Cuando
el cuarteto estuvo listo y dentro del círculo de luz que despedía Raiden, el
sol brillaba con fuerza. Pero la oscuridad se adueñaba de los alrededores. Todo
el ambiente era negro, lleno de partículas de pólvora, azufre… y materia
oscura. Ríos de lava corrían por todas partes y los robots seguían llevando más
lava al edificio dorado, sin importarles los intrusos.
-¿Qué
pasa, vamos a ponernos en marcha sin más? Aquí no se desayuna o qué? -dijo
Witt.
-Dudo
que encuentres algo de comer por estos alrededores, Ángel. - respondió Raiden.-
Yo he acabado las provisiones que traía, así que tendré que acabar mi trabajo
hoy mismo. No he podido encontrar a Sherpe hasta el momento, pero algo me dice
que hoy es mi día.
-¿Qué
es ese edificio, Raiden? -preguntó Sheik.
-Eso,
hermanito, es la sede del Honrado Concejo de la Mesta. Donde nos vamos a
dirigir ahora.
-¿Eso
no era una asociación de ganaderos? -preguntó Witt.
-¡Muy
bien! Veo que sabes Historia. En efecto, era una asociación de ganaderos
propietarios de rebaños de ovejas que fue creada en la Antigua Edad Media.
Pero, como bien has dicho, era. Ahora
ese nombre lo utiliza un grupo de mestizos.
-Ah…..de
Mesta, mestizos. Tiene sentido, si. -dijo Witt.
-Vaya,
veo que la asociación de ideas también la dominas. -contestó Raiden.
-¿Cómo
vamos a llegar hasta allí? -preguntó Sheik.- Si ponemos un pie en la zona
oscura nos transformaremos en ánimas y Altair en monstruo.
-Tranquilo,
Sheik, que tenemos una lágrima solidificada de ydeon. Por favor, manteneos
dentro del radio de acción de la luz.
Dicho
esto se adelantó. Su esencia de Ser de las Sombras le permitía mantener su
forma humana original, tal y como le había dicho a Altair. Cerró los ojos,
agarró el colgante y murmuró unas palabras:
-Ac’ dael shal, nanda lunic’ ahel daha.
Acto
seguido, la luz que despedía Raiden y que iluminaba al grupo se extendió un
kilómetro a la redonda. Las criaturas de las sombras que fueron invadidas por
la luz desaparecieron, mientras que los robots siguieron con su tarea como si
nada.
-Así
está bien. Ampliar el radio de acción, además de absurdo, sería peligroso.
Nuestros enemigos podrían descubrirnos, y no nos conviene…- se dijo Raiden.
-¿Qué
ha pasado? ¿Qué has hecho?- preguntó extrañado Sheik.
-Es un
conjuro que utilizaban pueblos antiguos para iluminar una gran porción de
terreno. La mayor parte del territorio sigue estando en tinieblas, pero por
donde nos vamos a mover a partir de ahora brillará la luz. Es un viejo conjuro:
“Criatura poderosa, danos la brillante luz”. Literalmente.
-¿Qué
idioma es ése? -preguntó Witt.
-Sharouken.[1]-
contestó Raiden.
El
colgante de Raiden brillaba con tanta fuerza que deslumbraba.
-Muy
bien, ahora iremos avanzando. -dijo Raiden- No os preocupéis, no hay sombras en
kilómetros a la redonda.
Caminaron
hacia el edificio dorado. Raiden iba seguro y con la tranquilidad que le
caracterizaba, a paso ligero. Sheik iba aparentemente tranquilo, pero miraba de
vez en cuando hacia atrás, preocupado. Altair, se notaba que iba nervioso, pero
procuraba tranquilizarse. Como Elfo que era, gustaba de espesos bosques y
grandes praderas. Y allí todo era desolación. Se sentía incómodo. Pero Witt era
el que peor lo llevaba. El pobre Ángel estaba muy asustado, aquella tierra
llamada Wesfair no se parecía en nada al Reino del Cielo, el reino de la Luz.
Más bien era todo lo contrario. Y no le gustaba. A pesar de esa luz….
artificial.
Así
iban los cuatro, hasta que llegaron al dorado edificio.
-Antes
de entrar, poneos esto. -les dijo Raiden. Se agachó hacia el suelo, recogió
algo y se lo tendió a los demás. Se trataba de unas capas grises y largas.
-¿Qué
son?
-Capas
de banalidad. Las escondo siempre aquí, por si acaso. Evitan con bastante éxito
que seamos descubiertos por los sizhs, ya que perciben el calor de nuestros
cuerpos.
-¿Quiénes?
-preguntó Sheik.
-Los sizhs.
