sábado, 15 de diciembre de 2012

Capítulo IX


Cuando el cuarteto estuvo listo y dentro del círculo de luz que despedía Raiden, el sol brillaba con fuerza. Pero la oscuridad se adueñaba de los alrededores. Todo el ambiente era negro, lleno de partículas de pólvora, azufre… y materia oscura. Ríos de lava corrían por todas partes y los robots seguían llevando más lava al edificio dorado, sin importarles los intrusos.
-¿Qué pasa, vamos a ponernos en marcha sin más? Aquí no se desayuna o qué? -dijo Witt.
-Dudo que encuentres algo de comer por estos alrededores, Ángel. - respondió Raiden.- Yo he acabado las provisiones que traía, así que tendré que acabar mi trabajo hoy mismo. No he podido encontrar a Sherpe hasta el momento, pero algo me dice que hoy es mi día.
-¿Qué es ese edificio, Raiden? -preguntó Sheik.
-Eso, hermanito, es la sede del Honrado Concejo de la Mesta. Donde nos vamos a dirigir ahora.
-¿Eso no era una asociación de ganaderos? -preguntó Witt.
-¡Muy bien! Veo que sabes Historia. En efecto, era una asociación de ganaderos propietarios de rebaños de ovejas que fue creada en la Antigua Edad Media. Pero, como bien has dicho, era. Ahora ese nombre lo utiliza un grupo de mestizos.
-Ah…..de Mesta, mestizos. Tiene sentido, si. -dijo Witt.
-Vaya, veo que la asociación de ideas también la dominas. -contestó Raiden.
-¿Cómo vamos a llegar hasta allí? -preguntó Sheik.- Si ponemos un pie en la zona oscura nos transformaremos en ánimas y Altair en monstruo.
-Tranquilo, Sheik, que tenemos una lágrima solidificada de ydeon. Por favor, manteneos dentro del radio de acción de la luz.   
Dicho esto se adelantó. Su esencia de Ser de las Sombras le permitía mantener su forma humana original, tal y como le había dicho a Altair. Cerró los ojos, agarró el colgante y murmuró unas palabras:
-Ac’ dael shal, nanda lunic’ ahel daha.
Acto seguido, la luz que despedía Raiden y que iluminaba al grupo se extendió un kilómetro a la redonda. Las criaturas de las sombras que fueron invadidas por la luz desaparecieron, mientras que los robots siguieron con su tarea como si nada.
-Así está bien. Ampliar el radio de acción, además de absurdo, sería peligroso. Nuestros enemigos podrían descubrirnos, y no nos conviene…- se dijo Raiden.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho?- preguntó extrañado Sheik.
-Es un conjuro que utilizaban pueblos antiguos para iluminar una gran porción de terreno. La mayor parte del territorio sigue estando en tinieblas, pero por donde nos vamos a mover a partir de ahora brillará la luz. Es un viejo conjuro: “Criatura poderosa, danos la brillante luz”. Literalmente.
-¿Qué idioma es ése? -preguntó Witt.
-Sharouken.[1]- contestó Raiden.
El colgante de Raiden brillaba con tanta fuerza que deslumbraba.
-Muy bien, ahora iremos avanzando. -dijo Raiden- No os preocupéis, no hay sombras en kilómetros a la redonda.

