
-¡Qué
guay!- gritó Sheik -¡Un montón de bichos feos!
-Atacadles
a la luz roja que tienen en la cabeza.- dijo Witt- Eso los desintegrará. Pero
no dejéis que os toquen. Luché contra estos Demonios en el Reino del Cielo, sé
lo que digo.
Raiden
alzó el brazo y disparó un rayo púrpura contra la luz de uno de ellos. Éste se
desintegró en diminutas bolitas moradas. Sheik alcanzó tres luces con sus
agujas. Altair y Witt disparaban flechas a todas las cabezas, además de cortar
con sus respectivas espadas. Ikari lanzaba shurikens[2]
a todas partes y Snail cortaba cabezas con su daga dorada. Pronto se vieron
rodeados de un montón de bolitas moradas.
-Bien,
amigo.- dijo Snail- ¿Qué más nos vas a echar?
-Esto.-
sonrió el Lobo-Hombre.
Dio dos
silbidos y todas las bolitas moradas se unieron formando un Demonio morado
gigantesco.
-Esto
es fácil a pesar de su tamaño.- dijo Ikari- Sólo hay que llegar a su cabeza y
acabar con él.
Dicho
esto, dio un salto, sacó un kunai y se lo clavó al demonio donde tenía la luz
roja. El único y pequeño inconveniente fue que no había luz roja.
-¿Pero
qué.......?- masculló Ikari.
El
monstruo movió el puño y tiró a Ikari al suelo, que aterrizó sobre los pies.
-Me
temo que no tiene la lucecita.- les dijo Ikari a los demás- ¿Qué propones que hagamos
ahora, Ángel?
-Sólo
una cosa.- contestó Witt- ¡Corred!
Todos dieron
la vuelta y salieron corriendo por el pasillo. El gigantesco Demonio salió en
su persecución. Wolffus soltó una carcajada y les dijo a sus compañeros:
-El Demonio
se encargará de ellos. Volvamos con el Rey Sombra, a ver qué territorio nos
encarga ahora. Me gusta la idea de Atalántica.
-Wolffus,
¿no deberíamos asegurarnos de que mueren? -preguntó A3.- Ya sabes, normalmente
los malos no se aseguran de la muerte de los enemigos y luego vienen los
disgustos.
-Te
digo que no hay peligro. Vámonos, no volveremos a encontrarnos con ellos.
¿Dónde coño está Metal Knight?
-Creo
que se está preparando para una misión especial que le ha encargado el Rey
Sombra.
-Putas
misiones especiales… ésas son las que molan, no las mierdas que nos encargan a
nosotros. -se quejó Wolffus.- Tanto rollo de someter reinos que no tienen ni un
ejército decente, que no representan ningún desafío. Ya no quedan lugares como
el Reino del Cielo, de esos cuyas defensas son imbatibles… yo creo que por eso
se fue el espadachín, por puro aburrimiento. ¿Cómo se llamaba?
-No nos
lo dijo. Nunca quiso decírnoslo.- respondió A3.
El
grupo de capitanes dio la vuelta y avanzó hasta el final del metálico pasillo.
Allí entraron por una pequeña puerta, que se cerró a sus espaldas. Tan pronto
como sus enemigos se fueron, los seis héroes detuvieron bruscamente su carrera y
se giraron. El Demonio también se paró y les miró con toda la extrañeza que le
permitía su inalterable rostro.
-Bien,
amiguito, ahora que creen que ya no estamos en este mundo, ha llegado tu hora.-
dijo Sheik.
-¡Todos
a una! -gritó Altair.- ¡YA!
-¡PSIQUE-FORCE!- gritó Snail.
-¡TORMENTA AURAL!- gritó Ikari.
-¡HAI-DO-ZEN!- gritó Raiden.
-¡KRAKAROA!- gritó Witt.