Serpientes humanoides. Son los guerreros favoritos de Norrin. Rápidos,
sigilosos, letales… un asco. Por suerte, son fáciles de matar. No pertenecen a
ninguna raza, son el resultado de experimentos genéticos de…
-¿Has
dicho serpientes humanoides?- le interrumpió Witt.- ¡Yo luché contra serpientes
humanoides en el Reino del Cielo!
-¿Cuándo
han llegado los sizhs a los dominios de Paluthena? Cuéntame eso, Ángel. -le
apremió Raiden.
Witt le
contó al híbrido todo lo que había contado en la Cámara de los Lores de Terrae.
Raiden, a medida que el relato avanzaba, iba adoptando un mayor gesto de
preocupación en el rostro. Cuando Witt terminó el relato, Raiden dijo:
-Entonces
está claro. El ejército de Demonios menores que está tratando de conquistar Babylon
y al cual dirige ese grupo de cinco capitanes está a su vez dirigido por
Norrin. Él es su verdadero líder, y el que les da las órdenes a los cinco
capitanes. Por no mencionar que el ejército es suyo.
-¿Por
qué Norrin quiere conquistar Babylon? -preguntó Altair.
-No lo
sé. Lo que sí sé es que hay numerosos países que ya están formando la
Resistencia contra el invasor. Pero Norrin ya tiene un verdadero Imperio bajo
su mando. Maldito… Bien, héroes, vamos a hacer una cosa: no estoy dispuesto a
permitir que Norrin posea el Reino del Cielo y llene ese paraíso de tinieblas.
Así que podéis dar por exitosa vuestra misión: me uniré a vosotros en vuestra
cruzada. No esperaba que la situación fuese tan crítica, pero no voy a dejar
que Norrin se salga con la suya. A pesar de lo que he dicho antes… bueno, he
cambiado de parecer. Además, mi hermano tiene muchas cosas que contarme…
-¡Fantástico!-
exclamó Sheik.
-¡Genial,
gracias!- dijo Altair entusiasmado.
-Bien,
otro más.- sonrió Witt.
-Vale,
vale, dejaos de tanto alboroto.- les intentó tranquilizar Raiden.- ¿Es que
queréis que nos maten aquí o qué?
-Venga,
vamos. -dijo Sheik.- Si Norrin se encuentra aquí, tal vez podamos arrojar algo
de luz a este turbio asunto con sus propias aclaraciones.
-No nos
dirá nada. Estoy seguro... -dijo Witt.
-Entonces
se las sonsacaremos. -murmuró Raiden, y pudieron percibir en su tono de inalterable
voz un cierto matiz de odio.
Entraron
en el edificio. Había varias patrullas de sizhs por todas partes, pero no sospecharon
nada. Eran como Raiden los había descrito: serpientes de forma humanoide con grandes
ojos amarillos. Llevaban un taparrabos con un cinto y, ceñido a él, espadas
cortas y curvas. Se movían en pequeños grupos de cuatro o cinco. El cuarteto de
héroes, minimizando el calor de sus cuerpos cubiertos con las capas de
banalidad, anduvo en silencio hasta
llegar a una puerta metálica de grandes proporciones.
-Joder,
qué asco. -murmuró Altair- Son como los Hombres Lagarto pero mucho más…
asquerosos y viscosos. Puaj.
-Vale,
haceos a un lado. -les dijo Raiden.
Witt, Sheik
y Altair se quedaron mirando a Raiden extrañados. Y éste se quitó la capa.
-¡¿Qué
ha….mmmmmmmmffffff?! -gritó Sheik, pero Altair le puso la mano en la boca.
-Shhhhhhhhhh.
Calla. -le dijo.
-Demasiado
tarde. -contestó Witt mirando a una patrulla sizh que estaba cerca de ellos.
El que
iba al frente de la patrulla alzó el puño y se paró en seco.
-¿Usted
también, jefe? Yo detecto mucho calor. -dijo uno que iba a su lado.[2]
-No te des tanto pisto. -le
respondió con un fuerte siseo el líder.-Todos
hemos oído un grito.
-Sin
duda hay humanos por aquí.
-¡Allí
están! -gritó otro, señalando a Raiden. El resto del grupo tiró sus capas de
banalidad al suelo, pues ahora ya eran inútiles.
El
líder sizh, abriendo la boca y mostrando dos largos colmillos y su lengua
bífida, gritó en lengua común[3]
con marcado siseo.
-¡Vosssssotrossssssss,
alto!
Fueron
corriendo hacia el grupo mientras sacaban sus espadas cortas, dispuestas a
despedazar a los intrusos.
-¡Altair,
Witt, Sheik, preparaos para contenerlos! -gritó Raiden.
