Vamos a ver... Moisés es un pobre individuo que le toca cargar con los caprichos de Dios. No, ahora en serio. Moisés es uno de los pocos supervivientes de la pobreza que asola al pueblo hebreo en Egipto. Su madre, una nodriza, le mete siendo un bebé en una cesta de mimbre y lo deposita en el río, encargando a su hija mayor que siga a la cesta desde la orilla. Finalmente, la cesta de mimbre llega (mira tú por dónde) al estanque de los jardines del faraón; donde se encuentra (qué coincidencia) la hija del faraón. Ésta recoge la cesta y encuentra al niño, y en un momento de lucidez, dice: "Pues éste va a ser un hijo de los hebreos". Muy bien, campeona. Qué lista. Así, ordena a una de sus esclavas que vaya a buscar a una de las nodrizas hebreas para que cuide al niño. Y (fíjate tú qué cosas) la esclava trae ni más ni menos que a la madre del niño. Así, la madre se encarga del cuidado de su propio hijo para la princesa de Egipto. Y el niño es llamado Moisés, que significa "sacado de las aguas" (sí, se curraban los nombres").
En esto que el niño, ya crecidito, comienza a vivir una vida palaciega. Y vive como hermano adoptivo de nada más y nada menos que el príncipe Ramsés, el futuro Ramsés II. Ahora bien, un buen día Moisés, ya adulto, baja a ver trabajar a los esclavos (una de las cosas que se pueden permitir los ricos). En esto que aparece un viejo hebreo que, cansado de hacer ladrillos de barro, se derrumba en el suelo. Un capataz egipcio, muy amable él, comienza a abrasarlo a latigazos. Moisés, sabedor de su condición hebrea y en vista de que nadie ayuda al viejo, no se le ocurre otra cosa que detener al egipcio. Pero se pasa en la detención y se lo carga. Luego, para que no se note, lo entierra en la arena (pues no hay ningún egipcio más por allí). Se ve que ese egipcio no tenía ni familia ni amigos, porque nadie le echa de menos. De todas maneras, Moisés decide irse al desierto (sí, en esa época tenían la bonita costumbre de que, cuando la cagaban, se largaban al desierto). Y mira tú por donde que llega a un pequeño poblado hebreo donde se encuentra (mira tú qué cosas) con un puñado de agraciadas jóvenes pastoras. Y sale también el típico tío gilipollas que intenta violar a las jovenzuelas. Y Moisés (que todavía tenía ganas de gresca) sale de los matorrales y se pelea con este tío también. No se sabe que pasa con él, pero yo diría que también se lo carga (Moisés tiene una pequeña predisposición a cargarse a sus rivales). Total, que llega a casa del padre de las pastoras (un simpático viejecillo) que, en agradecimiento, le da por esposa a la más guapa de todas sus hijas (imagínate): Séphora. Y la muchacha le da un hijo, que no vuelve a aparecer en La Biblia. Pringao.
El caso, que un día estaba Moisés tranquilamente con sus rebaños en el monte y de repente, una oveja se le va por otro lado (escena típica y estereotipada). Y Moisés deja de lado a sus 485 ovejas para ir a buscar a la maldita oveja que ha desertado. Y va buscando y buscando montaña arriba y de repente, sin previo aviso, se encuentra con una zarza que está ardiendo pero que no se consume. Y entonces, una voz así como grave y poderosa dice: "Moisés.... Moisés.... quítate las sandalias, Moisés, pues el lugar que pisas es sagrado".
Vamos a ver: cualquier individuo con dos dedos de frente pensaría: "Coño, una zarza que habla. Pies, para qué os quiero". Pero Moisés no. Moisés está atolondrado, ha pasado de vivir en un palacio como un príncipe a ser un asesino, renegado y pastor de ovejas. Así que se queda alelado mirando la zarza (pero se quita las sandalias, para respetar a la zarza). Y empieza a charlar con el vegetal. El diálogo que mantienen al principio no me lo conozco muy bien, pero la situación es muy graciosa: imagínate que subes tú a la montaña en una de tus mañanas de alpinismo y te encuentras a un señor de unos 80 años charlando con una zarza que se está quemando...
En fin, que la zarza resulta ser Dios. Y aquí viene la pregunta que nos hacemos todos: si Dios es todopoderoso y se puede transformar en cualquier cosa... ¿por qué cojones elige una zarza en llamas? No es bonito, no es impactante, ni siquiera despierta curiosidad. En fin, el caso es que Dios ha elegido a Moisés para que le haga los recados. Vamos, que ha decidido que ya está bien de que Moisés sea feliz con sus ovejas y que debe convertirse en un revolucionario (a sus 80 años). Y le dice algo así como "Mira, chato: te me vas a ir ahora para Egipto y te me vas a plantar delante del Faraón. Le vas a decir cuatro cosas bien dichas y le vas a ordenar que me libere a los hebreos de la esclavitud." Lo que sí recuerdo bien es la frase que utiliza: "Deja ir a mi pueblo, para que me sirva". Vamos, que Dios tiene envidia de que el Faraón tenga tantos sirvientes y él ninguno. Así que dice: "Voy a quitarle a los esclavos hebreos, que son los que más hay, para que me sirvan a mí en lugar de a él". Y Moisés le dice algo así como: "Oh, mi Señor, haría de buen grado lo que me ordenas, pero soy basto de lengua ya que me dedico por entero a mis ovejas". Lo que se puede traducir como: "Serás cabrón, has tenido que venir a tocarme la moral y a mandarme otra vez de vuelta a Egipto a que te haga tus caprichitos, yo que estaba tan tranquilo buscando a mi puñetera oveja..."
