sábado, 19 de noviembre de 2011

Oración


IGLESIA:
En nombre de la única religión,
dictamos sentencia y te condenamos
a la piadosa purificación
del fuego y del dolor.
En manos de Dios tú debes poner
tu alma, tu hacienda y todos tus pecados,
acepta a Cristo y encomiéndate,
pues pronto darás cuentas a Él.
Reniega de Satán, de sus obras y sus vicios,
de la nigromancia, de la magia, del tarot.
Yo soy la virtud de la Iglesia y sus principios,
si no te arrepientes tu alma se condenará.
Antes de morir y que el fuego haga su oficio,
aceptáis a Cristo, a la Iglesia y su poder.
Renunciáis al Dios que ama la naturaleza,
Gaia, sólo madre del pecado y del terror.

NEO-PAGANO:
Padre nuestro, de todos nosotros,
de los pobres, de los sin techo,
de los marginados y de los desprotegidos,
de los desheredados y de los dueños de la miseria,
de los que te siguen y de los que en ti... ya no creemos.
Baja de los cielos, pues aquí está el Infierno.
Baja de tu trono, pues aquí hay guerras, hambre, injusticias.
No hace falta que seas uno y tres,
con uno solo que tenga ganas de ayudar nos bastaría.
¿Cuál es tu reino?
¿El Vaticano?
¿La Banca?
¿La alta política?
Nuestro reino es Nigeria, Etiopía,
Colombia, Hiroshima.
El pan nuestro de cada día son las violaciones,
la violencia de género, la pederastia, las dictaduras,
el cambio climático.
En la tentación caigo a diario:
no hay mañana en la que no esté tentado
de crear a un Dios humilde, justo,
un Dios que esté en la Tierra, en los valles, los ríos.
Un Dios que viva en la lluvia, que viaje a través del viento,
y acaricie nuestra alma.
Un Dios de los tristes, de los homosexuales,
un Dios más humano.
Un Dios que no castigue, que enseñe.
Un Dios que no amenace, que proteja.
Que si me caigo, me levante.
Que si me pierdo, me tienda su mano.
Un Dios que si yerro no me culpe, y que si dudo
me entienda, pues para eso me dotó de inteligencia:
para dudar de todo.
Padre nuestro, de todos nosotros,
¿por qué nos has olvidado?
Padre nuestro, ciego, sordo y despreocupado,
¿por qué nos has abandonado?






Fragmentos de La Cantata del Diablo, de Mägo de Oz

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