(Un haz de luz blanca, proveniente del Cielo, invadió el prado de verde hierba. Y allí, en el paraje aparentemente abandonado, descendió de las alturas el habitante del Reino del Cielo del que tanto se oía hablar: Witt Conrell, Arcángel de la Diosa Madre Paluthena. Su aspecto había cambiado mucho: ahora, en vez de la apariencia infantil que le había caracterizado siempre, parecía un apuesto y fuerte joven. Llevaba el pelo largo, pero la indumentaria apenas había cambiado. Sólo una corona de laurel dorado, que indicaba su nuevo rango. Allí, a las orillas del Atalántico descendió el general Conrell para reencontrarse con sus amigos. Y para dar más detalles de la terrible noticia que, de nuevo, recorría Babylon de punta a punta.)
(Los Reyes de los Elfos de la nueva región de Qualindor, el Rey Altair y la Reina Berenice, habían sido llamados a las orillas del Atalántico. Justo donde comenzaba el Gran Puente que un día, ahora muy lejano, cruzaron. El Dios Elkin, en una de sus muchas charlas con los Reyes Elfos, les había advertido del gran peligro que corría nuevamente el mundo. Los ropajes de Altair y de Berenice habían cambiado, pero en ellos no parecían haber pasado los años. El Rey no había querido separarse de sus ropajes verdes, a los que les habían añadido detalles dignos de un rey. Lo más llamativo era su nuevo gorro, grande, verde y picudo, que caía por su espalda. Berenice, como siempre, seguía siendo una amante de los vestidos que conectasen con la naturaleza, y ahora que era madre gustaba de llevar un vestido de color azul claro con largas mangas blancas. Y, como siempre, descalza. Tras la charla de advertencia con el Dios de la Naturaleza, Altair y Berenice dejaron a su hijo en compañía de Milhad, y le pidieron que se quedase como regente hasta su regreso. El mejor amigo de la infancia de Altair les prometió que no tendrían que preocuparse por nada, él cuidaría al pequeño. Y también le pidió a su Rey y amigo que volviesen pronto y, sobre todo, que tuviesen cuidado. Altair le sonrió y se fundieron en un abrazo. Más tarde, acompañado de su Reina en los jardines, cogieron dos caballos de la antigua Qualinesti, los más rápidos de Babylon, y salieron a todo galope hacia el punto de encuentro.)
(El joven aprendiz del Masterkage se había quedado parado sobre las pavimentadas calles de la Aldea de la Arena, contemplando el nublado cielo. Le gustaba ver llover, le gustaba que la lluvia le cayese sobre la cabeza y que corriese por todo su cuerpo. La máscara blanca con dibujos rojos, el largo pelo recogido en una coleta y las ropas de color marrón y azul marino estaban empapadas. Pero ese día, el joven no había ido a disfrutar de la lluvia. El aviso de la Diosa había sido claro y conciso. Tenían que partir pronto. Y las expectativas no eran muy agradables.)
-Sheik.
(El joven se giró al oír que su maestro le llamaba. Su sombrero en forma de trapecio de color blanco y azul, y su larga túnica de los mismos colores también estaban empapadas. El Masterkage habló a través del trozo de tela blanca que siempre le cubría la boca.)
-¡Maestro! Lo siento, sólo estaba...
-Escucha, Sheik, sé que estás preocupado. Pero no tiene sentido quedarse aquí parado. Lo que nos ha dicho la Diosa es que estamos en grave peligro, y que esta amenaza supera con creces a todas a las que nos hemos enfrentado. Es cierto. Pero yo te digo una cosa: han pasado ya cinco años. Te has convertido en un gran guerrero, ni que decir tiene que eres mi mejor discípulo. Y la Diosa nos ha solicitado a todos, a ti incluido. No tengas miedo a la muerte, Sheik. Porque eres capaz de hacerle frente, y ya lo has demostrado.
(En ese momento, una figura se materializó junto a ellos. Llevaba la cabeza y la cara totalmente cubiertas de vendas, excepto los ojos y parte de la nariz. Algún mechón rubio asomaba por entre las vendas de su cabeza. Llevaba un traje blanco, azul y rojo, y un extraño símbolo dibujado en el pecho. Las manos, dedos, pies y parte de las piernas también iban cubiertas de vendas.)
-Ah, Snail. Eres tú. ¿Qué pasa? Tenemos que irnos.
-Es un asunto de última hora, Masterkage-sama.
-Por favor, Snail. ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? Que seas ahora mi consejero y el segundo al mando no quiere decir que ya no seamos hermanos.
-Lo siento, Ikari. Es la costumbre.
-No importa... Dime, ¿qué pasa?
-Raiden acaba de llegar. Quiere entrevistarse contigo.
(La cara de Sheik se iluminó cuando Snail mencionó que su hermano estaba allí)
-¿Raiden? ¿Aquí? ¿Ahora? Pero si nos íbamos a ver en la reunión...
-Dice que quiere verte antes de la reunión.
-Mitarashi... ¿qué querrá ahora? En fin, vamos allá.