Juntó
las dos manos y una bola de energía morada y negra empezó a aparecer entre sus
manos. Mientras tanto, Altair, Witt y Sheik lucharon contra los cinco sizhs que
formaban la patrulla. Acabaron con sus enemigos rápidamente, manchando el suelo
y las paredes de sangre. Pero empezaron a venir más patrullas de sizhs. Y les
superaban enormemente en número.
-Oh,
mierda. ¡Raiden! -gritó Witt- ¡Por el amor de Paluthena, haz algo!
-¡HAI…DO….ZEEEEEEEEEEEN!-
gritó Raiden, y extendió sus brazos hacia la puerta.
Un rayo
de energía morado y negro brotó de sus manos e impactó contra la puerta, que
estalló en mil pedazos. Los sizhs quedaron sorprendidos y el humo de la
explosión los retuvo brevemente. El grupo aprovechó para meterse en la
habitación.
-¡Cogédles!
-gritó un sizh en su lengua madre.
Raiden
se dio la vuelta y miró al grupo de serpientes humanoides fijamente. Éstas
frenaron en seco. Sus miradas se cruzaron y un instante después los sizhs
cayeron al suelo, fulminados. Raiden volvió a girarse y desapareció con sus
compañeros.
-¿Y los
sizhs?- preguntó Witt.
-Los
eliminé con la “Mirada de Penitencia”. Les hace sufrir el mismo dolor emocional
que han inflingido. En su caso, demasiado. Su cuerpo y alma no pudieron
resistirlo. -explicó Raiden.
-¿De
dónde coño ha sacado Norrin criaturas tan horribles? -se preguntó Sheik.
-Os lo
estaba contando cuando el Ángel me ha interrumpido: a pesar de que en el
Inframundo habitan numerosas criaturas de ese calibre, los sizhs son el
resultado de alteraciones genéticas entre serpientes y humanos.
-Como
los lobisomes. -dijo Altair en voz baja.
-Sí…
igual de asqueroso. -señaló Sheik.
Llegaron
a una sala con mesas metálicas y un montón de aparatos extraños. Estaba
débilmente iluminada por una lámpara de forma esférica. En el centro había una
piedra con forma de trapecio y, clavada en ella, se alzaba una espada que
irradiaba una luz tenue.
-Aquí
teneís la única, la invencible, la poderosa Espada Maestra.- presentó Raiden.
Witt y
Sheik la rodearon, admirándola. Sólo Altair se quedó un poco al margen. Raiden
le hizo una seña para se acercara.
-¿Por
qué te quedas atrás? Estás destinado a empuñar esta espada, Altair. Tu alma la
está reclamando, y esta espada ha sido hecha para ti. Cuando la cojas, podrás
sacarla de esa roca sin problemas. Y la propia espada te revelará su verdadero
nombre y su historia. A mí me pasó con Sumlars, así que a ti te pasará igual.
Vamos, cógela.
Altair
se acercó y miró la espada. La empuñadura era de color azul celeste. Era más
larga que su antigua espada, con una hoja de hierro que despedía suaves destellos.
Alargó la mano. Al tocar el mango, el Elfo se quedó petrificado. Montones de
imágenes aparecieron en su cabeza, como una película. Vio a siete figuras
estirando los brazos, brotando rayos de sus dedos que configuraron la espada
que él ahora sostenía. Vio cómo la espada caía del cielo al suelo y se
incrustaba en una roca, que adquiría esa extraña forma trapezoidal. Después vio
pasar muchas siluetas, de gente de varias Razas, luchando entre ellos por
obtener la espada. Vio cómo pueblos enteros eran destruidos, y cómo la espada
caía en el olvido. Vio cómo un grupo de Demonios la encontraba y, al no poder
sacarla de la piedra, la llevaban hasta la sala donde se encontraban ahora. Y,
cuando las imágenes cesaron, la oscuridad invadió su mente y una voz sobrenatural
resonó en su cabeza:
-Alabado
seas, Altair, hijo de los bosques de Fendor. Mi nombre es Dürandal, la Espada
Maestra, y a ti únicamente serviré.
[1] Se trata de la lengua
élfica, también llamada “Antigua Lengua”. Más concretamente, del dialecto
utilizado por los Elfos Oscuros, el “sharouken”. Llamada popularmente “Antigua
Lengua Maldita”, nadie la utiliza desde hace siglos. El por qué Raiden la
conoce, es un misterio.
[2] La lengua sizh ha sido
traducida a la lengua común para facilitar la comprensión lectora.
[3]Cada
Raza de Babylon habla su propia lengua. La lengua común es aquella que se
desarrolló en los primeros tiempos para que las Razas se pudiesen comunicar
unas con otras.
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