-¡Ey, tío! ¿Qué te cuentas?
-Pues no mucho, aquí estoy...
-Joder, tío, te veo muy apagado... ¡Tú, esta noche fiesta en casa de Verónica! ¡Paso a recogerte a las 8!
Y colgó. La verdad, nunca se me ha dado demasiado bien el trato social. Pero como no tenía nada mejor que hacer y quería sacarme a Clara de la cabeza por unas horas, me arreglé. Me puse una camisa blanca con pantalones y zapatos negros y cogí la chaqueta.
A las 8:30 apareció el coche de Rubén pitando en mi puerta, escandalizando a todo el vecindario. Yo, con paso arrastrado, subí en el vehículo. Rubén, con su inseparable camiseta de Metallica, me chocó la mano.
-¡Qué grande, macho! Vas a cautivar a una pivita así, ¿eh?
"Pivita". Dios, ¿cómo había acabado siendo amigo de Rubén? Supongo que yo era muy tímido y él no, por eso nos compaginábamos tan bien. Rubén era un capullo integral, pero tenía éxito con las chicas. Sólo para dejarlas tiradas en la cama al día siguiente y olvidarse de ellas. Todo un caballero. Rubén llamaba a eso "vivir la vida". Folllar, follar y follar. Eso era todo.
Yo, con mis aspiraciones intelectuales un poco más elevadas, no me preocupaba tanto con eso. Tenía suerte con Clara, era una chica a la que le gustaba mucho el sexo y siempre que se lo pedía, me lo daba... pero no esa noche.
Llegamos a casa de Verónica. Cómo no, sus padres no estaban; y la gente iba y venía como si fuesen procesionarias locas por terminar la jornada laboral y poder relajarse un poco. En cuanto llegamos, Rubén se perdió detrás de las faldas de alguna estudiante que pasase por allí y buscase lo mismo que él, por lo que me vi solo y rodeado de gente. Así suele ser mi vida diaria, así que no le di importancia. Pasé la noche hablando con unos y con otros, intentando encontrar entre toda aquella gentecilla rebosante de etanol algún fulgor de intelectualidad. Y, cómo no, mi búsqueda resultó infructuosa. Entonces, cuando estaba a punto de largarme de allí, la vi. Maldita sea, maldito Destino... ¿por qué me enviaba ahora eso? Una chica preciosa, de mediana estatura, con el pelo largo y castaño que le caía sobre la espalda. Sus ojos, del mismo color, brillaban a la luz de las lámparas del jardín. Llevaba un precioso vestido blanco de encaje e iba descalza. Y me sorprendió que no sujetase ningún vaso. Estaba sentada en la hierba, y sus finos labios rosados dibujaban una hermosa sonrisa en su dulce cara mientras veía pasar a la gente de un lado a otro. Era, en muchos sentidos, la mujer de mis sueños. Parecía una ninfa, descalza y sentada sobre el verde césped. ¿Qué hacía allí, entre el montón de adolescentes hormonando, una belleza de ese calibre?
Actuando caballerosamente y con decoro, me acerqué a ella con una sonrisa. Ella me sonrió a su vez. Y en el momento en el que me miró, en el momento en el que me sonrió, supe que amaba a esa chica. No sabía su nombre, ni su edad, ni sus gustos... sólo sabía que estaba enamorado de ella. Pero como he visto y oído mucho, no quise cagarla con un prematuro (y tan prematuro) "te quiero". Así que me senté a su lado y comenzamos a hablar. No olvidaré jamás su nombre: Blanca. Coincidíamos en muchas cosas, y hablar con ella fue lo mejor que pude hacer. No tenía ninguna intención más. Pero lo peor es lo que pasó después.
Al final, eran las 4 de la madrugada. La mayoría de los invitados se fueron a sus casas, y Verónica dijo que todo el que quisiese, se podía quedar a dormir allí. Acto seguido, la anfitriona pelirroja desapareció escaleras arriba, entre risas, acompañada de un chulito de gimnasio. Rubén se había ido sin despedirse, con una estudiante rubia con dos tetas como neumáticos de camión pero con el cerebro de una lombriz de agua. Yo no sabía qué hacer, pero Blanca se despidió de mí con dos besos, muy educadamente, y me dijo que había sido un placer hablar conmigo. Después, subió al piso de arriba para acostarse en una de las camas y dormir un poco. Yo me quedé en el piso de abajo un rato más, jugando una partida de póker con los típicos tíos de cada fiesta que no han logrado ligar. Todos los demás se habían ido, o estaban follando en otras habitaciones.
