jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo XI


-¡Ikari! -gritó Snail- ¿Qué haces aquí?
-Hola, Snail -dijo el recién llegado. En altura, era más o menos como el hombre psíquico. Llevaba un traje negro completo, con un pequeño escote puntiagudo. Llevaba un par de sandalias de color marrón oscuro. Tenía el brazo izquierdo vendado y el pelo blanco y de punta. El dibujo de una esfera roja con una espiral negra en su interior adornaba su hombro derecho.
-¿Qué narices estás haciendo aquí, Ikari? -gritó Snail- ¡Se supone que tenías que quedarte en El Refugio! ¡Esta misión la tenía que  realizar yo!
-Ya lo sé, pero en El Refugio me aburría, y si no llego a estar aquí, no lo contáis. Vas a tener que trabajar más en tu escudo psíquico… Por cierto, ¿quiénes son los que forman este grupo tan variopinto?
-Empezaré a presentarnos. -se adelantó Raiden, antes de que Snail empezase a replicar.- Yo soy Raiden, semi-Elfo y semi-Yan, domino la energía oscura y trabajo para el Hexágono. Éste es mi hermano pequeño, Sheik, especializado en la lucha con afiladas agujas.
Sheik saludó con la cabeza.
-El Ángel es Witt, capitán del Ejército de Paluthena, domina la energía celestial y acompaña a Altair, el Elfo, el Tercer Elegido por La Fuerza Enigma y poseedor de la Fuerza Fénix. Y éste....
-Es Snail, -le interrumpió Ikari- mi hermano, hijo de Tabbú Hayubasa, Psi-Lord, Segundo Elegido en La Fuerza Enigma y poseedor de la Fuerza Dragón. Domina la energía Psíquica. Y yo soy Ikari Hayubasa, el Shinobi[1] Legendario de la Hermandad de la Cobra, poseedor del Aura o Fuerza Aural y también trabajo en el Hexágono. Soy el último componente de La Fuerza Enigma, poseedor de la Fuerza Unicornio.
Raiden e Ikari cruzaron una mirada.
-¿Eres acaso el agente Zero? -le preguntó Raiden.
-Lo soy, agente 13. -le contestó Ikari.
-Vaya, todos te dábamos por muerto. -le dijo.- Desapareciste en una misión sin dejar rastro.
-En esa misión sí que me dieron por muerto. -le respondió Ikari- Pero sobreviví y aquí estoy. Dejé el Hexágono porque… no era lo que yo buscaba.
-Ya veo…
-Bueno, finalizadas las presentaciones y la conversación sobre el trabajo, creo que nos podemos ir de aquí antes de que....
Altair no llegó a terminar la frase, porque un disparo láser impactó contra la pared que había a su derecha, provocando que los circuitos que recorrían esa pared reventasen, con la consecuente lluvia de chispas y humo.
-¡Eres un inútil!- gritó alguien- ¡Trae acá la pistola!
Un nuevo disparo se dirigió hacia ellos, pero ya estaban sobre aviso.
-¡PSIQUE-SHIELD!- gritó Snail.
-¡Protego-nin-jutsu!- gritó a su vez Ikari.
-¡KAISHE-KAI!- gritó Raiden.
La combinación de los tres escudos de energía fue demasiado para el rayo láser, que se extinguió. El humo se disipó y pudieron apreciar el contorno de dos figuras: una era la de lobo humanoide les apuntaba con una pistola metálica. Llevaba un traje de color gris con tonos azulados. En las rodilleras y en las hombreras mostraba varios, pequeños y afilados pinchos. Su pelaje, blanco y gris. Su expresión de furia permitía ver sus afilados dientes. El segundo era una rata de pelaje gris del tamaño de un árbol que les miraba con cara de rabia.
-Wolffus y Kraw.- dijo Altair- ¿Dónde habéis dejado al espadachín y a Metal Knight? Ardo en deseos de batirme contra ellos.
-¿Y dónde está el androide?- preguntó Witt.
Un ruido mecánico a sus espaldas les hizo volverse rápidamente, para ver cómo un pequeño misil se dirigía hacia ellos a toda velocidad. El grupo de héroes se apartó rápidamente de su trayectoria y el misil fue directo hacia Wolffus. Este sacó un aparato de su cinturón y proyectó un rombo azul delante de él. El misil rebotó contra éste y se dirigió de nuevo hacia el grupo, pero perdió potencia y explotó en el aire.
-¡Maldito robot!- gritó Wolffus- ¡Si no llega a ser por el Reflector, nos fríes a nosotros!
-Lo siento.- se disculpó el droide, saliendo de entre las sombras. Su cuerpo robótico era completamente verde. Un casco rojo con visor amarillo y un cañón en lugar de mano derecha completaban el cuerpo del tercer capitán.
-Lamento que hayamos cruzado accidentalmente nuestros caminos, pero debemos llegar hasta Norrin. Y, por consiguiente, hasta Sherpe- dijo Raiden.- Vosotros no nos interesáis una mierda. Así que apartaos.