(Los tres desparecieron de allí con un salto, yendo a parar al despacho de Ikari. Éste estaba ahora al aire libre, porque Ikari decía que se trabajaba mejor así que encerrado entre cuatro paredes. Enfrente de la modesta mesa de madera se encontraba Raiden. Iba ataviado con una larga túnica-capa de color gris y negro que le llegaba hasta los pies. Una capucha le cubría el rostro, y llevaba guantes sin dedos de color gris. Su espada, Sumlars, asomaba por la espalda)
-¡Raiden!
-¡Sheik! Mi hermano, cuánto tiempo ha pasado. Cómo has crecido... estoy seguro de que te has hecho muy fuerte...
-Desde luego. Ya es todo un Shinobi.
-Ikari. Snail. Saludos.
-¿Qué quieres, Raiden? Nos íbamos a ver en la reunión...
-Traigo un informe. Del Hexágono.
(El rostro de Ikari se ensombreció)
-No quiero tener tratos con tu asociación, Raiden.
-Ya lo sé, y yo tampoco quiero estar aquí. Pero, en calidad de Capitán del Hexágono, tengo que hacerlo.
-¿De qué se trata?
-El Hexágono quiere que la Aldea de la Arena aporte su contingente militar al Ejército Mundial. Todas las demás razas lo han hecho.
-¿Quieren? Eso me suena más a una exigencia que a otra cosa...
-Ikari, los Ejércitos de todas las razas se están reuniendo en el Norte. Necesitamos el contingente Shinobi, por mucho que me duela.
-¿Te duele pedirnos ayuda?
-Sí, Ikari. Porque, aunque Snail, tú y yo seamos amigos, y aunque no hubieseis nacido aún; no puedo olvidar que los Clanes, incluido el Clan Hayubasa, no hicieron nada por nosotros durante "La Purga". A pesar de todo lo que los Mitarashi habían hecho por esta aldea. Por su culpa, nuestro Clan fue aniquilado. Por eso nuestro hermano murió, para salvarnos. Y por eso debes entender que estar aquí no es la mayor de mis alegrías.
-Raiden... entiendo cómo te debes sentir, y lo siento. Nuestros antepasados actuaron muy mal con vuestro Clan. Temían vuestro poder, y eso les llevó a actuar como lo hicieron. Vuestro hermano destruyó a Hokami y murió como un héroe. Ya me he encargado de que reciba los honores adecuados.
-No me sirven vuestros honores, Ikari. Si los Clanes hubiesen cooperado para derrotar a Hokami, Tensen seguiría vivo.
-No puedo hacer nada más por él... lo siento.
-Eso ya no importa, Raiden. Mi hermano siente casi tanto como tú la pérdida de un Shinobi tan ejemplar como lo era tu hermano. Pero ahora nos atañe un asunto más urgente: puedes informar al Gobierno Mundial de nuestra parte que no podemos aportar nuestro contingente de combate.
-¿Por qué?
-Porque nuestro poder militar ha disminuido mucho.
-No me jodas, Ikari. Desde que te convertiste en Masterkage, la Aldea de la Arena se ha convertido en uno de los territorios más poderosos de Babylon. No me vengas con esas de que ha disminuido vuestro poder militar.
-Precisamente por eso, Raiden. Los Dioses nos concedieron una época de paz, y para que nuestro pueblo saliese adelante tuve que hacer recortes económicos en el ejército, en el clero y en la nobleza para potenciar la sanidad, la educación y la cultura.
-Mmm... te gustó el estilo de gobierno de Vaal Durcaal, ¿eh?
-Creo que a todos nos gustó mucho. Pero claro, esa política tiene sus detractores. Y mi vida ha peligrado en numerosas ocasiones.
-Sí, las clases privilegiadas nunca están dispuestas a perder sus privilegios.
-Pero bueno, el caso es que lo conseguimos y ahora nuestro pueblo florece. Por eso no puedo dejar que los pocos militares que nos quedan se unan al Ejército Mundial, Raiden. Si ellos se van y nos atacan, ¿quién defenderá la Villa?
-No tiene por qué preocuparse por eso, Masterkage-sama.
(Tres chicos jóvenes aterrizaron al lado de los héroes. El primero tenía el pelo grisáceo y recogido en una coleta. Llevaba una armadura del mismo color y una camiseta negra de tirantes. Llevaba gafas redondas y una pequeña espada enganchada a la espada. El segundo tenía el pelo largo y marrón que le caía por la espalda. Llevaba un traje rojo, con algunos protectores metálicos en piernas y brazos. Llevaba dos espadas largas cruzadas a la espalda. Y el tercero tenía una larga melena roja. Llevaba una túnica negra abierta por un hombro, con una katana enganchada a la cintura.)
-¡Leugim! ¡Homrelliug! ¡Obokaj! ¡Estáis aquí!
-¿Qué pasa, Raiden? Cuánto tiempo sin verte... ¿por qué vas tan tapado?
-Exigencias del guión, Obokaj. ¿Cómo es que estáis aquí?
-Estos tres chicos son lo único que queda del DSD.
-¿Es eso cierto?