A las 5:30 decidí irme a casa, por lo que subí al piso de arriba para despedirme de mis conocidos. Tanto mis amigos como Verónica estaban follando (el piso de arriba parecía un matadero, con tanta gente gritando); así que me dirigí a la única habitación que suponía libre. En efecto, en la cama con las sábanas hasta la nariz estaba Blanca dormida. La estuve mirando un buen rato. Ver dormir a una mujer hermosa es una de las mejores experiencias que os puede conceder la vida. Finalmente, intentando no despertarla, me acerqué suavemente al borde de la cama y le di un beso de despedida suavemente en la mejilla. Me incorporé y me dirigí hacia la puerta cuando la voz de Blanca sonó detrás de mí:
-¿Sólo eso?
Me giré, sintiendo haberla despertado, y me la encontré de rodillas en la cama, únicamente con unas braguitas rosas de encaje y mirándome con cara provocativa. Casi me caigo al suelo del susto.
-¿Blanca? Lo... lo siento, no quería despertarte.... yo...- apenas me salía la voz.
-No me has despertado, cielo.- dijo Blanca bajando de la cama. Sus blancos y finos pies se movían con una elegancia sobrenatural.- ¿Crees que he podido dormirme con el alboroto que están montando estos?
Se acercó a mí lentamente, como se acerca una leona a su inocente presa. Yo, por la novedad de la situación, no sabía muy bien cómo actuar.
-Bueno... supongo que sería mejor si... cerrases la puerta.... podrías dormir...- pude vocalizar.
-Oh...¿de veras?- dijo Blanca con su cara de viciosa y mordiéndose el labio inferior delicadamente.- Bueno, pues te haré caso. La cerraré.
Se deslizó suavemente por detrás de mí y cerró la puerta... con pestillo.
-Bien... ahora que esto está más tranquilo... -Blanca se pegó a mi espalda y me abrazó. Sentí sus pechos oprimirse contra mí.- ¿has venido para calmarme?
-¿Cal..calmarte?- apenas podía hablar, maldita sea, me estaba excitando la situación.
-Sí, porque- Blanca se separó de mí y fue andando sensualmente a mi alrededor, mirándome y recorriendo mi pecho con su dedo índice.- las demás parejas han hecho mucho ruido, ¿sabes? Y yo aquí, sola... me he puesto cachonda.
La última frase la dijo susurrándome al oído. Y eso fue demasiado, incluso para mí. La agarré por la cintura, pero ella fue más rápida y me empezó a comer la boca. Sus labios y su lengua me devoraban con una fogosidad que no había experimentado nunca. Besándonos los dos, nos tumbamos en la cama, donde seguimos devorándonos el uno al otro. Besaba muy bien. De vez en cuando, yo bajaba mi cabeza para besar su estómago o sus piernas. Pero sus tetas me maravillaron. No eran demasiado pequeñas, pero tampoco demasiado grandes. Tenían el tamaño ideal. Usé mi lengua en sus pezones, para acariciarlos suavemente. Blanca suspiraba y gemía de satisfacción. Esos suspiros y gemidos siempre me excitaban muchísimo, así que comencé a acariciar sus pechos. Eran verdaderamente fantásticos. Mientras chupaba y mordisqueaba sus pechos y pezones, Blanca echaba la cabeza hacia atrás, la clavaba en el colchón y agarraba fuertemente las sábanas. Estuve un buen rato jugando con mi boca en esa zona, hasta que Blanca se incorporó y me dijo al oído:
-¿Sólo vas a probar eso?
Entendiendo, deslicé mi cuerpo por el suyo y le quité las braguitas. Ya estaba empapada. Acerqué mis dedos a su clítoris, y al acariciarlo Blanca arqueó su cuerpo y se estremeció de placer. Estaba muy sensible en esa zona, así que la traté con gentileza. Mientras, Blanca me desabrochó la camisa lentamente. Mientras lo hacía, dejé de acariciarla para perderme en esos profundos ojos marrones que me miraban con el fuego de la lujuria. Cuando me quitó la camisa, fue ella la que mordisqueó mi pecho. Sus blancos dientes fueron explorando mi pecho, y con su lengua jugó con mis pezones tal y como yo había hecho con ella. Entonces me volvió a besar en la boca salvajemente y me dijo con voz sensual:
-Quiero que me pruebes... ahí abajo.