-¡Cómo te atreves a llamar al Líder por su nombre de pila, escoria inmunda!- explotó Wolffus- ¡Llámale Excelentísimo Rey Sombra! ¡Muestra respeto!
-¿Respeto? ¿Respeto hacia ese gran capullo? Nunca.- Raiden lanzó una mirada intimidatoria a Wolffus con sus ojos azules, que brillaron amenazadoramente.
-Así que estáis aquí, en Wesfair.- dijo Witt.- Y cuando pienso que nosotros creíamos que ya estábais en Atalántica… Pero estáis aquí, con Norrin. Con vuestro líder. ¿Cómo es posible, si vimos vuestras huellas en el Puente?
-Fantástico, Ángel.- le felicitó Wolffus.- Cuando te vi por vez primera, no me pareció que tuvieras muchas luces. Pero las apariencias engañan. En efecto, estamos aquí para recibir órdenes de Norrin y saber hacia dónde dirigirnos ahora. Las huellas en el Puente eran un simple engaño para que perdieseis el tiempo yendo a Atalántica y, con suerte, murieseis por el camino mientras nosotros continuábamos conquistando territorios. Nunca se nos ocurrió que pudieses llegar hasta nuestra base. Pero ahora que os tenemos aquí, os mataremos. Os han contratado para detenernos. Y, por supuesto, no lo vamos a permitir.
Wolffus dio un silbido y por todas partes aparecieron de la nada centenares de Demonios menores. Eran pequeños y de todos los colores, con ojos rojos y ninguna expresión en el rostro.
-¡Qué guay!- gritó Sheik -¡Un montón de bichos feos!
-Atacadles a la luz roja que tienen en la cabeza.- dijo Witt- Eso los desintegrará. Pero no dejéis que os toquen. Luché contra estos Demonios en el Reino del Cielo, sé lo que digo.
Raiden alzó el brazo y disparó un rayo púrpura contra la luz de uno de ellos. Éste se desintegró en diminutas bolitas moradas. Sheik alcanzó tres luces con sus agujas. Altair y Witt disparaban flechas a todas las cabezas, además de cortar con sus respectivas espadas. Ikari lanzaba shurikens[2] a todas partes y Snail cortaba cabezas con su daga dorada. Pronto se vieron rodeados de un montón de bolitas moradas.
-Bien, amigo.- dijo Snail- ¿Qué más nos vas a echar?
-Esto.- sonrió el Lobo-Hombre.
Dio dos silbidos y todas las bolitas moradas se unieron formando un Demonio morado gigantesco.
-Esto es fácil a pesar de su tamaño.- dijo Ikari- Sólo hay que llegar a su cabeza y acabar con él.
Dicho esto, dio un salto, sacó un kunai y se lo clavó al demonio donde tenía la luz roja. El único y pequeño inconveniente fue que no había luz roja.
-¿Pero qué.......?- masculló Ikari.
El monstruo movió el puño y tiró a Ikari al suelo, que aterrizó sobre los pies.
-Me temo que no tiene la lucecita.- les dijo Ikari a los demás- ¿Qué propones que hagamos ahora, Ángel?
-Sólo una cosa.- contestó Witt- ¡Corred!
Todos dieron la vuelta y salieron corriendo por el pasillo. El gigantesco Demonio salió en su persecución. Wolffus soltó una carcajada y les dijo a sus compañeros:
-El Demonio se encargará de ellos. Volvamos con el Rey Sombra, a ver qué territorio nos encarga ahora. Me gusta la idea de Atalántica.
-Wolffus, ¿no deberíamos asegurarnos de que mueren? -preguntó A3.- Ya sabes, normalmente los malos no se aseguran de la muerte de los enemigos y luego vienen los disgustos.
-Te digo que no hay peligro. Vámonos, no volveremos a encontrarnos con ellos. ¿Dónde coño está Metal Knight?
-Creo que se está preparando para una misión especial que le ha encargado el Rey Sombra.
-Putas misiones especiales… ésas son las que molan, no las mierdas que nos encargan a nosotros. -se quejó Wolffus.- Tanto rollo de someter reinos que no tienen ni un ejército decente, que no representan ningún desafío. Ya no quedan lugares como el Reino del Cielo, de esos cuyas defensas son imbatibles… yo creo que por eso se fue el espadachín, por puro aburrimiento. ¿Cómo se llamaba?
-No nos lo dijo. Nunca quiso decírnoslo.- respondió A3.
El grupo de capitanes dio la vuelta y avanzó hasta el final del metálico pasillo. Allí entraron por una pequeña puerta, que se cerró a sus espaldas. Tan pronto como sus enemigos se fueron, los seis héroes detuvieron bruscamente su carrera y se giraron. El Demonio también se paró y les miró con toda la extrañeza que le permitía su inalterable rostro.
-Bien, amiguito, ahora que creen que ya no estamos en este mundo, ha llegado tu hora.- dijo Sheik.
-¡Todos a una! -gritó Altair.- ¡YA!