Caminaron hacia el edificio dorado. Raiden iba seguro y con la tranquilidad que le caracterizaba, a paso ligero. Sheik iba aparentemente tranquilo, pero miraba de vez en cuando hacia atrás, preocupado. Altair, se notaba que iba nervioso, pero procuraba tranquilizarse. Como Elfo que era, gustaba de espesos bosques y grandes praderas. Y allí todo era desolación. Se sentía incómodo. Pero Witt era el que peor lo llevaba. El pobre Ángel estaba muy asustado, aquella tierra llamada Wesfair no se parecía en nada al Reino del Cielo, el reino de la Luz. Más bien era todo lo contrario. Y no le gustaba. A pesar de esa luz…. artificial.
Así iban los cuatro, hasta que llegaron al dorado edificio.
-Antes de entrar, poneos esto. -les dijo Raiden. Se agachó hacia el suelo, recogió algo y se lo tendió a los demás. Se trataba de unas capas grises y largas.
-¿Qué son?
-Capas de banalidad. Las escondo siempre aquí, por si acaso. Evitan con bastante éxito que seamos descubiertos por los sizhs, ya que perciben el calor de nuestros cuerpos.
-¿Quiénes? -preguntó Sheik.
-Los sizhs. Serpientes humanoides. Son los guerreros favoritos de Norrin. Rápidos, sigilosos, letales… un asco. Por suerte, son fáciles de matar. No pertenecen a ninguna raza, son el resultado de experimentos genéticos de…
-¿Has dicho serpientes humanoides?- le interrumpió Witt.- ¡Yo luché contra serpientes humanoides en el Reino del Cielo!
-¿Cuándo han llegado los sizhs a los dominios de Paluthena? Cuéntame eso, Ángel. -le apremió Raiden.
Witt le contó al híbrido todo lo que había contado en la Cámara de los Lores de Terrae. Raiden, a medida que el relato avanzaba, iba adoptando un mayor gesto de preocupación en el rostro. Cuando Witt terminó el relato, Raiden dijo:
-Entonces está claro. El ejército de Demonios menores que está tratando de conquistar Babylon y al cual dirige ese grupo de cinco capitanes está a su vez dirigido por Norrin. Él es su verdadero líder, y el que les da las órdenes a los cinco capitanes. Por no mencionar que el ejército es suyo.
-¿Por qué Norrin quiere conquistar Babylon? -preguntó Altair.
-No lo sé. Lo que sí sé es que hay numerosos países que ya están formando la Resistencia contra el invasor. Pero Norrin ya tiene un verdadero Imperio bajo su mando. Maldito… Bien, héroes, vamos a hacer una cosa: no estoy dispuesto a permitir que Norrin posea el Reino del Cielo y llene ese paraíso de tinieblas. Así que podéis dar por exitosa vuestra misión: me uniré a vosotros en vuestra cruzada. No esperaba que la situación fuese tan crítica, pero no voy a dejar que Norrin se salga con la suya. A pesar de lo que he dicho antes… bueno, he cambiado de parecer. Además, mi hermano tiene muchas cosas que contarme…
-¡Fantástico!- exclamó Sheik.
-¡Genial, gracias!- dijo Altair entusiasmado.
-Bien, otro más.- sonrió Witt.
-Vale, vale, dejaos de tanto alboroto.- les intentó tranquilizar Raiden.- ¿Es que queréis que nos maten aquí o qué?
-Venga, vamos. -dijo Sheik.- Si Norrin se encuentra aquí, tal vez podamos arrojar algo de luz a este turbio asunto con sus propias aclaraciones.
-No nos dirá nada. Estoy seguro... -dijo Witt.
-Entonces se las sonsacaremos. -murmuró Raiden, y pudieron percibir en su tono de inalterable voz un cierto matiz de odio.

Entraron en el edificio. Había varias patrullas de  sizhs por todas partes, pero no sospecharon nada. Eran como Raiden los había descrito: serpientes de forma humanoide con grandes ojos amarillos. Llevaban un taparrabos con un cinto y, ceñido a él, espadas cortas y curvas. Se movían en pequeños grupos de cuatro o cinco. El cuarteto de héroes, minimizando el calor de sus cuerpos cubiertos con las capas de banalidad, anduvo en  silencio hasta llegar a una puerta metálica de grandes proporciones.
-Joder, qué asco. -murmuró Altair- Son como los Hombres Lagarto pero mucho más… asquerosos y viscosos. Puaj.
-Vale, haceos a un lado. -les dijo Raiden.
Witt, Sheik y Altair se quedaron mirando a Raiden extrañados. Y éste se quitó la capa.
-¡¿Qué ha….mmmmmmmmffffff?! -gritó Sheik, pero Altair le puso la mano en la boca.
-Shhhhhhhhhh. Calla. -le dijo.
-Demasiado tarde. -contestó Witt mirando a una patrulla sizh que estaba cerca de ellos.
El que iba al frente de la patrulla alzó el puño y se paró en seco.
-¿Usted también, jefe? Yo detecto mucho calor. -dijo uno que iba a su lado.[2]
-No te des tanto pisto. -le respondió con un fuerte siseo el líder.-Todos hemos oído un grito.
-Sin duda hay humanos por aquí.
-¡Allí están! -gritó otro, señalando a Raiden. El resto del grupo tiró sus capas de banalidad al suelo, pues ahora ya eran inútiles.
El líder sizh, abriendo la boca y mostrando dos largos colmillos y su lengua bífida, gritó en lengua común[3] con marcado siseo.
-¡Vosssssotrossssssss, alto!
Fueron corriendo hacia el grupo mientras sacaban sus espadas cortas, dispuestas a despedazar a los intrusos.
-¡Altair, Witt, Sheik, preparaos para contenerlos! -gritó Raiden.
Juntó las dos manos y una bola de energía morada y negra empezó a aparecer entre sus manos. Mientras tanto, Altair, Witt y Sheik lucharon contra los cinco sizhs que formaban la patrulla. Acabaron con sus enemigos rápidamente, manchando el suelo y las paredes de sangre. Pero empezaron a venir más patrullas de sizhs. Y les superaban enormemente en número.
-Oh, mierda. ¡Raiden! -gritó Witt- ¡Por el amor de Paluthena, haz algo!
-¡HAI…DO….ZEEEEEEEEEEEN!- gritó Raiden, y extendió sus brazos hacia la puerta.
Un rayo de energía morado y negro brotó de sus manos e impactó contra la puerta, que estalló en mil pedazos. Los sizhs quedaron sorprendidos y el humo de la explosión los retuvo brevemente. El grupo aprovechó para meterse en la habitación.
-¡Cogédles! -gritó un sizh en su lengua madre.
Raiden se dio la vuelta y miró al grupo de serpientes humanoides fijamente. Éstas frenaron en seco. Sus miradas se cruzaron y un instante después los sizhs cayeron al suelo, fulminados. Raiden volvió a girarse y desapareció con sus compañeros.