Sonriendo con picardía, bajé hasta su empapada vagina de adolescente. Seguí acariciándola un poco más, deleitándome con sus gemidos. Después de estar utilizando mis dedos un buen rato, empecé a usar mi lengua. Utilicé el truco que me había dicho mi hermano de "las letras del abecedario con la lengua" y que tanto gustaba a Clara. A Blanca parece que le gustó mucho más. Estuvo a punto de gritar. Personalmente, no soy el tipo de hombres que no hacen gritar a las mujeres cuando practican sexo, me parece mejor los gemidos, suspiros y temblores que el que empiece a gritar como una loca. Aunque debo reconocer también que, cuando veo porno, me excito mucho cuando grita la chica. Pero yo no suelo conseguir ese efecto. Aunque, de momento, nadie se ha quejado.
Allí seguí, entreteniéndome comiendo y chupando su deliciosa vagina, hasta que ella me dijo:
-Lo haces muy bien, pero quiero que estés más cómodo.
Así, me indicó que me arrodillase en el suelo, al borde de la cama. Ella se sentó en ese borde y abrió las piernas. En efecto, esa postura era mucho más cómoda. Seguí jugando con su coño mientras ella echaba la cabeza hacia atrás y se acariciaba las tetas. Así pasábamos el tiempo, explorando, jugando, acariciando el cuerpo del otro sin ningún tapujo. Introduje mis dedos en su coño y eso la hizo estremecerse. Se puso a cuatro patas para que pudiese mover mejor mi mano, y comencé a acariciar su punto G. Le temblaban las piernas con cada caricia. Me tumbé debajo de ella sin sacar los dedos de su vagina, mientras acariciaba su clítoris con la otra mano y chupaba sus pezones. Era muy excitante. Entonces me quitó de repente los pantalones y agarró mi pene de espaldas, que estaba duro y muy caliente. Me sonrió con lascivia y me dijo:
-A ver si esto te gusta.
Se giró y adoptó la postura del 69. Personalmente, me encanta. Dejó su coño húmedo encima de mi cara, pero lo suficientemente lejos para que no lo alcanzase con la lengua. Mientras tanto, ella acarició suavemente mi pene erecto y se lo metió en la boca. Ahora era yo el que me estremecía de placer. La chica lo hacía realmente bien. Mientras ella estaba concentrada en una suave felación, bajó un poco el cuelo hacia mi cara. Buscando venganza, introduje la lengua de golpe en su vagina. No se lo esperaba, así que levantó la cabeza en un gesto de placer y sorpresa. Me miró por encima del hombro y me dijo sonriente:
-Así que esas tenemos, ¿eh? Ahora verás.
Comenzó a masajearme el pene con la mano lentamente. Me encantaba esa sensación. Pero entonces aceleró el ritmo, poco a poco, cada vez más rápido. No me lo podía creer, era una sensación fantástica. Lo hacía con una maestría envidiable, no apretaba mucho para no hacerme daño pero lo suficiente como para que lo notase. Dios, ni siquiera yo era capaz de pajearme tan bien. Estuvo así un rato hasta que dije de forma entrecortada que me iba a correr. Entonces me la volvió a chupar y siguió con su felación, al mismo ritmo. Estaba tan excitado que no podía concentrarme en el coño que tenía encima. Al final me corrí en su boca.
Ella se separó, sonriente, y se quitó de encima mío. Yo tomé aire, costosamente. Ella se quedó sentada a mi lado, sonriendo. Con esfuerzo, pude preguntar:
-Te... ¿te lo has tragado?
-Ajá.- me respondió con una sonrisa.- Me gusta mucho el sabor del semen, y el tuyo especialmente está delicioso.- volvió a darme un beso en los labios.
-Vaya... eres... eres fantástica.
-Oh, no es para tanto.- me dijo Blanca.- Pero aún no estoy satisfecha. ¿Crees que podrás concederme un segundo asalto?
-Claro.
Blanca sonrió y deslizó los labios hacia mi pene. Lo lamió suave y dulcemente, como había hecho al principio. En seguida, mi pene volvió a estar a pleno rendimiento.
-Vaya, te recuperas muy rápido, ¿eh?- me dijo.
-Sí, bueno... tengo esa habilidad.- sonreí.
-Vale, enséñame qué otras habilidades tienes.
Se puso de pie, y me hizo una seña con el dedo para que hiciese lo mismo. Me levanté, con mi pene erecto. Ella acercó sus labios a mi oreja mientras me masajeaba el pene y me susurró:
-Ahora quiero que te pongas detrás mío. Quiero que acaricies mi clítoris y mi vagina con tus dedos. Oh, y sujétame bien porque, si lo haces correctamente, puede que no me tenga en pie. Cuando notes que estoy a punto de caramelo, ponme contra la pared y penétrame con toda la fuerza de la que seas capaz. Dame bien, alternando suave y fuerte. Lo demás.... te lo dejo a ti.
