El llamativo personaje llegó a las enormes puertas de madera
del Consejo. Vestía una camiseta blanca que casi brillaba con luz propia, una
falda clásica de estilo griego del mismo color y sandalias marrones similares a
las que llevaban los Hombres Arcaicos Griegos[1].
Podría haber pasado por un simple humano de no ser por el par de grandes alas
blancas que brotaban de su espalda y el singular brillo dorado que despedía, que
indicaban su procedencia divina. Se peinó con la mano el pelo corto y castaño, entregó
su arco dorado a los guardias que custodiaban la puerta principal y avanzó.
Otros dos guardias le abrieron otra puerta que daba a la Cámara de los Lores.
El personaje entró y deslumbró a los presentes con su traje blanco y la
inocencia que desprendía su aspecto. Se aclaró la garganta y habló con una voz extremadamente
seria para alguien con ese aspecto infantil:
-Estimado Gobierno Terraestre[2]: mi
nombre es Witt Conrell. Soy capitán del Sagrado Ejército de la Diosa Madre Paluthena.
Muchos de ustedes pensarán que soy un simple niño con alas de juguete, pero soy
un verdadero Ángel. Se me ha citado aquí para narrar los acontecimientos que
tuvieron lugar en el Reino del Cielo,
santuario de nuestra Diosa; y para intentar acabar con la destrucción que asola
Babylon. Como ya saben, hay un grupo de seres suprahumanos que dirigen un
ejército de Demonios y que están avanzando hacia el Este, conquistando todo a
su paso. Tienen ya varios territorios bajo su yugo, entre ellos Gesfalder y
Redonikum.
Un murmullo
recorrió la sala. A Witt no le extrañó: Gesfalder, situado al Oeste de Babylon,
poseía uno de los mejores ejércitos de toda Babylon. Y había caído. Si
Gesfalder y Redonikum, dos de las grandes potencias, habían sucumbido al
invasor; ¿qué ocurriría con Terrae, cuyos efectivos eran significativamente
inferiores?
Witt se aclaró
la voz y siguió hablando.
-Como ya
saben, el enemigo está casi a las puertas de Terrae, pues se encuentra en la
orilla opuesta del río Kirkein. Pero de momento parece que no están interesados
en este territorio, sino que piensan avanzar hacia el Norte del río y cruzarlo
para dirigirse de nuevo hacia el Este. Ahora pasaré a describir a nuestros
enemigos. Puede que en esta sala haya varias personas que no conocen el aspecto
del invasor. Se trata de un ejército compuesto principalmente de Demonios menores,
pero está dirigido por un grupo de cinco capitanes: el líder de este pequeño
grupo de liderazgo es un Lobo Hombre llamado Wolffus[3].
Un tipo rápido con la pistola que porta un arma defensiva denominada Reflector,
la cual le permite devolver disparos y
proyectiles al enemigo; los cuales rebotan contra un rombo energético de color
azul proyectado por este artefacto. El
segundo es un androide denominado A3[4].
Su cuerpo está compuesto de un traje climatizado y un cañón de plasma eléctrico
acoplado a su brazo derecho. Este cañón puede o bien disparar esferas de
energía eléctrica o bien pequeños misiles incendiarios. El tercer capitán es un
Humano con una habilidad increíble para la esgrima. Desconocemos su nombre,
pero no es para subestimarlo. Y por último, aunque no menos importante, Kraw.
Se trata de un Hombre Bestia[5] de
grandes proporciones con aspecto de rata, profuso pelaje blanco y dientes muy
afilados. Puede soportar temperaturas extremas y posee una fuerza colosal.
Muy bien, señores dirigentes de Terrae. Éste es el grupo de
capitanes al que nos enfrentamos. ¿Alguna duda hasta el momento?
Un hombre mayor, ataviado con una larga túnica negra y
peluca blanca, como todos los miembros del Consejo; alzó la mano y pidió la
palabra.
-Hable.- dijo Witt.
-Usted ha hablado de cinco miembros que componen ese grupo
que dirige al ejército de Demonios, señor Conrell. Pero sólo nos ha descrito a
cuatro.- dijo el hombre con voz grave.