Los cuatro
rayos de energía (verde, azul oscuro, morado, y blanco amarillento;
respectivamente) impactaron en el cuerpo del Demonio, que se tambaleó,
debilitado. Pero no cayó. De repente, una estela azul cruzó de lado a lado al
demonio, y se detuvo en su hombro. Era un chico joven, pero con el pelo totalmente
blanco, como Ikari, y un traje azul completo, con un rayo blanco cruzándole el
pecho de un lado a otro. Llevaba también guantes largos y botas de color
blanco. Sonrió al grupo. Y golpeó con el puño al Demonio en toda la cara. El cuerpo del monstruo cayó al suelo y se
dividió en las conocidas bolitas moradas. El recién llegado aterrizó frente al
grupo.
-Bueno, esto ya es una auténtica convención. -dijo
Witt- ¿Y tú eres...?
-Mi
nombre es Silver. -se presentó el joven.- He venido a acabar con Norrin,
llamado por estas tierras Rey Sombra.
-Pues
bienvenido al gremio.- dijo Altair.
-Si
buscamos los mismos intereses, seguidme. -dijo el llamado Silver.- Conozco bien
esta base, os llevaré hacia donde se encuentra Norrin. Parecéis fuertes, así
será más fácil acabar con él.
-Dinos,
¿de dónde vienes? -preguntó Snail.- ¿Por qué quieres destruir a Norrin?
-Soy un
Mutante, de Kalankar. -dijo Silver.-Quiero poner fin a esta guerra que asola
pueblos enteros y, para ello, Norrin debe caer.
-Mutante…
¿De nacimiento o alterado posteriormente?[3]
-Alterado.
Por desgracia.
-Lo
siento.
-No
importa. Ya no recuerdo nada, tampoco el dolor. Hace ya mucho tiempo… y gracias
a ello, ahora soy capaz de alcanzar la velocidad de la luz. Vamos, seguidme.
Corrieron
por un pasillo hasta que llegaron ante una enorme puerta dorada con un ojo
gigante de mármol en el centro.
-Aquí
está: la sala central de este edificio, la Sala Norrin o Sala de las
Tinieblas.- dijo Silver.
-Por el
nombre, el tío sufre de egocentrismo galopante. Pues vamos adentro.- dijo Witt.
-¿Notas
la energía de Norrin, Raiden?- preguntó Altair.
-Sí.
Está dentro de esta habitación. Y Sherpe también. No quería que los
acontecimientos tomasen este rumbo, pero parece que no hay otra opción: sólo
nos queda rezar porque nuestras fuerzas, unidas, sean capaces de hacer frente
al poder de Norrin. Somos varios, tal vez tengamos alguna posibilidad.
El enorme
ojo incrustado en la puerta echó pequeños rayos negros por su pupila, se deslizó
a un lado y la puerta dorada se abrió de par en par.
-Bueno,
aquí vamos.- dijo Altair.
Entraron
en la gran sala. Las paredes eran doradas, con extrañas inscripciones grabadas
en ellas. Había varios grupos de sizhs armados con lanzas de puntas electrificadas,
mastodontes enormes con grandes cuernos negros y bichos alados que gritaban sin
parar, todos atados a la pared por gruesas cadenas de hierro. Todo un
zoológico.
-Vaya,
vaya, vaya… -dijo una tenebrosa voz- ¿Pero a quién tenemos aquí?
[1] Sinónimo de ninja (nombre
comercial). En los Tiempos Arcaicos eran guerreros de élite japoneses
especializados en los ataques furtivos y el sabotaje. Actualmente, los Shinobis
de Babylon se han convertido en una raza independiente que ha aprendido a
controlar y utilizar la energía tanto interior como exterior. Se cuentan entre
los mejores luchadores en cualquier tipo de combate.
[2] Arma con forma de estrella
de cinco puntas. Normalmente de hierro, se usa como arma arrojadiza. Se suele
utilizar para aturdir o desarmar al oponente. Sin embargo, su efecto también puede
ser mortal.
[3] La raza de los Mutantes de
Babylon se dividen en dos grupos: aquellos que nacen genéticamente con habilidades extraordinarias
y aquellos que, por alguna razón, son Humanos normales alterados genéticamente
después de su nacimiento. Este proceso supone un gran dolor para sujeto.
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