-Sí. Mi hermano redujo el DSD porque suponía muchos gastos. De todas formas, dejó a estos tres chicos porque cada uno de ellos vale por veinte.
-Jo, Snail, qué cosas dices...
(Leugim se dirigió a Ikari)
-No tiene nada de qué preocuparse, Masterkage-sama. Nosotros nos encargaremos de la protección de la Villa mientras usted está ausente. Quédese tranquilo y envíe al Ejército.
-Me temo que eso no va a ser posible.
-¿Por qué no, Raiden?
-Porque vosotros también estáis invitados a la reunión. No sabía que os encontrabais aquí, pero me habéis ahorrado el trabajo de buscaros. ¿Dónde está vuestro primo?
-Estoy aquí, Raiden.
(A sus espaldas apareció un joven de larga melena azul celeste, con una túnica blanca y negra. Llevaba una espada a la cintura y tenía por cabeza una calavera de buey, con dos grandes cuernos.)
-¿Pero qué cojones...?
-Tranquilo, Raiden, soy yo. Lo que pasa es que mi nuevo aspecto intimida un poco... ¿qué tal ahora?
(La calavera se introdujo dentro de la piel del joven, que dejó al descubierto su conocido rostro y pelo blanco.)
-Ah, mucho mejor ahora. Joder, ¿qué coño era eso?
-Ese aspecto es el que toman algunas divinidades locales de los Shinobis. Es la forma de la Bendición que me dieron los Dioses, ya sabes.
-Ajá... vale, ¿cómo pensáis resolver el problema que tenemos?
-No hay ningún problema. Masterkage-sama, usted váyase con Snail-sama, Sheik y Raiden a su reunión. Chicos, vosotros id también. Y yo iré, pero dejaré una copia mía aquí, protegiendo la Villa.
-¿Un kage-bunshin?
-No exactamente. Un kage-bunshin podría funcionar, e incluso podríamos dejar varios. Pero son muy sensibles a los golpes, y si por desgracia algún enemigo logra golpearlos, se acabó la defensa. En cambio, mi poder óseo me permite realizar copias exactas e idénticas a mí mismo, y con una resistencia reforzada.
-Perfecto entonces. Rasek, cuando termines de copiarte reúnete con nosotros en las afueras al Este de la Aldea. Nos vamos a la reunión, todos.
(Una estela luminosa recorría a gran velocidad los cielos. Cruzaba países enteros en cuestión de segundos. Al acercarse al lugar de la reunión, disminuyó la velocidad. Y Silver se mostró en el cielo. Llevaba un nuevo traje, completamente verde, con un destello en el pecho. Silver sonrió: tenía ganas de ver a sus amigos, de luchar de nuevo a su lado. Porque ahora era más fuerte que nunca.)
(Un enorme agujero negro apareció en el suelo del lugar de la reunión. Witt se alarmó y se puso en guardia. Pero del agujero salieron Konshu e Imma, vestidos como auténticos reyes. En ese momento, Silver bajó del cielo. Y los cuatro comenzaron a conversar alegremente y a contarse sus nuevas vidas. También llegaron los Shinobis y los Reyes Elfos. Y todos juntos se abrazaron y comenzaron a hablar. En ese momento, una sombra invadió el cielo. Todos los héroes se pusieron en guardia, y una silueta cayó desde lo alto. Iba cubierto con una capa con capucha, similar a la de Raiden.)
-¡Neronus!
-¿Qué pasa, gente? ¿Cómo estáis?
-¿Qué demonios era eso?
-Oh.. un dragón. Me he ido a vivir con los dragones, y cuando les dije que tenía que venir a la reunión, uno de ellos se ofreció a acompañarme.
-Buenas criaturas, los dragones.
-Bien, muchachos, ya habrá tiempo para la charla. Ahora debemos poner en común nuestros conocimientos de la situación.
-Los Dioses nos han hablado a cada uno de nosotros. ¿Estoy en lo cierto?
-Correcto. Los Dioses nos han dicho que una nueva amenaza, superior a todo lo que nos hemos enfrentado antes, amenaza Babylon. Y el mundo requiere nuestra ayuda.
-Otra vez.
-Otra vez. El caso es que, dotados de nuestras Bendiciones, tenemos posibilidades de vencer.
-¿Alguien sabe a qué nos enfrentamos exactamente?
-Si alguno de nosotros lo sabe, ése es Witt. ¿Me equivoco?
-En absoluto. Al haber ascendido a Arcángel de Paluthena se me permite conocer las amenazas de Babylon. Y nuestro enemigo... es superior incluso a los Dioses.
-¿Superior a los Dioses? ¿Cómo es eso posible?
-Todos sabéis que el poder de los Dioses se limitan a Babylon. Y nuestro enemigo está más allá de los límites planetarios. Se trata de una criatura cósmica.
-¿Pero quién es?
-Un Primigenio.
-¿Un Primigenio? ¿Cuál?
-No es uno cualquiera.... le llaman "El Primero de los Primeros". Una entidad cósmica que existió antes que todo, incluso de Astinan.
-No puede ser...
-¿Cuál es su nombre?
-Elderan.

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