-¿Y los sizhs?- preguntó Witt.
-Los eliminé con la “Mirada de Penitencia”. Les hace sufrir el mismo dolor emocional que han inflingido. En su caso, demasiado. Su cuerpo y alma no pudieron resistirlo. -explicó Raiden.
-¿De dónde coño ha sacado Norrin criaturas tan horribles? -se preguntó Sheik.
-Os lo estaba contando cuando el Ángel me ha interrumpido: a pesar de que en el Inframundo habitan numerosas criaturas de ese calibre, los sizhs son el resultado de alteraciones genéticas entre serpientes y humanos.
-Como los lobisomes. -dijo Altair en voz baja.
-Sí… igual de asqueroso. -señaló Sheik.
Llegaron a una sala con mesas metálicas y un montón de aparatos extraños. Estaba débilmente iluminada por una lámpara de forma esférica. En el centro había una piedra con forma de trapecio y, clavada en ella, se alzaba una espada que irradiaba una luz tenue.
-Aquí teneís la única, la invencible, la poderosa Espada Maestra.- presentó Raiden.
Witt y Sheik la rodearon, admirándola. Sólo Altair se quedó un poco al margen. Raiden le hizo una seña para se acercara. 
-¿Por qué te quedas atrás? Estás destinado a empuñar esta espada, Altair. Tu alma la está reclamando, y esta espada ha sido hecha para ti. Cuando la cojas, podrás sacarla de esa roca sin problemas. Y la propia espada te revelará su verdadero nombre y su historia. A mí me pasó con Sumlars, así que a ti te pasará igual. Vamos, cógela.
Altair se acercó y miró la espada. La empuñadura era de color azul celeste. Era más larga que su antigua espada, con una hoja de hierro que despedía suaves destellos. Alargó la mano. Al tocar el mango, el Elfo se quedó petrificado. Montones de imágenes aparecieron en su cabeza, como una película. Vio a siete figuras estirando los brazos, brotando rayos de sus dedos que configuraron la espada que él ahora sostenía. Vio cómo la espada caía del cielo al suelo y se incrustaba en una roca, que adquiría esa extraña forma trapezoidal. Después vio pasar muchas siluetas, de gente de varias Razas, luchando entre ellos por obtener la espada. Vio cómo pueblos enteros eran destruidos, y cómo la espada caía en el olvido. Vio cómo un grupo de Demonios la encontraba y, al no poder sacarla de la piedra, la llevaban hasta la sala donde se encontraban ahora. Y, cuando las imágenes cesaron, la oscuridad invadió su mente y una voz sobrenatural resonó en su cabeza:
-Alabado seas, Altair, hijo de los bosques de Fendor. Mi nombre es Dürandal, la Espada Maestra, y a ti únicamente serviré.


[1] Se trata de la lengua élfica, también llamada “Antigua Lengua”. Más concretamente, del dialecto utilizado por los Elfos Oscuros, el “sharouken”. Llamada popularmente “Antigua Lengua Maldita”, nadie la utiliza desde hace siglos. El por qué Raiden la conoce, es un misterio.
[2] La lengua sizh ha sido traducida a la lengua común para facilitar la comprensión lectora.

[3]Cada Raza de Babylon habla su propia lengua. La lengua común es aquella que se desarrolló en los primeros tiempos para que las Razas se pudiesen comunicar unas con otras. 

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