Y Dios le dice: "No importe que hables como una alpargata vieja, Moisés, pues yo hablaré por ti en tu boca." Y Moisés: "Eso no me suena nada bien... qué asco". Total, que el muchacho accede, aún sin preguntarle que si tantas ganas tiene de tener sirviente, que por qué no va él a por ellos o directamente los crea.
Bueno, pues Moisés se despide de su mujer y su hijo y se pira para Egipto. Llega (curiosamente, por supuesto) hasta el poblado de los hebreos, donde es recibido por su hermano Aarón. Este personaje es muy interesante: un pobre desgraciado que también estaba tranquilamente viviendo sus cosas y de repente se le aparece Dios y le dice: "Hola, zagal, soy Dios. Mira, que tu hermano a quien creías muerto va para allá. Cuídamelo y haz lo que te diga." Total, que los dos hermanos se abrazan en un nudo de lágrimas, sollozos, alegría y mocos. Uno diciendo: "Moisés... Moisés..." y el otro: "Aarón... Aarón..." Y después del reencuentro familiar, he aquí que se van al palacio del faraón. Ojo que Moisés tiene 80 años y Aarón tiene 83. Pues se convierten en los ancianos revolucionarios del pueblo hebreo. Algo así como los "yayoflautas" arcaicos. Pues eso, que llegan al palacio de Ramsés II y Moisés se pone a discutir con él: "Deja ir a mi pueblo, para que me sirva". Moisés cumple muy bien su función de papagayo. Pero Ramés, como es lógico, no está dispuesto a perder a la gran mayoría de su mano de obra así, gratuitamente. Así que dice algo como: "Mira, me importa una mierda lo que te haya dicho una zarza en medio de la montaña: no me apetece quedarme sin esclavos. Te jodes". Y entonces Moisés, para demostrar el poder de Dios, le dice a Aarón: "Hermano, arroja mi báculo al suelo." Y aquí está la típica escena del báculo transformándose en una serpiente, y los hechiceros del Faraón haciendo lo mismo. Así, varias veces. Serpientes, ranas, agua convertida en sangre, moscas cojoneras, la madre que las parió... Lo mejor de todo esto es que, con cada plaga que enviaba, Ramsés parecía plantearse la liberación de los hebreos para salvaguardar Egipto, pero Dios "siempre endurecía su corazón". O sea, que estaba ahí dale que te pego, y Dios no quería que Ramsés les liberase en seguida. Un poco cabrón, ¿no?. Es en plan: "Te voy a hacer todas las putadas que se me ocurran, pero no por ello voy a dejar que liberes a los hebreos tan fácilmente". Al final, Dios deja que Ramsés permita a los hebreos abandonar Egipto y conquistar su libertad. Así, los hebreos dirigidos por Moisés y Aarón dejan Egipto y ponen rumbo a la "tierra prometida" de la que les había hablado Dios. Y se meten en el desierto (otra vez). Y aquí llega lo más gracioso de la historia: se tiraron vagando por el desierto 40 años, cuando ese desierto se cruza en 3 días. Una de dos, o a Moisés y a Aarón se les estropeó el GPS o Dios les troleó un poco diciendo: "ahora por aquí.... ahora por ahí.... ahora girad ahí....". Y en una de esas vueltas, ven una enorme nube de polvo a lo lejos. Los hebreos se asustan: "¿qué narices es eso?" Es el ejército del Faraón, dirigido por Ramsés II en persona. Parece que el rey de Egipto ha reconsiderado su postura y ha decidido que no quiere quedarse sin tantos esclavos a la vez. Total, que llega Aarón (cuidado, es Aarón y no Moisés quien abre las aguas del mar) y "despista", por así decirlo, al ejército del faraón. El caso, que finalmente llegan a la llanura del monte Sinaí y Ramsés II ha vuelto a Egipto. Han transcurrido 30 años vagando por el desierto (muchos habían muerto ya y estaban bastante aburridos de dar vueltas.) Así las cosas, Moisés subió al monte Sinaí para hablar con Dios, a ver qué pasaba. Mientras tanto, los hebreos acamparon en la ladera del monte. Pasaron 40 días, y Moisés no apareció de vuelta. Los hebreos, cansados ya de esperarle, dijeron a Aarón que les construyese nuevos dioses, porque de Jehová y Moisés nada se sabía. Así que Aarón fabricó con el oro que habían sacado de Egipto un becerro, y lo colocó sobre un altar. Es posible que este becerro dorado estuviese identificado con el dios-becerro egipcio Apis, dios de la riqueza y la prosperidad. Pues, ¿qué es lo que necesita un pueblo perdido en el desierto si no eso?
Entonces, cuando los hebreos se montan una fiesta de sexo, alcohol y música, baja Moisés del monte. Qué puntería. El caso es que el viejo amargado, al ver que el pueblo se está divirtiendo y él lleva 40 días en lo alto de un monte, se mosquea. Y las tablas que ha grabado Dios, las tira al suelo y las rompe. Vamos a ver, alma de cántaro... Dios ha tardado 40 putos días en escribir 10 jodidas frases. Y vas tú y a las primeras de cambio te las cargas. Qué poca vergüenza.... A lo mejor es por eso que, después de las penurias pasadas, de que Moisés ordenase a sus fieles asesinar a miles de hebreos por adorar a otro dios y de que vagasen por el desierto durante 10 años más... finalmente Moisés, Aarón y los hebreos ven la "tierra prometida". Pero Dios dice a Moisés algo así como: "Os he traído a la tierra que os prometí, donde seréis libres. Has cumplido con todo lo que te he ordenado, y has sido un buen siervo. Desgraciadamente, ya no me sirves. Morirás aquí, en el desierto, sin poder llegar a pisar la tierra por la que has abandonado todo y por lo que tanto has luchado". Y Moisés debió pensar algo así como: "Cabrón".
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