domingo, 15 de enero de 2012

V. Vendetta



¡Buenas tardes, Londres!


Permitid que, primero, me disculpe por la interrupción. Yo, como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mí me gusta tanto como a vosotros. Pero con el espíritu de conmemorar los importantes acontecimientos del pasado (normalmente asociados con la muerte de alguien o el fin de alguna terrible y sangrienta batalla y que se celebran con una fiesta nacional) he pensado que podríamos celebrar este 5 de Noviembre (un día que, lamentablemente, ya nadie recuerda) tomándonos cinco minutos de nuestra ajetreada vida para sentarnos y charlar un poco. 
Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos. Sospecho que, en este momento, estarán dando órdenes por teléfono y que hombres armados ya vienen de camino. ¿Por qué? Porque mientras pueda utilizarse la fuerza, ¿para qué el diálogo?  Sin embargo, las palabras siempre conservarán su poder. Las palabras hacen posible que algo tome significado. Y si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es, que en este país, algo va muy mal. ¿No? 
Crueldad e injusticia. Intolerancia y opresión. Antes teníais libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensábais. Ahora tenéis censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos. 
¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el culpable? Bueno, ciertamente unos son más responsables que otros, y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros al espejo. Sé por qué lo hicisteis. Sé que teníais miedo. ¿Y quién no? ¿Guerras, terror, enfermedades? Había una plaga de problemas que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos el sentido común. El temor pudo con vosotros, y presas del pánico acudisteis al actual líder, Adam Sandler. Os prometió orden, os prometió paz, y todo lo que os pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión.
Anoche intenté poner fin a ese silencio. Anoche destruí el Old Bailey para recordar a este país lo que ha olvidado: hace más de cuatrocientos años, un gran ciudadano deseó que el 5 de Noviembre quedase grabado en nuestra memoria. Su esperanza era hacer recordar al mundo que "justicia", "igualdad" y "libertad" son algo más que palabras: son metas alcanzables.
Así que si no abrís los ojos... si seguís ajenos a los crímenes de este Gobierno, entonces os sugiero que permitáis que el 5 de Noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo que yo veo... si sentís lo que yo siento... y si perseguís lo que yo persigo, entonces, os pido que os unáis a mí dentro de un año ante las puertas del Parlamento. Y juntos les haremos vivir un 5 de Noviembre que jamás, jamás nadie olvidará.


¡Voilà! A primera vista, un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino, este "visage" ya no más velo de vanidad es un vestigio de la vox populi, ahora vacua, desvanecida. Sin embargo, esta valerosa visión de una extinta vejación se siente redivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que vela por los violentos viciosos y por la violación de la voluntad. El único veredicto es venganza, vendetta, como voto y no en vano, pues la valía y veracidad de ésta un día vindicará al vigilante y al virtuoso.
   

La verdad, esta vichysoisse de verborrea se está volviendo muy verbosa. Así que sólo añadiré que es un verdadero placer conocerte y que puedes llamarme "V".


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