-Guau... nunca había hecho esto antes...
-¿Hacer el qué? ¿Sexo?
-No, no, me refiero a que alguien me dijese lo que quería. No sé, es... distinto.
-Es excitante, y muy práctico. Dime, ¿crees que serás capaz de hacerlo?
-No lo sabré si no lo intento.- sonreí.
Blanca me devolvió la sonrisa y me dijo:
-Eso es lo que me gusta de ti.
Cogí uno de los condones que había en el cajón abierto de la mesilla de noche y me lo puse. Me quedaba un poco estrecho, por no hablar de que nunca me han gustado los condones. Yo no llevaba encima ninguno porque no tenía pensado hacer lo que estaba haciendo, pero la situación requería uno. Entonces la sujeté suavemente por sus blancas caderas. Ella cerró los ojos y se dejó hacer. Me puse detrás suya y acaricié sus pechos con mis dedos. Ella echó su cabeza hacia atrás y la recostó en mi hombro. Entonces bajé hasta su vagina y comencé a juguetear con ella. Le acaricié el clítoris con un dedo y con varios, jugué con su vagina recorriéndola de arriba a abajo con mis manos, le metía los dedos tanto como me permitía la postura. De vez en cuando, cuando hacía algún movimiento en especial, Blanca soltaba gemidos en mi oído como:
-Sí... más... ¡Dios!... joder...
Y eso me excitaba aún más. Seguí jugando con mis manos ahí abajo mientras le mordisqueaba el hombro. De vez en cuando, ella giraba la cabeza para mordisquearme la oreja o para darme un morreo. Al final noté que Blanca estaba tan mojada que mis dedos resbalaban por su vagina, y que podía meter tres dedos dentro de ella casi sin esfuerzo. Así que me preparé y la puse mirando a la pared. Ella, entendiendo, se separó un poco de mí y se apoyó con los brazos en la pared.
-Ahora... estoy empapada... hazme tuya...
Me cogí el miembro y lo acerqué a su vagina. Pero no conseguí hacerlo entrar, debido al ángulo. Entonces ella, para facilitarme el trabajo, arqueó su espalda hacia dentro, de tal forma que yo pudiese ver bien su coño. Y la penetré. Con mucha fuerza, como me había dicho. Y entonces gritó. Un grito de placer y de dolor que resonó por todo el piso de arriba. Y yo, feliz, dejé mi pene un rato ahí metido. Me incliné sobre ella y comencé a masajearle las tetas con una mano y el clítoris con la otra. Le temblaban las piernas y gemía mucho. Entonces retiré mis manos a sus caderas y empecé a balancearme hacia atrás y hacia delante, muy despacio, como ella me había indicado. Fui aumentando el ritmo poco a poco. Finalmente, iba tan rápido que ella gemía muy fuerte y sus tetas se balanceaban de un lado al otro. Y en un momento de excitación plena, se separó de la pared y fuimos a parar a la cama. Pero seguimos haciéndolo: yo estaba debajo de ella, y le sujeté las piernas abiertas con las mías. Me seguía moviendo, y mi pene entraba y salía de su vagina a gran velocidad. Mis manos podía ahora acceder fácilmente al clítoris y a sus tetas mientras ella clavaba la cabeza en la almohada, recostada sobre mi hombro. Y así, en esa posición, nos corrimos los dos.
Fue sin duda la mejor sesión de sexo de mi vida. Cuando terminamos, Blanca me dio un beso diciendo que lo había pasado muy bien y que le gustaría repetirlo algún día. Yo le sonreí y busqué mi ropa. Le di un beso de buenas noches, que es lo que había ido a hacer allí. Ella se volvió a meter en la cama, se dio la vuelta y se tapó con las sábanas. Yo agarré el pomo de la puerta y me quedé mirándola. Entonces, como un relámpago, me volví a despojar de mis ropas y me metí en la cama de nuevo con aquella hermosa ninfa. Blanca me sonrió y me dio un beso de buenas noches. Yo me quedé pensando en cómo esa doncella del jardín se había convertido en una maestra del sexo en un plazo de pocas horas. Está claro que las apariencias engañan, y que detrás de esa apariencia pura se escondía un espíritu inquieto y lujurioso. Me quedé durmiendo con ella, abrazándola durante toda la noche. Era una obligación moral para mí, pues, ¿qué caballero deja sola a una dama tras haber compartido su lecho?
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