-Muy observador. Pero no se preocupe, todo llegará.- dijo
Witt.- Primero narraré el combate y la defensa que ofrecimos contra los
invasores cuando éstos tuvieron la osadía de atacar el Reino del Cielo. Luego
describiré al quinto capitán. Ya entenderán el porqué de hacerlo así. Serían más o menos las 14:00 h., para que ustedes entiendan[6].
La tropa y yo estábamos tomándonos un descanso tras los ejercicios diarios. De
pronto, el edificio empezó a temblar y un soldado sudoroso vino corriendo y me advirtió
que habían derrumbado la puerta principal y que habían eliminado a la guardia. Me
levanté, alarmado, y corrí a la sala de mando. Allí, por las pantallas de seguridad
del templo, vi a estos cuatro capitanes: Wolffus, Kraw, A3 y el espadachín. Di
la alarma a todas las unidades, que acudieron enseguida. Rápidamente les
expliqué la estrategia y los situé en formación de batalla: los arqueros se
subieron al techo del Pantheón, los espadachines en la puerta de entrada, los
lanceros en la única puerta de salida del templo y yo en el cielo, volando.
A mi orden, hicieron desaparecer el techo del templo donde
se encontraban los asaltantes, dejándolos desconcertados y al descubierto. Al
bajar mi mano, una lluvia de flechas inundó el cielo.
-Perdone que le interrumpa, capitán Conrell.- otro miembro
del Consejo se levantó y habló con voz grave.- Pero no entiendo cómo pueden
hacer desaparecer el techo de un templo de mármol así como así.
-Por supuesto
que no lo entiende.- asintió Witt con la cabeza.- Las habilidades de los
habitantes del Cielo superan con mucho a las de los mortales[7].
¿Me deja continuar? Gracias.- Witt siguió narrando.- Los
dirigentes del ataque, cuando se recuperaron de la sorpresa, mandaron a todos
sus soldados a resguardarse donde fuera. Su equipo constaba, mayormente, de un
grupo de serpientes humanoides de aspecto espantoso. Hábiles en el combate, sin
duda, pero cuando están desconcertados les es difícil pensar con claridad.
Teníamos esa baza a nuestro favor. Y la aprovechamos: los lanceros ensartaron a
los primeros que salían del templo y los espadachines no encontraron seria
resistencia en la retaguardia. Cuando la victoria estaba cerca, una enorme nube
de color rojo invadió el cielo y apareció sobre nuestras cabezas una nave
enorme de color gris. Sobre la cabina de la nave se alzaba un sujeto
inquietante, el quinto miembro del equipo de capitanes: Metal Knight, un conocido
espadachín oscuro. Llevaba una máscara que le cubría el rostro, una armadura,
una capa que se podía dividir en dos negras alas con forma de murciélago y una
espada dorada. Me enfrenté a él personalmente, pero tenía una habilidad
increíble para el combate. Sobreviví por pura suerte, tengo que reconocerlo.
Nuestras tropas pudieron acabar con los refuerzos que habían llegado en la nave
y nuestros enemigos abandonaron la lucha. Contamos las bajas, que por desgracia
fueron bastante numerosas…
Éste es el grupo al que nos enfrentamos, señores. Analizando
la situación hasta ahora, he podido adivinar más o menos el desarrollo de los
acontecimientos:
Llegados
sigilosamente al Santuario, Kraw tumbó la puerta blindada usando su descomunal
fuerza y Wolffus empezó el ataque sobre mi guardia. Más adelante, A3 y el
espadachín eliminaron al resto de la guardia. Y llegaron al Pantheón. El resto,
como suele decirse, es de sobra conocido. Su objetivo era derrotar al Ejército
Sagrado y conquistar el Reino del Cielo. No lo consiguieron, pero antes de huir
lograron robar la Espada Sagrada de Paluthena. Esa Espada tiene un poder incalculable,
pero sólo puede ser utilizada por la mano de un Dios. Por eso no sabemos para qué
la han robado. Si es por desconocimiento o porque aspiran a fines más elevados…
El caso es que para darles caza y detenerles finalmente, el Gobierno Élfico de
Fendor se ha mostrado dispuesto a ayudarnos: nos ha enviado a este caballero.
