-Dorian... ¿qué carajo estás haciendo?
-¡Ah, mirad quién ha hecho su estelar aparición! No te esperaba por aquí a estas horas, maestro. ¿No tendrías que estar estudiando?
-Sí, pero quien no debería estar aquí eres tú. ¿Por qué te has escapado del libro?
-Elesar, aún no estoy en el libro. Sólo estoy en tu imaginación. Ya sabes, soy esa pequeña idea tuya de plasmar tu personalidad en un personaje de novela de género fantástico. ¿Recuerdas? "Dorian, El Corazón De Tinta". No, en serio, me gusta el nombre. Me gusta más el poder que me has concedido, en eso sí tengo que darte las gracias.
-Bueno, eres una representación mía pasada al papel. Eres uno de los Primigenios del Universo, de sobrenombre "El Escritor". Y posees la habilidad de hacer realidad todo lo que te imagines, utilizando para ello tu poder de manipular un tipo de energía que recuerda a la tinta del escritor...
-No hace falta que me describas, Elesar, ya sé cómo soy.
-Sí, tú lo sabes, pero ellos no.
-¿Los lectores? ¡Ya lo descubrirán!
-Je... No es por contradecirte, pero no creo que la gente que lea mi novela llegue a un cuarto de los que me leen por aquí.
-¿Oh? ¿Y de qué te sorprendes? La leería mucha más gente si la escribieses por aquí.
-Na, no me gusta llevar una novela en un blog. Me gusta más escribirla toda seguida, imprimirla y poder deleitarme pasando sus páginas.
-Ains... no tienes remedio, Elesar. Eres un maldito escritor bohemio, joder.
-Sí, igual que tú.
-¡Yo no soy escritor!
-No, tú eres EL Escritor, ¿recuerdas? Tu poder simboliza mi poder, es decir, el poder de un escritor. La capacidad de crear cosas, lo que sea, a partir de la tinta y teniendo como marioneta tu imaginación. ¿No es fantástico?
-Mmmm sí, supongo que tienes razón. Eres humano, después de todo. Te interesa el poder.
-El poder de crear. El poder de mantener. Y el poder de destruir. Esos tres poderes, las principales características de la tríada divina hindú están reunidos en la figura del escritor. Él crea los personajes, los mantiene sobre las hojas de papel y, si lo desea, puede destruirlos.
-Oh, no, la jodida idea de Dios otra vez...
-¡Exacto! Eso es lo que trato de decir, el escritor es algo así como un Dios: da vida a sus criaturas, crea su mundo y controla absolutamente su destino. ¿No es fantástico?
-Creo que tienes un serio problema.
-Sí, seguramente esté loco, pero la idea... la idea del poder... la idea del Dios a través de la tinta... es lo que me dio la posibilidad de crearte. Tú eres mi Jesús, Dorian. Mi hijo.
-Ehm.... no me salgas ahora con un instinto paternal, ¿ok?
-¡Pero es cierto! Mi Adán fue Furia, pero acabó perdido en los recuerdos. Tú eres el Mesías, el verdadero Mesías. ¡Eres una representación de mí mismo en el mundo que yo he creado para mis hijos!
-No me acaba de gustar ese paralelismo... ¿me espera una crucifixión?
-Sabes de sobra lo que te espera.
-Sí... es cierto. Eso de ser tú... joder, tío, a veces no sé qué pasa por tu jodida cabeza. Es decir, somos la misma persona. Tú en tu mundo y yo en el mío...
-Que yo he creado...
-Sí, que tú has creado. La cuestión es... sé exactamente lo mismo que tú, sé lo que va a pasar con cada uno de los personajes a los que has dado vida, incluido yo mismo.... y sé que no puedo hacer nada para cambiarlo.
-Ésa es precisamente la tragedia del hombre, Dorian. Nadie sabe qué le va a pasar, y aunque lo supiesen, nadie podría cambiarlo.
-¡Pero yo lo sé! ¡Sé lo que va a pasar!
-¿Y no te gusta?
-Preferiría que fuese de otro modo...
-Pero no hay otro modo posible, Dorian. Las grandes historias de los grandes héroes requieren grandes situaciones.
-Sí.... pero tanto como eso...
-No te esfuerces en hablar conmigo, Dorian. Los diálogos con Dios son imposibles.
-Sin embargo, yo estoy hablando contigo.
-Porque no soy un dios.... aunque sí para ti. Y para los otros.
-Yo soy tú en tu mundo, Elesar.
-No exactamente. Tienes tus límites. No puedes matar a nadie simplemente deseándolo. Además, desde el momento en que entras en el libro, Dorian, estás a mi merced y harás exactamente lo que te dicten mis dedos.
-Nunca me ha gustado la esclavitud.
-Lo sé. A nadie le gusta, pero... ¿qué se puede esperar de un creador hacia su creación? Adiós, Dorian. Regresa al sitio que te corresponde, llegará el día en el que el mundo conozca tu nombre y tu terrible y maravilloso poder.
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