-¡PSIQUE-FORCE!- gritó Snail.
-¡TORMENTA AURAL!- gritó Ikari.
-¡HAI-DO-ZEN!- gritó Raiden.
-¡KRAKAROA!- gritó Witt.
Los cuatro rayos de energía (verde, azul oscuro, morado, y blanco amarillento; respectivamente) impactaron en el cuerpo del Demonio, que se tambaleó, debilitado. Pero no cayó. De repente, una estela azul cruzó de lado a lado al demonio, y se detuvo en su hombro. Era un chico joven, pero con el pelo totalmente blanco, como Ikari, y un traje azul completo, con un rayo blanco cruzándole el pecho de un lado a otro. Llevaba también guantes largos y botas de color blanco. Sonrió al grupo. Y golpeó con el puño al Demonio en toda la cara.  El cuerpo del monstruo cayó al suelo y se dividió en las conocidas bolitas moradas. El recién llegado aterrizó frente al grupo.
 -Bueno, esto ya es una auténtica convención. -dijo Witt- ¿Y tú eres...?
-Mi nombre es Silver. -se presentó el joven.- He venido a acabar con Norrin, llamado por estas tierras Rey Sombra.
-Pues bienvenido al gremio.- dijo Altair.
-Si buscamos los mismos intereses, seguidme. -dijo el llamado Silver.- Conozco bien esta base, os llevaré hacia donde se encuentra Norrin. Parecéis fuertes, así será más fácil acabar con él.
-Dinos, ¿de dónde vienes? -preguntó Snail.- ¿Por qué quieres destruir a Norrin?
-Soy un Mutante, de Kalankar. -dijo Silver.-Quiero poner fin a esta guerra que asola pueblos enteros y, para ello, Norrin debe caer.
-Mutante… ¿De nacimiento o alterado posteriormente?[3]
-Alterado. Por desgracia.
-Lo siento.
-No importa. Ya no recuerdo nada, tampoco el dolor. Hace ya mucho tiempo… y gracias a ello, ahora soy capaz de alcanzar la velocidad de la luz. Vamos, seguidme.
Corrieron por un pasillo hasta que llegaron ante una enorme puerta dorada con un ojo gigante de mármol en el centro.
-Aquí está: la sala central de este edificio, la Sala Norrin o Sala de las Tinieblas.- dijo Silver.
-Por el nombre, el tío sufre de egocentrismo galopante. Pues vamos adentro.- dijo Witt.
-¿Notas la energía de Norrin, Raiden?- preguntó Altair.
-Sí. Está dentro de esta habitación. Y Sherpe también. No quería que los acontecimientos tomasen este rumbo, pero parece que no hay otra opción: sólo nos queda rezar porque nuestras fuerzas, unidas, sean capaces de hacer frente al poder de Norrin. Somos varios, tal vez tengamos alguna posibilidad.
El enorme ojo incrustado en la puerta echó pequeños rayos negros por su pupila, se deslizó a un lado y la puerta dorada se abrió de par en par.
-Bueno, aquí vamos.- dijo Altair.
Entraron en la gran sala. Las paredes eran doradas, con extrañas inscripciones grabadas en ellas. Había varios grupos de sizhs armados con lanzas de puntas electrificadas, mastodontes enormes con grandes cuernos negros y bichos alados que gritaban sin parar, todos atados a la pared por gruesas cadenas de hierro. Todo un zoológico.
-Vaya, vaya, vaya… -dijo una tenebrosa voz- ¿Pero a quién tenemos aquí?


[1] Sinónimo de ninja (nombre comercial). En los Tiempos Arcaicos eran guerreros de élite japoneses especializados en los ataques furtivos y el sabotaje. Actualmente, los Shinobis de Babylon se han convertido en una raza independiente que ha aprendido a controlar y utilizar la energía tanto interior como exterior. Se cuentan entre los mejores luchadores en cualquier tipo de combate.
[2] Arma con forma de estrella de cinco puntas. Normalmente de hierro, se usa como arma arrojadiza. Se suele utilizar para aturdir o desarmar al oponente. Sin embargo, su efecto también puede ser mortal.

[3] La raza de los Mutantes de Babylon se dividen en dos grupos: aquellos que nacen  genéticamente con habilidades extraordinarias y aquellos que, por alguna razón, son Humanos normales alterados genéticamente después de su nacimiento. Este proceso supone un gran dolor para sujeto. 

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