Por una
puerta lateral de la sala apareció un chico con chaleco y pantalones verdes.
Vestía una camisa de lino blanco, y llevaba un escudo azulado y una espada
enganchados a la espalda. Las botas marrones, guantes marrones y un cinto
también marrón finalizaba su indumentaria. Tenía el pelo rubio, con una pequeña
melena que no le llegaba a los hombros. Sus ojos castaños brillaban bajo la luz
que entraba en la Cámara. Y, como todos los Elfos, poseía una belleza
sobrenatural. Era un poco más alto que Witt.
-Caballeros,
les presento a Altair. -dijo Witt.- Es un Alto Elfo que cuenta con el apoyo y
la bendición de Beltza Hoja de Arce, rey de Fendor. Su destreza con la espada
es envidiable, y hemos sido compañeros en muchas otras misiones. Así, saldremos
mañana temprano al siguiente lugar que creemos que van a intentar someter en
cuanto crucen el río por el Norte: la ciudad de Atalántica. Nada más, Consejo
de Terrae, sólo manténganse alerta y, por si acaso, doblen la guardia.
-Una
última cosa, capitán Conrell.- otro miembro del Consejo se levantó de su
asiento y tomó la palabra.- ¿Debemos suponer entonces que la única ayuda que
envían los Elfos al mundo es este joven? No parece suficiente para enfrentarse
a un ejército, ni mucho menos para vencerlo…
Los
demás miembros de la Cámara de los Lores asintieron con la cabeza, dando la
razón a su compañero. Altair miró a Witt, que suspiró.
-La
poca fe sigue siendo una característica palpable en toda la raza de los
Hombres, caballeros.- dijo el ángel.- Deberían dejar de juzgar a los demás por
su apariencia. Si los Elfos consideran que Altair es la mejor ayuda que pueden
ofrecer, acéptenla. Porque los Elfos, y en especial el Rey Beltza, rara vez se
equivocan en sus decisiones. Tengan fe, Terraestres. En estos momentos, puede
que sea más eficiente creer en los Dioses que en una espada. No obstante, dado
que noto preocupación en sus rostros, les puedo decir una cosa: si hay alguien
entre los Elfos capaz de ayudar a frenar este caos, ése es Altair. ¿Alguna
pregunta más, señores? ¿No? Entonces ya nos vamos. No olviden notificar
cualquier novedad a su delegación en el Gobierno Mundial. ¡Salvete![8]
[1] Los hombres anteriores al
Gran Cataclismo se distinguen entre Arcaicos (los que vivieron en el período
que nosotros conocemos como
“Antigüedad”) y Antiguos (los que viven en lo que llamamos “mundo moderno”, es
decir, nosotros).
[2] Terrae
es un territorio montañoso situado al Noroeste de Babylon
[3] La diferencia entre un
Hombre Lobo y un Lobo Hombre como Wolffus es que éste último se convierte en
hombre en las noches de luna llena, al contrario que el conocido licántropo.
[4]Tras el
Gran Cataclismo, la tecnología disponible en Babylon es escasa. Sin embargo,
existen algunos androides dotados de alta tecnología, como A3.
[5]Los Hombres Bestia son una
de las muchas razas que pueblan las tierras de Babylon. Su aspecto es una
mezcla de humanos con animales.
[6] Existe una diferencia
horaria abismal entre Terrae y el Reino del Cielo, ya que este último es un
pequeño satélite de Babylon.
[7] El Reino del Cielo es el
territorio de adoración a la Diosa Paluthena, donde habita su Ejército. Así que
todos los habitantes del Cielo, la raza de los Ángeles, comparten la
inmortalidad de su Diosa.
[8] Saludo que utilizaban los
Hombres Latinos Arcaicos. “Salve” significa, literalmente, “ten salud”.
“Salvete” es la forma en plural.
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